En los pasillos políticos empieza a tomar forma uno de los retos más delicados para la candidatura de Paloma Valencia: marcar distancia del gobierno de Iván Duque sin romper del todo los lazos políticos que históricamente los han conectado.
El asunto no es menor. Aunque el gobierno Duque cerró su ciclo con avances en algunos frentes, las sensaciones que dejó en buena parte de su base política y en sectores del propio partido no fueron las mejores. La relación con quienes lo llevaron al poder se fue desgastando con el tiempo, y varios de sus funcionarios más visibles terminaron alejados de esa misma colectividad.
Nombres como Daniel Palacios, Carlos Felipe Córdoba o Víctor Muñoz son ejemplo de esa dispersión posterior, que hoy pesa en la memoria reciente del electorado.
En ese contexto, la campaña de Valencia camina sobre una línea delgada: necesita consolidar apoyos sin cargar con los costos políticos del pasado. De hecho, antes de la consulta interna, el expresidente Álvaro Uribe Vélez habría intentado tender un puente con Duque, sugiriendo un gesto de respaldo hacia Valencia. Sin embargo, ese mensaje nunca tuvo respuesta.
Hoy el escenario es distinto. Tras la victoria en la consulta, sectores que hicieron parte del gobierno Duque, incluido el propio expresidente, comienzan a acercarse a la campaña, luego de haber jugado en varias orillas durante el proceso interno. Un movimiento que, aunque suma, también obliga a la candidata a administrar con cautela esas nuevas lealtades.
El desafío es claro: demostrar que su equipo es distinto, que su eventual gobierno no repetiría las mismas fórmulas y que las caras que la rodean representan una renovación real. De lo contrario, el riesgo de ser percibida como “más de lo mismo” podría abrirles espacio a otras candidaturas dentro de su propio espectro político.
En ese equilibrio también aparece otra advertencia interna: evitar los errores de la campaña de Federico Gutiérrez, donde, según reconocen varios sectores el círculo cercano terminó cerrándose tras la consulta, dejando por fuera a figuras que habían acompañado el proceso desde el inicio.
Por ahora, en el entorno de Valencia hay conciencia de que la campaña no solo se juega en los apoyos que suma, sino en la forma en que los gestiona. Abrir el equipo sin perder el control, renovar sin fracturar y, sobre todo, no repetir las dinámicas que terminaron debilitando proyectos recientes, será clave en los meses que vienen.
Porque, más allá de los respaldos, el verdadero reto de Paloma Valencia está en construir una narrativa propia que no quede atada al desgaste del pasado reciente.