Este contenido hace parte de la séptima edición de Revista 360 y cuenta con la participación de más de 70 invitados de todos los principales sectores económicos, productivos y políticos de Colombia. Ministros, líderes gremiales, líderes en áreas de la construcción, sectores bancarios, logística e infraestructura, telecomunicaciones, gobernantes regionales, analistas, economistas, entre otros.
Por: Sylvia Escovar, presidenta Junta Directiva GeoPark
Los grandes retos y oportunidades que nos plantea no sólo la compleja coyuntura actual, en un nuevo gobierno que cumplió 100 días de haber sido elegido, sino el escenario de más largo plazo enmarcado especialmente en la transformación digital, la descarbonización, y el clamor por sociedades más incluyentes y representativas, es el marco ideal para incorporar al análisis global la importancia del sector empresarial en nuestro país.
No sobra recordar a los lectores que es fruto de la actividad empresarial que se generan no sólo los bienes y servicios que satisfacen – permitiendo elegir – las diversas necesidades de la población, sino que es a través de las empresas que se recauda la parte más significativa de los ingresos tributarios y se genera empleo de calidad, todo esto generando valor y asumiendo riesgos. Es así como las actividades empresariales contribuyen a elevar los niveles de calidad de vida en el país que es, o debería ser, el objetivo común de la sociedad como un todo.
La robustez del sector empresarial, sin embargo, no es una tarea única de los empresarios. Requiere de un trabajo conjunto de todos enfatizando en la necesidad del diseño y eficacia de políticas públicas que establezcan las sendas, definan los incentivos y busquen compaginar visiones e intereses diversos.
Habiendo salido de una coyuntura como la que impuso el COVID-19, no podemos dejar de establecer un antes y un después y redefinir algunas de las prioridades que requiere el sector empresarial para continuar siendo un motor de desarrollo sostenible en el país.
Para comenzar, quisiera que recordáramos que en Colombia, de acuerdo con cifras del DANE de 2021, existen 1.5 millones de empresas registradas y que este número es menor en aproximadamente 18% al que existía antes de la pandemia. Por otra parte, y de manera preocupante, se ve un incremento en el número de micronegocios totalmente informales, que hoy suman 10 millones y que coinciden con las cifras de crecimiento de desempleo o empleo informal que viene subiendo desde 2015 y especialmente después de 2019 por efectos de la pandemia. Cabe anotar aquí que las mujeres y los jóvenes entre 14 y 28 años han sido los más afectados por este impacto. Ello incide, por supuesto, en la desigualdad de ingresos en el país con impacto directo en el Coeficiente GINI (que pasa de 0,508 en 2017 a 0,523 en 2021) y debe enfocarnos en la necesidad de consolidar y fortalecer la reactivación alcanzada en los años 2021 y 2022 para que el sistema de libre empresa se desarrolle, apostando firmemente al progreso social del país con sostenibilidad económica, ambiental y social.

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Venimos, entonces, de 3 años años bastante atípicos en los cuales, además de los retos permanentes de ser productivos, incluyentes y competitivos, se añadieron retos adicionales como la superación de los impactos en salud, la restricción de materias primas y productos finales, la necesaria política monetaria expansiva, la caída de la demanda, y en el caso de Colombia, el efecto del paro nacional de 2020.
En efecto, en el primer año después de la pandemia, de un crecimiento del PIB en 2019 de 3.2%, pasamos a un decrecimiento del 6.8% en 2020. Este decrecimiento vino acompañado de un crecimiento sin precedentes en el desempleo (con énfasis en el desempleo femenino), una alta presión inflacionaria y por supuesto, enormes restricciones al comercio internacional. Cabe anotar y resaltar aquí la actitud solidaria y consciente del sector privado que da inicio a, lo que considero que será una visión empresarial más integrada, en adelante, a los retos sociales del país.
En los dos años siguientes, si bien no hemos regresado a los niveles prepandemia en muchos aspectos, la economía nos sorprendió con un crecimiento del 10.7% en 2021 y se espera que crezca más del 7% en 2022. Estos buenos crecimientos , no obstante, han venido acompañados de una inflación del 11.4% y de una TRM de cerca de 5,000 pesos, convirtiéndose éstos en grandes amenazas para el consumo y por ende, para la expansión de las empresas y el bienestar de los colombianos.
Es en este contexto, que se da una de los cambios más relevantes en la historia de nuestro país al ser elegido un gobierno de izquierda en las elecciones presidenciales de junio de 2022. En su discurso presidencial el electo presidente Gustavo Petro, habla de su compromiso con el cambio y hace énfasis en el diálogo: “somos dueños del esfero y podemos escribirlo juntos, en paz y en unión”.
Son varias las propuestas de cambio del nuevo gobierno y son varias las necesidades que tiene el país para fortalecer su sistema empresarial. Es ahora, entonces, cuando ese diálogo es definitivo. Nuestro reto como país, y en este escenario, como empresarios, es identificar oportunidades de inversión que nos permitan acelerar la búsqueda de una sociedad más próspera en medio de un nuevo escenario de competitividad que requiere de reglas de juego habilitantes para su desarrollo. Necesitamos dialogar y dialogar para construir sobre lo construido y tal y como lo menciona el último Informe del Consejo Nacional de Competitividad, para acordar unas metas comunes de largo plazo y en ese marco, mejorar el funcionamiento de los mercados para que más empresas puedan competir, crecer, e innovar generando más y mejores empleos.
Ello incluye prioritariamente, mayor conectividad digital y de infraestructura, menores y mejores trámites (más agiles y transparentes), un sistema tributario apoyado más en las personas que en las empresas, una transición hacia energías limpias que no arriesgue ni la estabilidad fiscal ni la seguridad energética del país, apertura al comercio internacional y, ante todo, una educación incluyente y pertinente para la vida.
Esperamos, como empresarios y miembros de esta sociedad, que podamos trabajar juntos para lograr esa visión concertada de futuro, local e internacional, con gobierno y academia, para seguir construyendo el camino que nos conducirá a un país sostenible, más competitivo, incluyente y con mayor bienestar.
