El Hecho: La construcción de vivienda en Colombia entró en su peor crisis en 16 años, registrando en abril un desplome histórico en la iniciación de nuevos proyectos.
¿Por qué es importante?: La parálisis del sector es el principal freno de la economía nacional, acumulando dos años y medio de caídas consecutivas en su valor agregado.
¿Cuál es el contexto?: En abril se iniciaron solo 7.468 unidades (una caída del 62% frente a 2022) debido al cierre definitivo del programa de subsidios «Mi Casa Ya» en diciembre de 2024.
¿A quiénes afecta y cómo?: Afecta a más de 70.000 hogares que perdieron coberturas de tasa o acceso a subsidios, disparando los desistimientos de compra a un récord de 30.000 unidades en enero de 2026.
El dato que no se puede perder: El PIB de las edificaciones acumula 10 trimestres en terreno negativo, cerrando el año 2025 con un desplome consolidado del -7,5%, una cifra peor que la contracción del sector minero.
El sector de la construcción de vivienda en Colombia atraviesa uno de los escenarios más complejos de su historia reciente. Lo que comenzó como una desaceleración se ha transformado en una contracción profunda que ya marca mínimos no vistos en más de tres lustros. Según el más reciente informe de Corficolombiana, las iniciaciones de nuevos proyectos de vivienda, tanto de Interés Social (VIS) como No VIS, se desplomaron en abril hasta las 7.468 unidades.
Panorama general: Para encontrar una cifra tan baja en los registros históricos hay que retroceder 16 años, exactamente hasta abril de 2010, cuando se reportó el arranque de 7.573 inmuebles. La perspectiva a mediano plazo expone la gravedad del bache: en comparación con abril de 2022, momento en el que se iniciaron 20.256 viviendas, el sector ha experimentado una estrepitosa caída del 62%.
La Cámara Colombiana de la Construcción (Camacol) ha sido enfática al señalar el detonante principal de esta parálisis: el desmonte definitivo del programa gubernamental de subsidios «Mi Casa Ya» en diciembre de 2024.
La clausura de esta iniciativa no solo frenó en seco la confianza de los compradores, sino que eliminó por completo las coberturas a las tasas de interés para los beneficiarios. El impacto financiero fue inmediato y devastador para las economías familiares:
23.434 hogares que recibieron el subsidio entre 2024 y 2025 se quedaron sin el mecanismo de cobertura, perdiendo la oportunidad de reducir hasta en un 30% el valor de sus cuotas hipotecarias mensuales.
44.422 familias que ya estaban registradas en la plataforma oficial y cumplían con todos los requisitos legales vieron cómo se cerraba la puerta a nuevas solicitudes sin recibir ninguna alternativa.
En total, el gremio constructor calcula que más de 70.000 hogares resultaron directamente afectados por el cierre de la política de vivienda.
Esta parálisis de la actividad edificadora choca de frente con la realidad demográfica del país. Camacol advierte que el desmonte de los estímulos ocurre en el peor momento posible, agravando un déficit habitacional crónico. Mientras que en Colombia se constituyen cerca de 370.000 nuevos hogares cada año, el aparato productivo nacional apenas logra poner en el mercado menos de 170.000 viviendas formales.
Incertidumbre en subsidios disparó los desistimientos de compra de vivienda a máximos históricos

La inestabilidad en las reglas de juego provocó que muchos compradores arrojaran la toalla. Los desistimientos de vivienda, familias que se vieron obligadas a renunciar a la compra de su inmueble sobre planos, alcanzaron un máximo histórico sin precedentes de más de 30.000 unidades en enero de 2026. «Este pico en los desistimientos refleja que la incertidumbre en la política de subsidios terminó golpeando directamente el sueño de las familias de menores ingresos», señalan desde el gremio empresarial.
Por qué es importante: La crisis del ladrillo ya no es un problema exclusivo de constructoras y compradores; se ha consolidado como el principal freno para la reactivación económica de Colombia. Los datos del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (Dane) confirman que el valor agregado del sector encadena dos años y medio de caídas consecutivas.
Estructuralmente, el panorama macroeconómico que dibuja el Dane revela un estancamiento prolongado:
El PIB de las edificaciones acumula 10 trimestres consecutivos en terreno negativo.
La inversión residencial suma 11 trimestres en cifras rojas.
El sector cerró el año 2025 con un desplome consolidado del -7,5%.
Con este balance, la construcción se posiciona hoy como uno de los sectores más rezagados y deprimidos de la economía colombiana, ubicándose incluso por debajo de la actividad minera, que finalizó el año pasado con una contracción del -6,2%. Sin una reformulación de la política de vivienda o un plan de choque público-privado, el motor inmobiliario del país amenaza con mantenerse apagado de forma indefinida.
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