Las tardes de fútbol en Bogotá empiezan a sentirse distintas. Desde el pasado 1 de febrero, el tradicional Palacio del Colesterol, uno de los puntos más emblemáticos para los asistentes al estadio Nemesio Camacho El Campín, entró en una pausa temporal como parte del proceso previo a las obras de modernización del escenario deportivo.
El inicio del cerramiento del predio marca el primer paso visible del proyecto que transformará el entorno de El Campín en un complejo deportivo, cultural y de entretenimiento. Aunque el cambio ha generado nostalgia entre los hinchas, tanto comerciantes como concesionario coinciden en que no se trata de una despedida definitiva, sino de una transición.
Según el cronograma del contrato de concesión a cargo de Sencia, el cierre del área donde históricamente han operado los locales del Palacio del Colesterol es necesario para permitir el inicio de las obras, previsto para marzo. Desde finales de enero, el costado posterior del estadio comenzó a mostrar los primeros signos de intervención, con el retiro progresivo de casetas y la instalación de elementos propios de una zona en construcción.
La historia del Palacio del Colesterol, que se remonta a más de seis décadas, no quedará en el pasado. Durante el tiempo que duren las obras, estimado en cerca de dos años, los comerciantes contarán con alternativas temporales para continuar su actividad. Una vez culminen los procesos de formalización, los integrantes de la Asociación Palacio del Colesterol podrán operar en unidades móviles tipo ‘food trucks’, que se ubicarán en la zona nororiental del estadio actual.

Desde Sencia explican que esta medida busca garantizar la continuidad económica de los comerciantes y preservar el vínculo con los aficionados. “Cuando el nuevo estadio entre en funcionamiento, se establecerá un nuevo contrato para que los negocios pasen a un espacio definitivo, con mejores condiciones y mayor estabilidad”, señaló Edgar Cardona, vicepresidente de Operaciones y Experiencias del concesionario.
El proyecto contempla la creación de una zona gastronómica permanente dentro del nuevo complejo, pensada para integrar la tradición culinaria asociada al fútbol capitalino a un entorno moderno y regulado. La intención es que estos espacios no solo funcionen en días de partido, sino durante todo el año, vinculados a los distintos eventos que albergará el estadio.
Para los comerciantes, el cambio implica ajustes, pero también expectativas. Mientras se completan los trámites necesarios para operar en los espacios temporales, las tradicionales paradas previas al fútbol tendrán una breve pausa. Aun así, quienes han sido parte del Palacio del Colesterol confían en que la esencia se mantendrá.
Jenny Uribe, quien lleva más de 30 años vinculada a este espacio y pertenece a la tercera generación de una familia fundadora, asegura que la transformación no significa perder identidad. “La comida típica colombiana que hemos ofrecido siempre seguirá ahí. No estamos desapareciendo, estamos evolucionando”, afirmó.
El nuevo desarrollo de El Campín incluye, además del estadio con capacidad para 50.000 espectadores, la construcción de un hotel, zonas comerciales, oficinas y la futura sede de la Orquesta Filarmónica de Bogotá, con un auditorio para 2.000 personas. La integración del Palacio del Colesterol a este proyecto busca consolidar el sector como un nuevo eje cultural y urbano de la ciudad, sin romper con su historia.