A propósito del estado de emergencia en La Guajira

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Se considera paradójico que haya tanto atraso en La Guajira cuando esta región tiene tantas riquezas, pero el progreso no depende de los recursos naturales sino del factor humano.

Por: Saúl Hernández Bolívar

La declaratoria de emergencia en La Guajira puede resultar útil para brindar algunas soluciones de emergencia a problemas que no daban más espera, pero en nada va a contribuir al desarrollo de esa región o del país.

Se dice fácil que ese departamento tiene todas las riquezas para salir avante de la pobreza y estar a la vanguardia del progreso nacional, cosa que también se afirma de otros departamentos como el Chocó, por ejemplo. Y suele agregarse que nadie entiende por qué esos departamentos no han brillado como un faro sino que, más bien, se hunden en la miseria y el atraso.

Una parte de la respuesta es sencilla: sus clases políticas son más corruptas que el promedio. También más ineficientes y menos preparadas. Pero, otra parte de la respuesta —la más complicada—, radica en seguir creyendo que la riqueza —y el bienestar resultante— proviene básicamente de los recursos naturales cuando estos, en verdad, suelen ser una maldición. Por eso, a La Guajira nunca le servirá su carbón, su posición geográfica, sus extensas costas, sus vientos o su sol.

En realidad, el principal recurso para el desarrollo de una región o de un país, es su gente, sobre todo cuando es poseedora de unos valores y una cultura particulares que han evolucionado principalmente en Occidente, mientras que en muchos de nuestros territorios priman costumbres premodernas. Cómo será que en La Guajira no dejan que los niños moribundos por inanición sean atendidos en los centros médicos.

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Y, como es de sospechar, allá no hay cultura del trabajo, del estudio, del ahorro…, de todo aquello que ha sido base fundante de cualquier civilización. En La Guajira no hay mano de obra calificada. El Cerrejón lleva funcionando 40 años con personal mayoritariamente ‘foráneo’ que vive en los campamentos de la empresa. A la región no le quedará nada cuando la mina se cierre y todos se vayan. Así, es absurdo creer que con su energía eólica y solar —fuentes de por sí intermitentes— se va a satisfacer toda la demanda eléctrica nacional, remplazando verdaderos ingenios por los que no hemos agradecido lo suficiente, como Hidroituango, El Guavio, Chivor o Guatapé.

Tener carbón o petróleo no ayuda mucho si no hay desarrollo humano; hacerlo a un lado es recorrer el camino del desastre. En Suecia, acaban de proscribir el uso de tabletas y portátiles en los colegios después de comprobar durante muchos años que afectan gravemente la comprensión lectora en niños y jóvenes. Quieren volver a la escritura manual, a los libros de texto, a la memorización. En Holanda, acaban de prohibir los celulares en los colegios por ser un grave factor de distracción. Aquí esos aparatos ganan cada vez más espacio entre los educandos, pero para perder tiempo en redes sociales, jugar y ver pornografía. Poco se usan para aprender.

Un departamento que se cree de mejor pedigrí como es Antioquia, lleva años sin meter un solo colegio, público o privado, en el ranking de los 50 mejores del país, y eso que a Colombia le va muy mal en las pruebas Pisa. Y en educación superior hay un grave atraso en carreras STEM (Ciencias, Tecnologías, Ingenierías y Matemáticas, por su sigla en inglés), y una alta deserción a pesar de la matrícula cero y otros estímulos.

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En vez del esfuerzo, la apuesta es ser youtuber o modelo webcam, paradigmas errados de una sociedad que perdió su norte. Eso sí es puro extractivismo, no generación de riqueza. Éramos gente laboriosa, estudiosa, luchadora; ahora lo queremos todo regalado. Muchos derechos, pocos deberes, poco futuro.

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