Venezuela, espejo del ocaso democrático del mundo

Por: Juan David García


Las elecciones presidenciales de Venezuela, celebradas el pasado domingo 20 de Mayo, son la prueba fehaciente de que el mundo se encuentra en una tremenda regresión democrática. Sin espacio para sorpresas, el dictador Nicolás Maduro se impuso sobre Henry Falcón, candidato del partido Copei y único rival aparente, pues los demás han sido inhabilitados o se encuentran privados de la libertad. Durante el último año, este asumió la vocería de quienes, dentro de las fuerzas de oposición reunidas en la Mesa de Unidad Democrática, afirman ingenuamente que la salida al régimen es electoral. De acuerdo con ese discurso oficial, tener la mayoría en la Asamblea Nacional serviría para limitar el poder del Chavismo e implementar reformas económicas y sociales; la consulta opositora del dieciséis de Julio (con una participación masiva de la ciudadanía y contra las presiones y amenazas oficialistas) habría podido evitar la celebración de la Constituyente ilegítima del treinta del mismo mes, o las elecciones regionales de Octubre habrían dado la victoria a la oposición. Nada de eso ocurrió, y la dictadura continúa atornillada en el poder.

En América Latina, los casos de Cuba, Bolivia y Nicaragua se parecen al de Venezuela. Pero lo más llamativo es que eventos de abuso de poder, represión de las libertades individuales, persecución de opositores, ataques a medios de comunicación y organizaciones civiles críticas con los gobiernos, o manipulación de los mecanismos electorales en favor de líderes y de partidos que buscan repetir su mandato, son igualmente frecuentes en Rusia y Asia Central, el Medio Oriente y prácticamente toda África. La democracia liberal y sus principios, como la hemos estudiado en los clásicos de la Filosofía política y en las facultades de Derecho y Ciencias Políticas, están en declive.

El último reporte del Proyecto de Integridad Electoral (Electoral Integrity Project), revela que del total de elecciones de diferente orden, solo el 30% resultaron en una transferencia o relevo de poder, es decir, que en el 70% de los casos se da la permanencia de un líder, partido o movimiento en el gobierno. Así mismo, muestra que en una escala de 1 a 10, siendo 1 la peor elección y 10 una elección perfecta, el promedio global se halla en 6. Desde luego, en sociedades abiertas se presume que los procesos electorales tienden a ser más transparentes, y hay una estricta separación de poderes y rendición de cuentas por parte de organismos y funcionarios públicos ante los ciudadanos. Sin embargo, las democracias occidentales más sólidas también padecen, aunque en menor medida, los vicios y transgresiones del orden liberal, cuando acuden a procedimientos como el gerrymandering (muy propio de los Estados Unidos), que consiste en la distorsión o modificación de los diversos distritos electorales, de modo que un partido obtiene una ventaja injusta sobre el otro.

Por su parte, el Índice de Democracia (Democracy Index 2017) que cada año publica la revista británica The Economist, muestra hallazgos similares y concluye que actualmente hay un auge del autoritarismo y de regímenes híbridos, en perjuicio de la promoción y extensión de los valores liberales, corriendo los países el riesgo de tornarse más inestables y conflictivos. Ante las próximas elecciones, está en nuestras manos dar más pasos hacia el mejoramiento del sistema democrático de Colombia, o retroceder y situarnos en la misma senda del ocaso de las libertades civiles y políticas que viven Venezuela y otros países.