Abogados de Miguel Quintero Calle renuncian en medio de proceso por corrupción

Santiago Trespalacios y Astrid Carvajal se apartaron de la defensa del procesado por convenios irregulares con bomberos, dejando a su cliente sin representación a pocos días del fallo de segunda instancia.

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El proceso judicial que enfrenta Miguel Quintero Calle dio un giro tan repentino como estratégico. Los reconocidos penalistas Santiago Trespalacios y Astrid Carvajal decidieron apartarse de su representación legal, justo cuando un tribunal de segunda instancia se alista para definir si el procesado abandona su casa por cárcel y termina tras las rejas.

La noticia se conoció a través de un mensaje público emitido por Trespalacios en su cuenta de X, donde aclaró que el rompimiento del vínculo contractual se dio en buenos términos y de mutuo acuerdo con su hasta entonces cliente. Con esta salida, la defensa queda acéfala temporalmente en un momento donde cada movimiento procesal es determinante.

Panorama general: El escándalo que tiene a Quintero contra las cuerdas gira en torno a seis convenios suscritos con el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Itagüí. Dichos contratos, pactados en su mayoría durante la crisis sanitaria para aprovisionar kits de bioseguridad, suman la astronómica cifra de 17.656 millones de pesos.

Para el ente acusador, detrás de esa contratación se ocultaba una red de direccionamiento ilegal que dejó comisiones ilícitas calculadas en unos 2.481 millones de pesos. La hipótesis principal sostiene que el dinero se habría distribuido de la siguiente manera:

  • Miguel Quintero: Percibiría la mayor parte, estimada en unos 1.653 millones de pesos.

  • Álvaro Villada: Exsubdirector administrativo y financiero, a quien se le atribuyen 693 millones de pesos.

  • Sebasstian Ortega Urán: Señalado como el presunto engranaje entre los bomberos y los funcionarios, con unos 133 millones de pesos.

Por estos hechos, formalmente imputados a mediados de septiembre por los delitos de peculado por apropiación e interés indebido en la celebración de contratos, Quintero ha optado por el silencio judicial frente a los cargos, manteniendo públicamente que es víctima de un montaje y una persecución de tinte político.

Miguel Quintero Calle se queda sin defensa a pocos días de definir su detención

Miguel Quintero Calle se queda sin defensa a pocos días de definir su detención

La batalla legal actual se libra en los estrados de apelación. El pasado 2 de octubre, un juez de garantías le concedió a Quintero el beneficio de la detención domiciliaria, basándose en indicios razonables de su presunta participación, sin que ello signifique una condena.

Sin embargo, la Fiscalía, la Procuraduría y el Área Metropolitana del Valle de Aburrá, que actúa como víctima reconocida, saltaron de inmediato a la segunda instancia. En una dura sustentación realizada el 5 de octubre, el ente investigador argumentó que la casa por cárcel no frena las comunicaciones del procesado, canales que habrían sido vitales para tejer las irregularidades. Adicionalmente, recordaron que el Código de Procedimiento Penal prohíbe tajantemente la reclusión domiciliaria en delitos de peculado cuando la cuantía supera el medio centenar de salarios mínimos.

El pulso no se limita a Quintero. La situación de Sebastián Ortega Urán, quien inicialmente quedó en libertad por falta de riesgo de fuga según el criterio del juez de primera instancia, también será reevaluada tras las apelaciones que denuncian presiones a testigos. El juzgado penal del circuito tiene previsto emitir una decisión definitiva este 23 de octubre, fecha clave que dirá si ambos terminan en un centro carcelario.

Por qué es importante: El expediente se nutre de piezas clave. Entre ellas destaca la colaboración de Misael Cadavid, exjefe de los bomberos itagüíseños y testigo central de la Fiscalía, sumado al preacuerdo firmado y condenatorio del extesorero Juan Alberto Cardona.

A esto se le suman revelaciones de la policía judicial basadas en chats de WhatsApp. En estas conversaciones, los investigadores rastrearon apodos como «Mr. M» o «nuestro jefe» que presuntamente aludirían a Quintero, compartiendo espacio virtual con figuras como el propio Villada y Laura María Mejía, funcionaria metropolitana que logró un principio de oportunidad a cambio de testificar. Reportes de medios como El Tiempo señalan que los mensajes de Mejía apuntarían a modificaciones en los estados financieros para maquillar las cuentas.

La dimisión de los abogados encendió de inmediato el debate político. Alejandro De Bedout, presidente del Concejo de Medellín, no tardó en ironizar sobre el hecho en sus redes sociales con la frase: «¡SE QUEDÓ SOLO EL RATÓN MIGUELITO!», dejando entrever que las divergencias sobre la estrategia de defensa habrían precipitado la salida de los juristas.

Con más de 55 personas procesadas en el marco de las indagaciones por presunta corrupción en la administración pasada de Medellín y su entorno, el caso de Quintero entra en su recta más compleja y sin un timonel legal claro.

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