El sur del Atlántico

POR: CECILIA LÓPEZ MONTAÑO


Increíble, pero el Canal del Dique sigue siendo una amenaza permanente para los habitantes del Sur del Atlántico. En 2011 y 2012, La Niña produjo una verdadera tragedia en esas poblaciones de Santa Lucia, Candelaria y los otros pequeños municipios de esta parte del departamento. Todo el mundo anuncia que ha realizado obras y que esta tragedia se ha solucionado, pero no es verdad: de nuevo existe la amenaza de que una nueva Niña afectará con inundaciones estos municipios con pérdidas enormes. Es el Fondo Adaptación, según muchos, el responsable de la lentitud de las obras en el Canal del Dique que llevarían a una nueva tragedia.

Pero, ¿qué pasa con aquellos que el pueblo elige para que defienda sus intereses dentro del Estado?, es la pregunta del millón. Quienes hemos analizado la situación de estos municipios del Sur recientemente, y los hemos comparado con otros del departamento –como Baranoa, Galapa, Usiacurí–, encontramos diferencias inmensas entre la calidad de vida de estas poblaciones. Aunque se han realizado programas que incluyen el Sur del Atlántico, existen grandes brechas en la capacidad de esta población de beneficiarse de ellos si se compara con la de otros más cercanos a Barranquilla. Sin duda, algo sucede y tendrá que ver con su grado de menor desarrollo.

Está bien llamar la atención del Fondo Adaptación, pero hay temas más de fondo. Los gobernadores, de manera intermitente, han buscado soluciones para integrar más estos sectores, pero hay barreras que impiden que se evidencien cambios lo suficientemente definitivos, de manera que estos municipios se recuperen totalmente del costo de sus crisis.

Antes de que llegue nuevamente La Nina en toda su plenitud, es fundamental que los padres de la Patria se apersonen de este problema en el Congreso de la República. De esta manera se aceleraría el trabajo del Fondo Adaptación, además de lograr un mayor apoyo a las autoridades locales para que se evite una nueva inundación.

¿No será que los gamonales políticos no consiguen votos en estos municipios? ¿O no son lo suficientemente numerosos para que valga la pena luchar por sus problemas? ¿Será que a las autoridades locales les falta decisión o apoyo para multiplicar el efecto de lo mucho o lo poco que se hace por estas poblaciones? Independientemente de las razones que expliquen la repetición permanente de la tragedia del Sur del Atlántico, lo fundamental es que Departamento, municipios y el gobierno central, actúen para que no se repita el drama de los años anteriores. No puede ser que cuando llueve o no llueve, los habitantes del Sur del Atlántico ven frenadas sus posibilidades de mejorar de verdad y de forma sostenible, sus actuales condiciones de vida.