miércoles, febrero 1, 2023
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    El agua en Wall Street

    Nace el negocio con el agua, en donde quien la necesita va al mercado spot a comprarla, como cualquier otro bien transable.


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    Por: Amylkar Acosta

    La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medioambiente y el Desarrollo (Cnumad) de 1992, que tuvo lugar en Río de Janeiro y que marcó un hito histórico, declaró el 22 de marzo de cada año como el Día Mundial del Agua. Se trataba y se trata de llamar la atención de la comunidad internacional sobre la importancia del recurso hídrico, sobre la necesidad de protegerlo y hacer un uso más racional del mismo.

    Por lo demás, hemos venido sosteniendo que el agua potable dejó de ser hace rato un bien libre para convertirse en un bien económico, el cual después de considerarse un recurso natural renovable, por cuenta del cambio climático, se tornó en un recurso natural no renovable y por lo tanto expuesto a su agotamiento. Como bien lo plantea el experto Álvaro Sánchez, “el planeta no produce agua nueva, el agua es estable sobre la tierra”.

    El tiempo ha terminado por darme la razón. Recientemente el mundo fue sorprendido con la noticia de que el agua había empezado a cotizarse en Bolsa, al lado del oro, el crudo, el cobre y la soya. Por ello, no han faltado quienes han puesto el grito en el cielo de solo pensar que se llegue a especular en Wall Street con un recurso que en el mundo es considerado legalmente como un bien común de dominio público.

    LEER TAMBIÉN: Una intervención no es una expropiación

    Pero, la verdad sea dicha, en la práctica al darse este paso se da un sinceramiento del mercado en donde el agua es gestionada como un activo financiero. Es el caso de los derechos o concesiones para la utilización del agua con distintos fines mediante actos administrativos. Como afirma el experto español Gonzalo Delacámara, “esto siempre ha funcionado de manera informal en todos los lugares del mundo con sistema de riego”.

    Según él, así como se da el intercambio de derechos de uso de agua entre agricultores a cambio de una “compensación”, también se da que “otros actores lo que busquen sea ganar dinero con esos activos financieros”. Y allí es en donde nace el negocio con el agua, en donde quien la necesita va al mercado spot a comprarla, como cualquier otro bien transable, pagando el precio al cual se cotice el derecho de agua en el momento.

    Lo cierto es que desde finales del año pasado el índice Nasdaq, con el “ticker” NQH2O, está operando y se basa en un indicador de precios de los futuros del agua en California por acre-pie. Algunos expertos defienden que estos mecanismos financieros pueden contribuir a una gestión más eficiente de un recurso cada vez más escaso como lo es el agua. Y no les falta razón. Aunque no deja de ser un bien público, nada justifica que no se le ponga precio cuando se otorgan derechos y concesiones a título gratuito para su uso por parte de particulares. Eso sí, se debe garantizar el efectivo ejercicio del acceso al agua potable como derecho humano, tal como lo dispuso las Naciones Unidas, sobre todo a las poblaciones más vulnerables.

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    Nace el negocio con el agua, en donde quien la necesita va al mercado spot a comprarla, como cualquier otro bien transable.


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    Por: Amylkar Acosta

    La Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medioambiente y el Desarrollo (Cnumad) de 1992, que tuvo lugar en Río de Janeiro y que marcó un hito histórico, declaró el 22 de marzo de cada año como el Día Mundial del Agua. Se trataba y se trata de llamar la atención de la comunidad internacional sobre la importancia del recurso hídrico, sobre la necesidad de protegerlo y hacer un uso más racional del mismo.

    Por lo demás, hemos venido sosteniendo que el agua potable dejó de ser hace rato un bien libre para convertirse en un bien económico, el cual después de considerarse un recurso natural renovable, por cuenta del cambio climático, se tornó en un recurso natural no renovable y por lo tanto expuesto a su agotamiento. Como bien lo plantea el experto Álvaro Sánchez, “el planeta no produce agua nueva, el agua es estable sobre la tierra”.

    El tiempo ha terminado por darme la razón. Recientemente el mundo fue sorprendido con la noticia de que el agua había empezado a cotizarse en Bolsa, al lado del oro, el crudo, el cobre y la soya. Por ello, no han faltado quienes han puesto el grito en el cielo de solo pensar que se llegue a especular en Wall Street con un recurso que en el mundo es considerado legalmente como un bien común de dominio público.

    LEER TAMBIÉN: Una intervención no es una expropiación

    Pero, la verdad sea dicha, en la práctica al darse este paso se da un sinceramiento del mercado en donde el agua es gestionada como un activo financiero. Es el caso de los derechos o concesiones para la utilización del agua con distintos fines mediante actos administrativos. Como afirma el experto español Gonzalo Delacámara, “esto siempre ha funcionado de manera informal en todos los lugares del mundo con sistema de riego”.

    Según él, así como se da el intercambio de derechos de uso de agua entre agricultores a cambio de una “compensación”, también se da que “otros actores lo que busquen sea ganar dinero con esos activos financieros”. Y allí es en donde nace el negocio con el agua, en donde quien la necesita va al mercado spot a comprarla, como cualquier otro bien transable, pagando el precio al cual se cotice el derecho de agua en el momento.

    Lo cierto es que desde finales del año pasado el índice Nasdaq, con el “ticker” NQH2O, está operando y se basa en un indicador de precios de los futuros del agua en California por acre-pie. Algunos expertos defienden que estos mecanismos financieros pueden contribuir a una gestión más eficiente de un recurso cada vez más escaso como lo es el agua. Y no les falta razón. Aunque no deja de ser un bien público, nada justifica que no se le ponga precio cuando se otorgan derechos y concesiones a título gratuito para su uso por parte de particulares. Eso sí, se debe garantizar el efectivo ejercicio del acceso al agua potable como derecho humano, tal como lo dispuso las Naciones Unidas, sobre todo a las poblaciones más vulnerables.

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