domingo, agosto 14, 2022
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    Tiempos y destiempos

    Por: Juan Camilo Restrepo

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    El Gobierno habría preferido que los tiempos de la votación del plebiscito no hubieran coincidido con los de la reforma tributaria. Pero van a superponerse casi forzosamente.

    Los acuerdos de La Habana no estarán concluidos y ratificados antes del último trimestre del año. Y la reforma- que debe aprobarse este año- no alcanzará a estar presentada, y mucho menos discutida y aprobada por el Congreso sin pupitrazos (como lo ofreció el Presidente Santos en la Asamblea de la Andi), antes del trimestre octubre-diciembre de 2016.

    La reforma tributaria llega pues a destiempo. Es una lástima. Esto se debe a un grave error de cálculo que cometió el Ministerio de Hacienda: la  reforma estructural debió presentarse en 2014. Pero no se hizo así. Se prefirió tramitar entonces una reforma menor y antitécnica, que lo que hizo fue elevar las tasas impositivas de las empresas a niveles prohibitivos.

    A la reforma tributaria estructural -cuando ya se conocía de sobra la caída de los precios del petróleo- se prefirió darle largas. Ahora el Gobierno está contra la pared de los tiempos políticos de la paz. Y va a tener que servirle a la ciudadanía el mal coctel de plebiscito y reforma tributaria simultáneamente.

    Aún no se conocen las cartas tributarias que jugará el Gobierno. No las ha revelado. Pero si nos atenemos a las recomendaciones que ha recibido (comisión de expertos, BID, FMI, Ocde) los ingredientes de la próxima reforma serán los siguientes: menores tasas corporativas, mayores tarifas para  personas naturales, más IVA, tributación a los dividendos, control a los abusos de algunas entidades sin ánimo de lucro, reforma a la tributación de las entidades territoriales cuyas finanzas están en crisis y hace más de treinta años que no se ponen al día, y una reingeniería de la A a la Z en la Dian para controlar de mejor manera los altísimos índices de evasión que, según la misión de expertos, tanto en renta como en IVA, ya llegan al pasmoso 40%.

    Todos estos temas son políticamente difíciles de digerir. Y mucho menos si su discusión se superpone con el plebiscito  sobre el Sí o el No de los acuerdos de La Habana. Pero los tiempos de la paz y los destiempos de la reforma tributaria llevan, infortunadamente, a que coincidan unos con otros.

    ¿Por qué debe tramitarse la reforma tributaria en el último trimestre de este año? Porque de no ser así no podría recaudarse en 2017 sino en 2018, cuando ya sería muy tarde, dada la gravedad de la situación fiscal y la magnitud del hueco en las cuentas públicas que se puso en evidencia con el proyecto de presupuesto para el año entrante. Donde aparece un hachazo a la inversión pública de magnitudes nunca vistas en la historia fiscal del país. Cerca de 30%.

    Para que se tenga un orden de magnitud de los recortes: el sector agropecuario, clave para el posconflicto, recibe en el anteproyecto de presupuesto para 2017 un monumental recorte de 41%. Y así por el estilo sucede en muchos otros rubros.

    Al Ministerio de Hacienda lo cogió la noche en la preparación y trámite de la reforma tributaria. Que ojalá sea estructural como se ha prometido tantas veces, y no vayan a presentar una reforma al estilo de la de 2014 para salir ahora del paso.

    Los destiempos tributarios se van a cruzar pues con los tiempos de la paz. No hay espacio para una cronología diferente. Ojalá salgan bien unos y otros, y la opinión pública no se indigeste con tan insólito coctel.

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    El Gobierno habría preferido que los tiempos de la votación del plebiscito no hubieran coincidido con los de la reforma tributaria. Pero van a superponerse casi forzosamente.

    Los acuerdos de La Habana no estarán concluidos y ratificados antes del último trimestre del año. Y la reforma- que debe aprobarse este año- no alcanzará a estar presentada, y mucho menos discutida y aprobada por el Congreso sin pupitrazos (como lo ofreció el Presidente Santos en la Asamblea de la Andi), antes del trimestre octubre-diciembre de 2016.

    La reforma tributaria llega pues a destiempo. Es una lástima. Esto se debe a un grave error de cálculo que cometió el Ministerio de Hacienda: la  reforma estructural debió presentarse en 2014. Pero no se hizo así. Se prefirió tramitar entonces una reforma menor y antitécnica, que lo que hizo fue elevar las tasas impositivas de las empresas a niveles prohibitivos.

    A la reforma tributaria estructural -cuando ya se conocía de sobra la caída de los precios del petróleo- se prefirió darle largas. Ahora el Gobierno está contra la pared de los tiempos políticos de la paz. Y va a tener que servirle a la ciudadanía el mal coctel de plebiscito y reforma tributaria simultáneamente.

    Aún no se conocen las cartas tributarias que jugará el Gobierno. No las ha revelado. Pero si nos atenemos a las recomendaciones que ha recibido (comisión de expertos, BID, FMI, Ocde) los ingredientes de la próxima reforma serán los siguientes: menores tasas corporativas, mayores tarifas para  personas naturales, más IVA, tributación a los dividendos, control a los abusos de algunas entidades sin ánimo de lucro, reforma a la tributación de las entidades territoriales cuyas finanzas están en crisis y hace más de treinta años que no se ponen al día, y una reingeniería de la A a la Z en la Dian para controlar de mejor manera los altísimos índices de evasión que, según la misión de expertos, tanto en renta como en IVA, ya llegan al pasmoso 40%.

    Todos estos temas son políticamente difíciles de digerir. Y mucho menos si su discusión se superpone con el plebiscito  sobre el Sí o el No de los acuerdos de La Habana. Pero los tiempos de la paz y los destiempos de la reforma tributaria llevan, infortunadamente, a que coincidan unos con otros.

    ¿Por qué debe tramitarse la reforma tributaria en el último trimestre de este año? Porque de no ser así no podría recaudarse en 2017 sino en 2018, cuando ya sería muy tarde, dada la gravedad de la situación fiscal y la magnitud del hueco en las cuentas públicas que se puso en evidencia con el proyecto de presupuesto para el año entrante. Donde aparece un hachazo a la inversión pública de magnitudes nunca vistas en la historia fiscal del país. Cerca de 30%.

    Para que se tenga un orden de magnitud de los recortes: el sector agropecuario, clave para el posconflicto, recibe en el anteproyecto de presupuesto para 2017 un monumental recorte de 41%. Y así por el estilo sucede en muchos otros rubros.

    Al Ministerio de Hacienda lo cogió la noche en la preparación y trámite de la reforma tributaria. Que ojalá sea estructural como se ha prometido tantas veces, y no vayan a presentar una reforma al estilo de la de 2014 para salir ahora del paso.

    Los destiempos tributarios se van a cruzar pues con los tiempos de la paz. No hay espacio para una cronología diferente. Ojalá salgan bien unos y otros, y la opinión pública no se indigeste con tan insólito coctel.

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