Habitar ciudades donde las temperaturas bajo cero hacen parte de la rutina diaria es una realidad para millones de personas en distintas regiones del mundo. En algunos territorios del hemisferio norte, el invierno no solo marca una estación, sino una condición permanente que define la arquitectura, la movilidad, la economía y la forma de vida de sus habitantes.
Un ranking internacional sobre las ciudades más frías del planeta, elaborado a partir de promedios de temperatura diaria en enero, confirma que Rusia, Canadá y Estados Unidos concentran la mayoría de los centros urbanos donde el frío extremo es parte del día a día. Estas ciudades no solo enfrentan desafíos climáticos severos, sino que también han desarrollado estrategias para adaptarse a condiciones que en muchos casos superan los −30 grados Celsius.
Rusia, Canadá y Estados Unidos concentran las ciudades con las temperaturas más bajas del mundo
La ciudad que encabeza la lista es Yakutsk, en Rusia, considerada la urbe más fría del mundo. Durante enero, su temperatura promedio diaria alcanza los −40 grados Celsius, lo que la convierte en un referente global de resistencia al frío. A pesar de estas condiciones, Yakutsk mantiene una población estable y una economía basada en la minería, la administración pública y la cultura local.
Otras ciudades rusas como Norilsk, Dudinka, Chita, Ulián-Udé, Surgut, Irkutsk, Omsk, Novosibirsk y Tomsk también figuran entre las más frías del planeta. En estos territorios, el frío extremo condiciona la infraestructura urbana, obliga al uso de sistemas de calefacción permanente y limita actividades al aire libre durante buena parte del año.

Canadá ocupa un lugar destacado en el listado con ciudades como Yellowknife, Winnipeg, Saskatoon y Regina. En estas urbes, las temperaturas promedio en enero oscilan entre los −15 y −28 grados Celsius. Aun así, cuentan con altos estándares de calidad de vida, gracias a servicios públicos eficientes, planeación urbana adaptada al clima y economías diversificadas.
Estados Unidos también aparece en el ranking con localidades como Utqiagvik, en Alaska, Fairbanks e International Falls. Estas ciudades enfrentan inviernos prolongados y condiciones extremas, pero han desarrollado modelos de vida basados en la autosuficiencia energética, la logística especializada y la adaptación cultural al entorno.
Fuera de América y Rusia, destacan ciudades como Ulán Bator, en Mongolia, y Harbin, en China, donde las temperaturas bajo cero marcan el ritmo de la vida cotidiana. En el caso de Harbin, el frío se ha convertido incluso en un atractivo turístico, gracias a festivales de esculturas de hielo que atraen visitantes de todo el mundo.
Expertos en clima señalan que vivir en estas ciudades implica altos costos en calefacción, mantenimiento de infraestructura y atención en salud, pero también resaltan la capacidad de adaptación de sus habitantes. El frío extremo, lejos de ser solo una desventaja, ha moldeado culturas resilientes y comunidades que han aprendido a convivir con uno de los entornos más hostiles del planeta.
En un contexto de cambio climático, estas ciudades también se han convertido en puntos clave para estudiar el impacto del calentamiento global, ya que los cambios en sus temperaturas tienen efectos directos sobre ecosistemas, economías locales y formas de vida que durante décadas se han adaptado al hielo y la nieve.

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