domingo, septiembre 25, 2022
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    ¿Son los colombianos realmente inteligentes para votar?

    EDITORIAL

    Los políticos conocen muy bien el publico al cual se dirigen, por eso siempre adecuan el discurso y lo convierten en una válvula que activa emociones y sentimientos. Ha sido recurrente la queja de los electores a quien eligieron luego de la elección, critican y rechazan su gestión, y por lo general siempre dicen estar decepcionados.


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    Se podría decir que todo lo que tenemos hoy en el mundo, y especialmente en Colombia es utópico. Lo ideal poco o nunca se cumple, las personas van por su camino buscando progresar individualmente al costo que sea. Algunos han afirmado que la sociedad no avanza por el egoísmo, la cultura del atajo, la ambición y desde luego la ilegalidad, parece que tienen mucha razón, pues Colombia ha decidido convivir con las anteriores variables durante más de 50 años. En la democracia, un modelo que aparentemente es el más justo, equitativo y razonable, a veces se cometen muchos errores, y dejan peores consecuencias que las satanizadas dictaduras o autocracias.

    Cuando se le pregunta a un ciudadano del común si está contento con su mandatario local o nacional, y además de eso aprueba su gestión, son pocas las personas que en todo un marco de sinceridad y objetividad dicen que sí. Por supuesto, ningún gobierno es perfecto, pero en teoría uno de los principios de la democracia es que todos tengan igualdad en el voto y lo depositen con plena confianza y sus convicciones e ideales intactos, pero eso en nuestro país no pasa. Se quejan de los políticos por corruptos, clientelistas y burócratas, pero son quienes llegan con una hoja de vida debajo del brazo a donde ellos para ofrecerles apoyo a cambio de un puesto para un familiar. Luego entonces, no les importa lo que haga ese político, pues les está cumpliendo un acuerdo.

    Ahora que el país afronta una elección presidencial de tan alta importancia, vale la pena analizar el comportamiento de los electores y la situación en que ejercen el voto. Por lo general los colombianos no leen más de dos libros al año, prefieren las noticias habladas o videos, optan por los resúmenes o por lo que escuchan, formarse su propia opinión no es tan prioritario, como si sumarse a lo que la mayoría aparentemente piensa. El tal caso, es extraño encontrar que los electores lean las hojas de vida de quienes se postulan a la primera magistratura de la nación, que contrasten si lo que dicen en esas presentaciones es cierto, y que mas allá, evalúen si el candidato es apto, está preparado o no para enfrentar una responsabilidad tan magna.

    Cuando se le pregunta al colombiano del común por sus preocupaciones de la vida diaria, muchos coinciden en mencionar la seguridad, empleo, salud y economía en general, pero cuando pasa la hora del reproche y la crítica, esos mismos no acuden a examinar las propuestas para cada tema de todos los candidatos. Hoy Colombia ha demostrado que es un país en donde se vota por el que diga X; para derrotar a Y; porque B es mas simpático o por cualquier otro motivo alejado completamente de la razón. Que el voto en Colombia sea reconocido abiertamente como emocional es nocivo para una democracia, para la confianza en las instituciones y para el desempeño en general de un Estado. Si las personas votaran más informadas, con algunas propuestas claras y con sus convicciones intactas, sería un aporte gigante para escoger buenos candidatos y luego no arrepentirse durante varios años.

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    Los políticos conocen muy bien el publico al cual se dirigen, por eso siempre adecuan el discurso y lo convierten en una válvula que activa emociones y sentimientos. Ha sido recurrente la queja de los electores a quien eligieron luego de la elección, critican y rechazan su gestión, y por lo general siempre dicen estar decepcionados.


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    Se podría decir que todo lo que tenemos hoy en el mundo, y especialmente en Colombia es utópico. Lo ideal poco o nunca se cumple, las personas van por su camino buscando progresar individualmente al costo que sea. Algunos han afirmado que la sociedad no avanza por el egoísmo, la cultura del atajo, la ambición y desde luego la ilegalidad, parece que tienen mucha razón, pues Colombia ha decidido convivir con las anteriores variables durante más de 50 años. En la democracia, un modelo que aparentemente es el más justo, equitativo y razonable, a veces se cometen muchos errores, y dejan peores consecuencias que las satanizadas dictaduras o autocracias.

    Cuando se le pregunta a un ciudadano del común si está contento con su mandatario local o nacional, y además de eso aprueba su gestión, son pocas las personas que en todo un marco de sinceridad y objetividad dicen que sí. Por supuesto, ningún gobierno es perfecto, pero en teoría uno de los principios de la democracia es que todos tengan igualdad en el voto y lo depositen con plena confianza y sus convicciones e ideales intactos, pero eso en nuestro país no pasa. Se quejan de los políticos por corruptos, clientelistas y burócratas, pero son quienes llegan con una hoja de vida debajo del brazo a donde ellos para ofrecerles apoyo a cambio de un puesto para un familiar. Luego entonces, no les importa lo que haga ese político, pues les está cumpliendo un acuerdo.

    Ahora que el país afronta una elección presidencial de tan alta importancia, vale la pena analizar el comportamiento de los electores y la situación en que ejercen el voto. Por lo general los colombianos no leen más de dos libros al año, prefieren las noticias habladas o videos, optan por los resúmenes o por lo que escuchan, formarse su propia opinión no es tan prioritario, como si sumarse a lo que la mayoría aparentemente piensa. El tal caso, es extraño encontrar que los electores lean las hojas de vida de quienes se postulan a la primera magistratura de la nación, que contrasten si lo que dicen en esas presentaciones es cierto, y que mas allá, evalúen si el candidato es apto, está preparado o no para enfrentar una responsabilidad tan magna.

    Cuando se le pregunta al colombiano del común por sus preocupaciones de la vida diaria, muchos coinciden en mencionar la seguridad, empleo, salud y economía en general, pero cuando pasa la hora del reproche y la crítica, esos mismos no acuden a examinar las propuestas para cada tema de todos los candidatos. Hoy Colombia ha demostrado que es un país en donde se vota por el que diga X; para derrotar a Y; porque B es mas simpático o por cualquier otro motivo alejado completamente de la razón. Que el voto en Colombia sea reconocido abiertamente como emocional es nocivo para una democracia, para la confianza en las instituciones y para el desempeño en general de un Estado. Si las personas votaran más informadas, con algunas propuestas claras y con sus convicciones intactas, sería un aporte gigante para escoger buenos candidatos y luego no arrepentirse durante varios años.

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