Una Corte divorciada de la realidad

Foto: Sur.org.co

EDITORIAL

El último fallo de la Corte solamente demuestra su amplia desconexión con la realidad colombiana. Como dice el alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, ellos viven en un país imaginario o que simplemente no es Colombia.


La realidad en muchas ocasiones es la que debería dictar la manera en que se organiza, se regula y se plantea el orden en una sociedad, y es que uno de los problemas que ha tenido Colombia durante toda su existencia es el centralismo. La toma de decisiones desde oficinas gélidas y desconectadas de lo que los colombianos viven en los 32 departamentos ha imperado este país, por tanto una cosa es lo que piensan y deciden en el norte de Bogotá y otra lo que pasa afuera de dichas oficinas.

Colombia es un país sumamente violento, desorganizado; que tiene una población altamente ignorante, que aún es manipulable e influenciable, con unos episodios de ilógica e incoherencia que la convierten en una sociedad muy violenta, poco culta y que avanza poco. En parte, eso nos tiene como una sociedad altamente alcohólica; en el país hay un alto índice de consumo de alcohol, no solamente somos ahora el mayor exportador de droga del mundo sino que también somos consumidores.

Somos un país que lastimosamente tiene también en los últimos años índices preocupantes de depresión, suicidios, divorcios, y estas son situaciones que hablan realmente mal de la situación actual de los colombianos.

La mayoría de parques en Colombia no les pertenecen a las comunidades que están en este entorno, sino a bandas delincuenciales y a toda clase de malandros que están dispersos por los barrios. Están lejos de ser un hábitat saludable, en donde los niños puedan jugar y divertirse. Si no tuviésemos esos problemas mencionados anteriormente, en ciudades como Medellín y Bogotá tampoco se puede ir al parque porque la contaminación le termina haciendo más daño a la persona que asiste allí que a la que se queda encerrada en su casa, solo por comentar un caso. Tenemos una sociedad altamente tóxica y perjudicial por donde quiera que se le mire.

La Corte con su decisión lo que hace es decir que está bien, que es normal que los colombianos metan droga y se emborrachen, pues eso, bajo su consideración no afecta para nada las relaciones interpersonales, ni genera caos o disputas que terminan muchas veces con la muerte de un ser humano, sino que es normal y que hace parte del libre desarrollo de la personalidad. Seguramente, la Corte cree también que el extinto Bronx era un parque de diversiones a cielo abierto en donde las personas se formaban, y quienes desaparecían era por cosas del destino; según la alta Corte, el Bronx no se debió cerrar, y que tampoco la cantidad de muertes que hay por consumo de alcohol y drogas en las calles de Colombia tampoco afecta el orden normal de nuestra sociedad.

Este tipo de decisiones amplía el grado de ilegitimidad e impopularidad de la justicia, de las cortes. Ese fallo lo que hace es alimentar más esa insatisfacción con nuestro país y es claro que cada vez Colombia está peor. No hemos tocado fondo, pero no sabemos hasta dónde vamos a llegar. O si Colombia tiene como tendencia natural la autodestrucción.

Lamentablemente no tenemos un presidente que pueda adelantar grandes gestas. Iván Duque es timorato,tibio; nunca va a tener la valentía de convocar, por ejemplo, a una Constituyente. Y lo cierto es que los colombianos tenemos pocas esperanzas y desde este editorial lo planteamos: tener un mejor país, quizá no valga la pena tener hijos en Colombia, ni seguir viviendo en esta nación. Quizá lo mejor sea salir antes de que este país explote por cuenta de las decisiones que se toman y de la sociedad tan podrida que tenemos.