En defensa de la psiquiatría

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Este contenido hace parte de nuestra quinta edición de 360 Revista.


Por: Ramón Acevedo – Médico psiquiatra y abogado

La psiquiatría es la rama de la medicina que estudia la salud mental, sus alteraciones y los trastornos del comportamiento o de la conducta. Los psiquiatras primero son médicos y luego hacen una maestría que dura entre tres o cuatro años para obtener el conocimiento y la experticia necesaria para ejercer su especialidad.

Durante la formación, los psiquiatras aprenden a realizar y evaluar de manera profunda el examen mental de un paciente, el cual constituye la herramienta fundamental para el diagnóstico de las alteraciones mentales y los trastornos de la conducta, además, aprenden a identificar, diagnosticar y tratar todas y cada una de las enfermedades mentales.

El psiquiatra, como médico que es, al recibir un paciente hace una adecuada evaluación clínica, indagando por la historia personal y familiar, investigando las enfermedades físicas que pueda sufrir el paciente, y si las presenta, cómo han evolucionado estas, y de esta manera, en asocio con el examen mental, va uniendo cada una de las piezas, como rompecabezas y elabora primero un diagnóstico clínico, hace un pronóstico de la evolución de la enfermedad o del trastorno, y determina la conducta y el tratamiento a seguir.

Muchas personas aún tienen mitos acerca de la psiquiatría, siendo los dos más arraigados, en primer lugar, que al psiquiatra solo consultan los “locos” y en segundo lugar que los medicamentos psiquiátricos “emboban” a las personas, les matan el cerebro y les crean adicciones.

Para poder aclarar estos mitos lo primero que se debe explicar es a qué se llama “locura”, término que hoy equivale a hablar de psicosis, en la cual, quien la padece, presenta alteraciones en su pensamiento con ideas conocidas como delirantes, las cuales son ilógicas y en muchos casos incoherentes, salidas de todo contexto de la realidad y no reductibles con la confrontación, estas ideas pueden ser de persecución y de daño, de grandiosidad y megalomanía, de difusión del pensamiento o de posesiones demoníacas, entre muchas otras; de otro lado, en la psicosis se presentan alteraciones en la sensopercepción, llamadas alucinaciones, que no es más que la percepción a través de los órganos de los sentidos, sin una estimulación exterior real, así existen alucinaciones auditivas, visuales, táctiles, olfatorias, gustativas y de muchos otros tipos.

La psicosis se presenta en las esquizofrenias, en algunos trastornos afectivos, en los cuadros delirantes y paranoides, en las psicosis reactivas breves, en algunos cuadros inducidos por el consumo de sustancias psicoactivas (psicosis exotóxicas) o por la supresión de dichos consumos, como parte del síndrome de abstinencia que se puede presentar cuando se suspende de manera aguda el consumo de sustancias depresoras del Sistema Nervioso Central (SNC), cuyo ejemplo más conocido es el delirium tremens que sufren los alcohólicos al suspender la ingesta de licor, la psicosis también aparece en los llamados síndromes mentales orgánicos, que son producto de alteraciones en el mismo SNC o en otros órganos del cuerpo, y cuyo origen puede ser traumático o metabólico que afectan de manera aguda el funcionamiento del cerebro. En la gran mayoría de las enfermedades y trastornos mentales no aparece la psicosis y, por lo tanto, no hay “locura”.

Estas enfermedades y trastornos (en los cuales no hay psicosis) son la gran mayoría de las alteraciones en la salud mental y en casi todas se necesita de la atención de un psiquiatra. Dentro de estas enfermedades, que no se acompañan de “locura”, se encuentra el grueso de los cuadros depresivos, los trastornos de ansiedad, la dependencia y el abuso de alcohol y otras sustancias psicoactivas, los trastornos de la infancia y la adolescencia, los trastornos de la conducta alimentaria, los trastornos neurocognitivos, como son las demencias, además de un gran número de trastorno de la personalidad y de la conducta.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) aproximadamente mil millones de personas en el mundo sufren alteraciones en su salud mental de las cuales una mínima parte son psicosis y una inmensa mayoría no lo son; se sabe a la vez cuál de estos trastornos, la depresión y la ansiedad producen el mayor número de días laboralmente perdidos debido a las incapacidades que producen.

Con relación al segundo mito, el de los medicamentos psiquiátricos, debemos recordar que solo fue hasta la mitad del siglo XX, que aparecieron los primeros medicamentos eficaces para el tratamiento de las enfermedades mentales, primero para la depresión y posteriormente para la psicosis, antes de estos medicamentos las personas con alteraciones mentales, si no morían en la hoguera acusadas de brujería (como pasó en la época de la inquisición), estaban condenadas a pasar el resto de sus vidas encerradas y aisladas en frenocomios, (instituciones frías y sombrías, con celdas oscuras y llenas de cadenas para “retener la locura”), así, la enfermedad los llevaba inexorablemente a un deterioro de todas sus funciones mentales, de su salud física y de sus relaciones sociofamiliares, y morían abandonados y olvidados por sus familias y rechazadas por la sociedad.

Existían tratamientos como la terapia electroconvulsiva (TEC) y las lobotomías, que no se realizaban con las condiciones de seguridad que hoy se exigen, no se utilizaba ni la anestesia ni se realizaban en ambientes asépticos, como se realizan hoy por hoy las psicocirugías y las TEC.

Los medicamentos cambiaron la historia de los enfermos mentales al ayudar a controlar la psicosis, la depresión y la ansiedad, pero a la vez tenían un alto poder sedante e hipnótico que causaban efectos secundarios desagradables, entre ellos la somnolencia y otros efectos como la rigidez e inquietud motora, efectos secundarios que hacían ver a los pacientes “más enfermos” que antes de tomarlos, de ahí la creencia de que los “embobaban”.

En las últimas décadas del siglo XX y primeras del siglo XXI los avances en el conocimiento del funcionamiento cerebral, de los neurotransmisores y de la interacción del SNC con el resto del organismo, han permitido el desarrollo de nuevos medicamentos, muchos más seguros y eficaces, con menos efectos secundarios, que han permitido un control más efectivo de los trastornos y enfermedades mentales, manteniendo los pacientes completamente lúcidos, despiertos y funcionales, permitiéndoles llevar, en la gran mayoría de casos, vidas normales con adecuado desempeño en sus relaciones sociofamiliares, laborales y académicas; evitando hospitalizaciones prolongadas y disminuyendo los días laboralmente perdidos por incapacidades.

Algunos de estos medicamentos pueden inducir en los pacientes un proceso de neuroadaptación (dependencia física) que hace posible que aparezcan síntomas de abstinencia si se suspenden abruptamente, lo que es distinto al concepto de adicción en la cual la persona entra a necesitar de las sustancias cada vez en mayor cantidad, poniendo en riesgo su salud mental, física y sociofamiliar, lo que puede suceder con algunos de estos medicamentos si son consumidos sin una clara indicación terapéutica, ya sea como automedicación o con fines recreativos (lo que sucede principalmente con el grupo de los hipnóticos sedantes como son las benzodiacepinas).

Cuando estos medicamentos son adecuadamente prescritos los riesgos de adicción se minimizan al máximo y por lo general no aparecen, de ahí que los tratamientos psiquiátricos, son seguros siempre y cuando el paciente se tome adecuadamente la medicación (no se automedique, lo que significa no solo no tomar medicamentos sin ser prescritos, sino tomarlos a dosis o por un tiempo distinto al indicado), y asista de manera regular a cada una de las citas que le sean asignadas por el psiquiatra, durante el tiempo que dure el tratamiento.

Es por ello por lo que siempre he indicado en mi programa de televisión Sanamente, en Tele VID, que los medicamentos son como los zapatos. No todos los zapatos le calzan igual a todas las personas y no todos los medicamentos le caen igual de bien a todos los pacientes, de ahí que el psiquiatra debe buscar un medicamento indicado para cada paciente, que le alivie sus síntomas y no le cause efectos secundarios, para que el paciente pueda tener una vida plena y completamente normal.

Los medicamentos como los zapatos no deben “tallar”, y al igual que un zapato que “talla” el medicamento que produce efectos secundarios se debe de cambiar.

Ahora bien, si la psiquiatría no solo es para los “locos”, ¿quién debe consultar al psiquiatra?

Según la OMS, mínimo mil millones de personas presentan enfermedades y trastornos mentales o alteraciones del comportamiento y la conducta siendo la más común la depresión, se puede afirmar que en el mundo más de 350 millones de personas presentan dicha patología, le siguen los trastornos de ansiedad, los cuales lo sufren más de 300 millones de personas que pueden padecer a su vez cuadros depresivos, de otra parte más de 450 millones de personas en el mundo presentan trastornos debido al abuso o dependencia de alcohol y otras sustancias psicoactivas, se sabe además que el 6.8 % de los niños, niñas y adolescentes del mundo padecen trastorno de déficit de atención con hiperactividad, y más de 50 millones de personas sufren cuadros de demencia.

Son estas personas, además de las que sufren de cuadros acompañados de psicosis, quienes deben consultar al psiquiatra.

Pero, ¿cuáles son las limitaciones para consultar al psiquiatra?

La posibilidad de asistir a una consulta psiquiátrica no es factible en todo el mundo, la OMS asegura que solo una de cada cinco personas con alteraciones mentales o de la conducta tienen acceso a un profesional de la salud mental ya sea psicólogo o psiquiatra, siendo mucho más limitado el acceso a la consulta psiquiátrica por el escaso número de estos especialistas y su mayor concentración en grandes centros urbanos y poca presencia en pequeñas poblaciones y áreas rurales, esta probabilidad es muchísimo más limitada en países con poco desarrollo y bajos ingresos per cápita de su población, de ahí que ir al psiquiatra termina convirtiéndose en un lujo que pocas personas pueden darse, aun teniendo gran necesidad.

Otros factores que limitan el asistir al psiquiatra o incluso aceptar la remisión a este especialista es el estigma que en la familia, en la sociedad y en el trabajo sufren las personas cuando consultan, en muchas familias a quién va al psiquiatra se le excluye de su participación en las decisiones familiares por considerar que no tienen capacidad de razonar y de decidir, y lo mismo pasa en muchas comunidades en donde, además, se les considera peligrosos, pero lo más grave sucede en los puestos de trabajo, pues en el imaginario de muchos empleadores se considera a quien padece una enfermedad mental, por más leve y pasajera que esta sea, como una persona peligrosa e incapaz de rendir adecuadamente en un trabajo.

En cuanto a los niños, niñas y adolescentes en muchos casos no se acude a las consultas psiquiátricas por pensar en las familias que sus problemas son alteraciones pasajeras o mala educación.

¿Qué hacer ante esta situación? Hay que tener en cuenta que la depresión es la primera causa de incapacidad en el mundo y los trastornos de ansiedad la sexta, todo lo cual se puede mejorar con una oportuna atención psiquiátrica y el uso de medicamentos adecuados y de calidad. Se requieren procesos de educación y de divulgación por parte de las autoridades sanitarias señalando claramente cuál es la realidad de las alteraciones mentales y sus tratamientos.

Son necesarias políticas públicas que rompan las barreras administrativas impuestas por las E.P.S. para negar el acceso a los profesionales de la salud a los pacientes que lo necesitan, facilitando de esta manera un paso rápido de la consulta del médico general a la consulta especializada, y el acceso a todos los tratamientos incluyendo la psicoterapia y la farmacoterapia, evitando de esta manera graves complicaciones, dentro de las cuales es el suicidio la más grave, recordando que en el mundo se suicidan más de 800 mil personas al año y la gran mayoría de estas personas sufrían de enfermedad mental, de ahí que el suicidio era evitable si se hubiera actuado a tiempo.

Es necesario que los pacientes que se encuentran en tratamiento reciban de manera oportuna sus medicamentos por el tiempo que lo determine el psiquiatra y sin interrupciones, como sucede a diario por barreras burocráticas que imponen las E.P.S., impidiendo el acceso a los medicamentos de los pacientes, provocando que la enfermedad o sus síntomas agudos reaparezca y con ello grandes complicaciones, aumentando las incapacidades laborales que afectan la permanencia de los pacientes en sus puestos de trabajo.

Por último, se requiere que todos y cada uno de nosotros reconozcamos que nuestra salud mental es un derecho, y, por lo tanto, lo exijamos, incluyendo en este derecho el acceder a la consulta psiquiátrica y a recibir todas las terapias tanto de tipo psicoterapéutico como psicofarmacológico con medicamentos de excelente calidad, y así, el ir al psiquiatra dejará de ser un estigma, pero, sobre todo, un lujo que muy pocos se pueden dar.

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