Colombia 2026: un país que avanza a pesar del gobierno de turno

Por: Daniel Gómez Molina - abogado y fundador de Certiblock

Colombia 2026: un país que avanza a pesar del gobierno de turno

Cuando pensé en el tema de esta columna me encontré divagando entre lo financiero, lo jurídico, lo político, lo ambiental y lo económico. Y aunque cada uno de esos temas podría llenar páginas, esta columna no trata sobre lo que dicen los informes técnicos, sino sobre algo más real: qué pienso yo de Colombia rumbo al 2026.

Este contenido hace parte de la Revista 360 – Edición 10: El año de las Decisiones. Producto periodístico anual y exclusivo elaborado por 360 Radio.

Llevo años escribiendo sobre hidrocarburos, inversión extranjera, derecho, política y agro. Pero, en esencia, mis mejores aprendizajes no salieron de esos debates sofisticados, sino de conversaciones con la gente “de a pie”. Lo más curioso es que de todas las preguntas que me han hecho en mi vida profesional, una de las que más recuerdo no tuvo que ver con petróleo ni economía: alguien me preguntó por las flores que le ponía a mi secretaria —secretaria que no existía— en una oficina que tampoco existía en plural.

¿Por qué lo hacía?

Porque era mi forma de proyectar futuro, imaginar un negocio lleno de movimiento, con clientes entrando y un equipo creciendo. Era casi una declaración pública de que “aquí pasa algo”. Hoy entiendo que ese gesto ingenuo me sirvió más para construir empresa que cualquier crítica al politiquero de turno.

Esa es la esencia de esta columna: Colombia avanza no por su clase política, sino a pesar de ella.

Hoy nuestras empresas tienen más de 150 colaboradores directos y operan en seis sectores. Y cuando miro atrás, confirmo algo simple: lo que nos ha sacado adelante no ha sido la queja, sino la visión.

Creo firmemente que la economía colombiana seguirá demostrando en 2026 que somos un país “echado para adelante”. Aquí quien manda no es el gobernante de turno: manda el trabajo, el esfuerzo y la inventiva de millones de colombianos.

Nuestra economía es sólida no por los discursos sino por la capacidad empresarial y cultural del país. Tenemos políticos que saben más de “labia” —de izquierda, derecha o centro— que de resultados reales; expertos en enredo, no en madrugar a luchar por el bienestar de sus hijos.

Pero, aun así, a ustedes, a nosotros, solo me queda decirnos algo: lo estamos haciendo muy bien.

¿Y por qué muy bien?

— Porque tenemos empresarios exportando en mercados donde antes no existíamos.

— Porque tenemos jóvenes aprendiendo idiomas, tecnología y habilidades digitales para ganar en dólares y gastar en pesos.

— Porque tenemos emprendedores que elevan el nombre del país ante el mundo.

— Porque don Pedro, el de la tienda, sigue siendo el rey de la cuadra, recordándonos que la microempresa es la columna vertebral del país.

— Porque entre más duro nos aprietan los gobiernos con impuestos, más creativos nos volvemos para sostenernos.

Somos uno de los países con mayor cobertura en salud del mundo, a pesar de sus defectos. Nuestros artistas y referentes culturales levantan la voz globalmente: música, cine, literatura, deporte. Dejamos de pelear contra la globalización para abrazarla como oportunidad y construir un país multicultural.

Colombia está lejos de ser perfecta. Tenemos desigualdad, corrupción, violencia, brechas imposibles de ignorar. Pero cuando se mira desde la perspectiva correcta —la de quien crea, emprende, trabaja y resiste— se ve algo que vale oro:

Colombia no es producto de su Estado.

Es producto de su gente.

Y quizá esa sea la gran historia del 2026:

Que en un país fragmentado por discursos políticos, seguimos uniéndonos —empresarios, jóvenes, tenderos, artistas, campesinos— para empujar hacia adelante, mientras el gobierno se pelea consigo mismo.

  • Eso es Colombia.
  • Eso somos.
  • Eso será en 2026.

De eso se trata esta columna: de lo que más me han preguntado durante años — cómo inspirar.

Inspirar a seguir. A creer que podemos. Y no solo eso, sino a entender que ya lo estamos haciendo.

A ese joven que trabaja y estudia y carga el cansancio en los hombros. A esa madre que camina cada día para tomar un bus, para llegar a su trabajo, para traer bendiciones a su casa.

A ese emprendedor que da empleo y termina sin plata en su bolsillo. A esa persona que busca trabajo y no lo consigue.

A quienes están al margen de la ley y quisieran salir. A todos ustedes —y al resto— quiero decirles algo simple y profundo:

Sí podemos. Yo he ido pudiendo.

No ha sido fácil. Pero cada vez vamos pudiendo más.

Porque todos podemos. Y todos —sin excepción— merecemos.

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