miércoles, febrero 1, 2023
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    Soberanía y desarrollo


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    Por: Jaime Acosta Puertas

    Hay algo disfuncional en la planeación del desarrollo de Colombia. Los planes de gobierno son para cuatro años, aunque en la realidad son para tres porque un año se demora el proceso de diseño y aprobación. Si bien su vigencia puede extenderse un año más, porque el gobierno entrante debe ejecutar en su primer año lo que determine el gobierno saliente, lo que cuenta es si el nuevo gobierno es aliado u opositor del presidente saliente.

    Si es aliado puede haber una relativa continuidad, si es opositor, en los últimos meses entre las elecciones y la posesión del nuevo presidente, hará todas las marrullas normativas, presupuestales y burocráticas para dejar el estado en la línea del gobierno saliente, como ocurrió con la indeseable administración de Duque.

    Cuatro años es poco tiempo cuando las necesidades de cambios estructurales son tan grandes y complejas. Ha sucedido con otros gobiernos reformadores, como los de López Pumarejo y Lleras Restrepo. O puede haber continuidad si sucede un cambio constitucional, como ocurrió en el gobierno de César Gaviria, que trajo un neoliberalismo atrasado, salvaje y genuflexo, para ello hizo en seis meses una nueva constitución con la cual todo se volvió mercado: la política, la economía, la sociedad, el estado, las iglesias, el conocimiento, la vida, el amor, la guerra y la muerte.

    El gobierno de Gustavo Petro ya presentó las bases del plan nacional de desarrollo 2022 – 2026 a una instancia intrascendente como el Consejo Nacional de Planeación (CNP), mientras el gobierno continúa escuchando las necesidades y aspiraciones de 52 territorios para incluirlas en el plan nacional. Entonces, es de suponer que el CNP recogerá todo, y lo pondrá en un documento que entregará al Departamento Nacional de Planeación (DNP) a mediados de enero de 2023.

    A partir de ahí, el gobierno nacional tiene menos de un mes para entregar una versión definitiva al Congreso de la República, que en tres meses la aprobará.

    DEL MISMO AUTOR: Corrupción en las puertas de las facultades de medicina

    En este momento, comienzos de diciembre, mientras el gobierno continúa escuchando a los territorios, al mismo tiempo los ministerios están concentrados en consolidar lo que será su política o plan sectorial, los cuales harán parte del texto que entregue el gobierno al Congreso de la República. A mi juicio, los ejercicios de consulta a las regiones son para intentar sintonizar al centro con los territorios. Sin embargo, si no hay una rigurosa focalización estratégica muy bien guiada, miles de ideas desaparecerán, y solo quedarán las que pasen el filtro de los tecnócratas del nivel central, porque los recursos son escasos, el tiempo del gobierno también, y no hay sincronización entre los períodos de los alcaldes y gobernadores con el periodo presidencial. Se podría decir que los gobiernos regionales trabajan con dos planes de desarrollo. Dos años con el plan de desarrollo del gobierno que se fue y dos con el plan del gobierno que llega. Absurdo. Imposible una buena planeación.

    Una política de desarrollo regional para el desarrollo nacional debe sustentarse en las autonomías territoriales y en una visión de soberanía nacional. De las dos carece el estado colombiano. Las agencias estatales de los Estados Unidos se la pasan en Colombia en conversaciones con el gobierno colombiano y de las cuales poco o nada se sabe. Adicionalmente, en ningún sector estratégico de interés nacional, Colombia es soberano dada la elevada dependencia científica, tecnológica y productiva. Incluso, la soberanía es relativa en alimentos y energía porque la mayoría de insumos y de bienes de capital sin importados.

    La descentralización, por definición, no puede jamás asimilarse a la autonomía territorial, por más que el estado central escuche y atienda con la mejor intención. Unas reformas tributarias regionales, como las que propone el ministro Ocampo, aumentaría los recursos propios de los territorios para la construcción de sendas de desarrollo endógeno.

    Con más recursos propios es de esperar que la fiscalización territorial de los recursos públicos, y sus alianzas con los privados, sería la manera de zafarse del corrupto e incompetente sistema político tradicional, y de la corrupción nacional donde lo público y lo privado, bajo el mercado, administran los dineros públicos de los cuales se roban una porción gigantesca del presupuesto de la nación incluidos los dineros para los territorios.

    La descentralización jamás podrá captar, sistematizar, reordenar y ordenar de manera óptima las singulares y cambiantes dinámicas regionales. El rezago de las periferias y su desconexión con los territorios de mediano y mayor desarrollo es enorme porque los vectores de comunicación son entre cada territorio y la nación y no entre territorios y la nación. Los corredores regionales, las regiones interdepartamentales o entre territorios afines (Pacífico, p.e.), la configuración de subregiones al interior de los departamentos o entre departamentos, las ciudades, distritos, polos de conocimiento, de la inteligencia, de la innovación y de la creatividad, son imágenes de otros países y que se han tratado de replicar, con resultados decepcionantes, salvo excepciones que sobran en los dedos de una mano. La razón, el centralismo, la desindustrialización, y el atraso correlacionado entre conocimiento, investigación, producción y desconexión cultural.

    Con el plan nacional de desarrollo, lo que más debe esperar el país son las políticas sectoriales e intersectoriales que pronto estarán listas, las cuales se construirán como grandes misiones de desarrollo, porque los esquemas sectoriales están superados por la complejidad de los sistemas que conforman el funcionamiento del estado con las empresas a través de las políticas de reestructuración productiva, minas y energía, agricultura, movilidad, salud, defensa, ríos y océanos, ciencia y tecnología y educación, más medio ambiente, hacienda y planeación. De esta manera se estructurará un mega sistema nacional de gran complejidad articulado por una serie de sistemas complejos sectoriales – intersectoriales. Así funciona la sociedad, la economía, la inteligencia y el estado en el siglo XXI.

    Los planes sectoriales y su articulación, es la única verdad de lo que hará el presidente Petro y su equipo de gobierno, lo demás son estúpidas difamaciones de los opositores y de aquellos medios dedicados a confundir y paralizar al país.

    Las columnas de opinión de Jaime Acosta Puertas son tomadas de www.confidencialcolombia.com

    @acostajaime

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    Hay algo disfuncional en la planeación del desarrollo de Colombia. Los planes de gobierno son para cuatro años, aunque en la realidad son para tres porque un año se demora el proceso de diseño y aprobación. Si bien su vigencia puede extenderse un año más, porque el gobierno entrante debe ejecutar en su primer año lo que determine el gobierno saliente, lo que cuenta es si el nuevo gobierno es aliado u opositor del presidente saliente.

    Si es aliado puede haber una relativa continuidad, si es opositor, en los últimos meses entre las elecciones y la posesión del nuevo presidente, hará todas las marrullas normativas, presupuestales y burocráticas para dejar el estado en la línea del gobierno saliente, como ocurrió con la indeseable administración de Duque.

    Cuatro años es poco tiempo cuando las necesidades de cambios estructurales son tan grandes y complejas. Ha sucedido con otros gobiernos reformadores, como los de López Pumarejo y Lleras Restrepo. O puede haber continuidad si sucede un cambio constitucional, como ocurrió en el gobierno de César Gaviria, que trajo un neoliberalismo atrasado, salvaje y genuflexo, para ello hizo en seis meses una nueva constitución con la cual todo se volvió mercado: la política, la economía, la sociedad, el estado, las iglesias, el conocimiento, la vida, el amor, la guerra y la muerte.

    El gobierno de Gustavo Petro ya presentó las bases del plan nacional de desarrollo 2022 – 2026 a una instancia intrascendente como el Consejo Nacional de Planeación (CNP), mientras el gobierno continúa escuchando las necesidades y aspiraciones de 52 territorios para incluirlas en el plan nacional. Entonces, es de suponer que el CNP recogerá todo, y lo pondrá en un documento que entregará al Departamento Nacional de Planeación (DNP) a mediados de enero de 2023.

    A partir de ahí, el gobierno nacional tiene menos de un mes para entregar una versión definitiva al Congreso de la República, que en tres meses la aprobará.

    DEL MISMO AUTOR: Corrupción en las puertas de las facultades de medicina

    En este momento, comienzos de diciembre, mientras el gobierno continúa escuchando a los territorios, al mismo tiempo los ministerios están concentrados en consolidar lo que será su política o plan sectorial, los cuales harán parte del texto que entregue el gobierno al Congreso de la República. A mi juicio, los ejercicios de consulta a las regiones son para intentar sintonizar al centro con los territorios. Sin embargo, si no hay una rigurosa focalización estratégica muy bien guiada, miles de ideas desaparecerán, y solo quedarán las que pasen el filtro de los tecnócratas del nivel central, porque los recursos son escasos, el tiempo del gobierno también, y no hay sincronización entre los períodos de los alcaldes y gobernadores con el periodo presidencial. Se podría decir que los gobiernos regionales trabajan con dos planes de desarrollo. Dos años con el plan de desarrollo del gobierno que se fue y dos con el plan del gobierno que llega. Absurdo. Imposible una buena planeación.

    Una política de desarrollo regional para el desarrollo nacional debe sustentarse en las autonomías territoriales y en una visión de soberanía nacional. De las dos carece el estado colombiano. Las agencias estatales de los Estados Unidos se la pasan en Colombia en conversaciones con el gobierno colombiano y de las cuales poco o nada se sabe. Adicionalmente, en ningún sector estratégico de interés nacional, Colombia es soberano dada la elevada dependencia científica, tecnológica y productiva. Incluso, la soberanía es relativa en alimentos y energía porque la mayoría de insumos y de bienes de capital sin importados.

    La descentralización, por definición, no puede jamás asimilarse a la autonomía territorial, por más que el estado central escuche y atienda con la mejor intención. Unas reformas tributarias regionales, como las que propone el ministro Ocampo, aumentaría los recursos propios de los territorios para la construcción de sendas de desarrollo endógeno.

    Con más recursos propios es de esperar que la fiscalización territorial de los recursos públicos, y sus alianzas con los privados, sería la manera de zafarse del corrupto e incompetente sistema político tradicional, y de la corrupción nacional donde lo público y lo privado, bajo el mercado, administran los dineros públicos de los cuales se roban una porción gigantesca del presupuesto de la nación incluidos los dineros para los territorios.

    La descentralización jamás podrá captar, sistematizar, reordenar y ordenar de manera óptima las singulares y cambiantes dinámicas regionales. El rezago de las periferias y su desconexión con los territorios de mediano y mayor desarrollo es enorme porque los vectores de comunicación son entre cada territorio y la nación y no entre territorios y la nación. Los corredores regionales, las regiones interdepartamentales o entre territorios afines (Pacífico, p.e.), la configuración de subregiones al interior de los departamentos o entre departamentos, las ciudades, distritos, polos de conocimiento, de la inteligencia, de la innovación y de la creatividad, son imágenes de otros países y que se han tratado de replicar, con resultados decepcionantes, salvo excepciones que sobran en los dedos de una mano. La razón, el centralismo, la desindustrialización, y el atraso correlacionado entre conocimiento, investigación, producción y desconexión cultural.

    Con el plan nacional de desarrollo, lo que más debe esperar el país son las políticas sectoriales e intersectoriales que pronto estarán listas, las cuales se construirán como grandes misiones de desarrollo, porque los esquemas sectoriales están superados por la complejidad de los sistemas que conforman el funcionamiento del estado con las empresas a través de las políticas de reestructuración productiva, minas y energía, agricultura, movilidad, salud, defensa, ríos y océanos, ciencia y tecnología y educación, más medio ambiente, hacienda y planeación. De esta manera se estructurará un mega sistema nacional de gran complejidad articulado por una serie de sistemas complejos sectoriales – intersectoriales. Así funciona la sociedad, la economía, la inteligencia y el estado en el siglo XXI.

    Los planes sectoriales y su articulación, es la única verdad de lo que hará el presidente Petro y su equipo de gobierno, lo demás son estúpidas difamaciones de los opositores y de aquellos medios dedicados a confundir y paralizar al país.

    Las columnas de opinión de Jaime Acosta Puertas son tomadas de www.confidencialcolombia.com

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