Resultados a pesar de la política: lo que las Fuerzas Militares lograron entre gobiernos que no se pusieron de acuerdo

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Cada 20 de julio, Colombia conmemora el inicio de su vida republicana y reconoce a quienes hacen posible que la Nación preserve su soberanía, su institucionalidad y la seguridad de sus comunidades. Este artículo reúne los principales logros operacionales, humanitarios, ambientales y de transformación institucional alcanzados por las Fuerzas Militares entre el 2020 y julio de 2026.

Las Fuerzas Militares de Colombia llegan a una nueva conmemoración del 20 de julio con un balance marcado por importantes resultados operacionales en la lucha contra los grupos armados, el narcotráfico y otras economías ilegales, así como por avances en el fortalecimiento de sus capacidades de despliegue y protección del territorio entre 2020 y 2026.

Al mismo tiempo, en los últimos años se ha evidenciado que varios de los principales desafíos de la institución, como la modernización de equipos, el fortalecimiento tecnológico y la renovación de capacidades estratégicas, no corresponden a un solo gobierno, sino a necesidades que se han acumulado durante distintas administraciones y que, por diferentes motivos, no han sido atendidas.

Fuerzas Armadas - Resultados entre 2020 y 2026
Fuerzas Armadas – Resultados entre 2020 y 2026

Resultados de las Fuerzas Militares en los últimos seis años

Entre 2020 y 2026 las Fuerzas Militares desarrollaron operaciones que marcaron la política de seguridad del país. En este periodo se destacan la Operación Esperanza, el despliegue de la Operación Perseo para recuperar el Cañón del Micay, la captura y neutralización de integrantes de organizaciones armadas ilegales, el fortalecimiento del control territorial y los resultados en la lucha contra el narcotráfico mediante incautaciones e interdicciones.

En estos años se han evidenciado avances en la reorganización del mando operacional, la creación de nuevas capacidades de despliegue, el fortalecimiento de la presencia militar en diferentes regiones y la ejecución del Plan Democracia para garantizar la seguridad durante las elecciones de 2026. Estas acciones fueron desarrolladas bajo distintos comandantes generales y muestran la continuidad del trabajo institucional de las Fuerzas Militares.

General Luis Fernando Navarro

La gestión del general Luis Fernando Navarro estuvo marcada por la continuidad de las operaciones estratégicas contra las principales estructuras criminales del país. Durante este período se desarrollaron operaciones que permitieron afectar a objetivos de alto valor como alias «Uriel», «Caín», «Fabián», «Flechas», «Mayimbú» y, especialmente, la captura de alias «Otoniel», considerada uno de los golpes más relevantes contra el Clan del Golfo. Estos resultados fueron posibles gracias a la articulación entre Fuerzas Militares, Policía, Fiscalía e inteligencia.

Los resultados operacionales también reflejan una alta capacidad de interdicción durante los años finales de su administración. En 2020 fueron incautadas 505,7 toneladas de cocaína y en 2021 la cifra aumentó a 669,3 toneladas, junto con la destrucción de 5.779 infraestructuras dedicadas al narcotráfico y 359 sometimientos.

General Helder Giraldo

Helder Giraldo operó bajo el escenario estratégico más complejo del período analizado. Su gestión coincidió con la implementación de la política de «Paz Total», caracterizada por múltiples ceses al fuego decretados por el Gobierno Nacional frente a diversas estructuras armadas organizadas, lo que impuso importantes restricciones al empleo de la fuerza, limitó la iniciativa operacional y redujo significativamente las posibilidades de desarrollar operaciones ofensivas de la intensidad observada en otros períodos.

En consecuencia, la disminución de operaciones ofensivas registrada durante 2023 no puede interpretarse como una menor gestión del Comando General, sino como el efecto directo de unas decisiones de política pública que condicionaron el accionar militar. Evaluar su administración sin incorporar ese contexto conduce a una comparación incompleta y metodológicamente injusta.

A pesar de esas limitaciones, el General Giraldo preservó la estructura operacional conjunta de las Fuerzas Militares, mantuvo los cinco Comandos Conjuntos creando el No 5 y conservó las capacidades estratégicas necesarias para responder cuando las condiciones lo permitieron. Durante su gestión se alcanzaron cerca de 29.000 neutralizaciones, se destruyeron más de 300 laboratorios para el procesamiento de cocaína, se afectaron más de 940 toneladas de cocaína y, pocos días antes de entregar el mando, fueron neutralizados alias «Hermes» y alias «Fito», dos objetivos de alto valor estratégico. Igualmente, su administración no estuvo marcada por escándalos institucionales de derechos humanos atribuibles directamente al Comando General.

Desde una perspectiva estratégica, puede afirmarse que fue el Comandante que enfrentó el mayor grado de restricciones políticas y operacionales de todo el período analizado. Es razonable concluir que, de haber contado con la libertad operacional que existió antes de la implementación de la «Paz Total» o que posteriormente comenzó a recuperarse con el levantamiento de varios ceses al fuego, los resultados militares habrían sido aún más contundentes.

La comparación entre comandantes debe realizarse considerando las reglas de empleo de la fuerza vigentes durante cada administración. Mientras unos ejercieron el mando con plena iniciativa operacional y otros lo hicieron cuando varios ceses al fuego ya habían sido suspendidos, el General Helder Giraldo tuvo que conducir las Fuerzas Militares precisamente durante el período de mayores restricciones derivadas de la política de «Paz Total». Por ello, sus resultados deben valorarse a la luz de ese contexto.

Más que medir su gestión únicamente por el número de operaciones autorizadas, debe reconocerse su capacidad para mantener la cohesión institucional, preservar la arquitectura conjunta de las Fuerzas Militares, sostener un importante ritmo operacional dentro de las limitaciones existentes y conservar las capacidades estratégicas del Estado.

De igual manera, también resulta pertinente señalar que los comandantes que lo sucedieron comenzaron a ejercer el mando cuando varios ceses al fuego habían sido suspendidos, recuperándose progresivamente la libertad de acción militar. Paradójicamente, en ese escenario también se adoptaron decisiones de reorganización institucional, como el desmonte de los Comandos Conjuntos y de las Fuerzas de Tarea Conjunta, capacidades que habían demostrado durante años ser fundamentales para la conducción de operaciones conjuntas y que el General Giraldo había preservado durante toda su administración. Esa diferencia de contexto debe ser considerada para que la comparación sea realmente objetiva, equilibrada y estratégicamente rigurosa.

Almirante Francisco Cubides

La administración del almirante Francisco Cubides estuvo enfocada en fortalecer el control territorial, incrementar la capacidad de interdicción y avanzar en la transformación del modelo de mando de las Fuerzas Militares. Durante 2024 se puso en marcha la Operación Perseo para recuperar la presencia institucional en El Plateado y el Cañón del Micay mediante una estrategia que integró acciones de seguridad, atención humanitaria, conectividad y presencia estatal.

Los indicadores operacionales alcanzaron los registros más altos. En 2025 se incautaron 984,9 toneladas de cocaína, se destruyeron 5.584 infraestructuras relacionadas con el narcotráfico y se intervinieron 6.134 minas ilegales. Paralelamente, el Ejército activó 12 Fuerzas de Despliegue Rápido para fortalecer la movilidad y la respuesta territorial. Esta es la administración de mayor volumen cuantitativo de interdicción y transformación del despliegue operacional entre 2020 y 2026.

General Hugo Alejandro López Barreto

El general Hugo Alejandro López Barreto se encuentra aún trabajando para el gobierno nacional. Sus prioridades han sido la protección del proceso electoral, el fortalecimiento de la seguridad fronteriza, el despliegue territorial y la cooperación internacional, bajo la coordinación del Ministerio de Defensa y el Comando General de las Fuerzas Militares.

Entre las acciones destacadas figuran el Plan Democracia, con el despliegue de 408.000 integrantes de la Fuerza Pública para garantizar las elecciones; el refuerzo de más de 900 uniformados en Huila y Tolima; el Plan Frontera; las operaciones en el Catatumbo contra estructuras del ELN; la incorporación de nuevas embarcaciones para la Armada y diversos resultados regionales durante el primer semestre de 2026.

Los desafíos van más allá de un solo gobierno

Aunque los resultados operacionales reflejan la capacidad de respuesta de las Fuerzas Militares, el panorama también deja en evidencia retos que permanecen abiertos desde hace más de una década. Entre ellos figuran la renovación de aeronaves de combate, la incorporación de nuevas tecnologías de vigilancia, el fortalecimiento de los sistemas de inteligencia y el desarrollo de capacidades para enfrentar amenazas emergentes.

Varias de estas necesidades ya eran identificadas años atrás y requerían decisiones de largo plazo para evitar que las brechas tecnológicas e institucionales se profundizaran. El balance muestra que estos procesos de modernización no dependen exclusivamente de una administración, sino de políticas sostenidas que trasciendan los cambios de gobierno y garanticen la continuidad del fortalecimiento de la Fuerza Pública.

Durante este periodo, otro de los retos para la institución fue mantener su misión constitucional en medio de escenarios políticos diversos. A pesar de los cambios de orientación en el Gobierno Nacional, las Fuerzas Militares continuaron desarrollando operaciones de seguridad, protección territorial y apoyo a la población civil, manteniendo su función como una institución permanente del Estado.

Así las cosas, los resultados alcanzados en operaciones militares evidencian un fuerte contraste con los desafíos que aún enfrenta la institución en materia de modernización, dotación y fortalecimiento estratégico. De cara a los próximos años, el balance evidencia que mantener la capacidad operativa de las Fuerzas Militares dependerá tanto de la continuidad de sus resultados en el terreno como de decisiones de Estado que permitan responder a esas necesidades que han sido identificadas desde hace varios gobiernos.

El Ejército Nacional, la Armada de Colombia y la Fuerza Aeroespacial Colombiana representan una tradición que une pasado y futuro: la defensa de la soberanía, el respeto por la institucionalidad y la protección de la población. Su mayor fortaleza reside en las personas que portan el uniforme y en las familias que acompañan su misión. Que la conmemoración de los 216 años de Independencia sea también una expresión de gratitud nacional: honor a quienes sirven, reconocimiento a quienes protegen y confianza en unas Fuerzas Militares cada vez más conjuntas, modernas y cercanas a los colombianos

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