¿Cuál es el contexto?: El caso que encendió las alarmas de la ciudadanía y provocó una fuerte movilización en el norte de la capital del país dio un giro absoluto. Lo que inicialmente se reportó y viralizó en redes sociales como un flagrante hecho de agresión contra un menor de edad fue catalogado oficialmente como un «malentendido» por las instituciones competentes, tras una rigurosa verificación de los hechos.
El Instituto Colombiano de Bienestar Familiar (ICBF), en coordinación con los entes judiciales y forenses, confirmó que el ciudadano extranjero cuya detención provisional se produjo en medio de una acalorada asonada social— no cometió delito alguno. Con base en los dictámenes especializados y la revisión del contexto familiar, la justicia ordinaria determinó su inmediata liberación al no hallar indicios que soportaran la acusación.
De la asonada a la inocencia: el giro en el caso ICBF de presunto abuso infantil en Usaquén
Los hechos que desencadenaron este episodio ocurrieron el pasado fin de semana en un edificio de apartamentos de la localidad de Usaquén, al norte de Bogotá. Transeúntes y vecinos del sector alertaron a la Policía Nacional a través de la línea de emergencias tras divisar una escena en el balcón del inmueble que, a juicio de los testigos, correspondía a un acto de violencia o abuso en contra de un niño.

La reacción de la comunidad no se hizo esperar. En cuestión de minutos, una multitud se congregó a las afueras de la edificación exigiendo la intervención de la fuerza pública, lo que obligó a un rápido despliegue policial para custodiar al ciudadano estadounidense y salvaguardar la integridad de los menores presentes en la vivienda. El caso escaló de inmediato a los principales portales de noticias del país.
Tras la detención preventiva, las instituciones del Estado activaron de forma prioritaria las rutas de restablecimiento de derechos. De acuerdo con informes presentados por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses, los exámenes periciales practicados a los menores de edad descartaron de forma tajante cualquier tipo de violencia física o abuso sexual.
Asimismo, se conoció un dato fundamental que transformó por completo la narrativa del suceso: el ciudadano estadounidense y su pareja se encuentran formalmente vinculados a un trámite legal de adopción ante el propio ICBF. Los tres menores de edad que estaban bajo su cuidado en el apartamento forman parte de este riguroso proceso institucional.
La directora general del ICBF, Astrid Cáceres, defendió la estricta legalidad del trámite adoptivo y envió un parte de tranquilidad respecto al bienestar físico y emocional de los pequeños. La funcionaria enfatizó la importancia de proteger el entorno de los menores y lamentó que las historias de infancia sean utilizadas con ligereza o especulaciones de corte político.
El Ministerio de Justicia y el propio presidente de la República, Gustavo Petro, se pronunciaron sobre el desenlace del caso. Las carteras gubernamentales coincidieron en que el debido proceso imperó frente a la confusión que desató el registro audiovisual inicial.
Desde el Ejecutivo se hizo un llamado a la autocrítica ciudadana frente a la velocidad con la que se propagan juicios condenatorios sin una confirmación técnica previa. Si bien las autoridades destacaron que la sensibilidad social ante posibles riesgos para los niños es comprensible y necesaria, reiteraron que la cautela, la verificación y el rigor deben primar antes de tomar vías de hecho o difundir señalamientos escabrosos en plataformas digitales. Los menores afectados continúan bajo el acompañamiento institucional preventivo del Estado.
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