Colombia alcanza niveles críticos: el 33% del gas consumido ya es importado

La dependencia de gas extranjero escaló al 33% en la primera semana de julio, evidenciando la fragilidad del suministro nacional.

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El Hecho: Colombia alcanza un nivel crítico de dependencia energética, con el 33% del gas consumido durante la primera semana de julio proveniente de fuentes importadas.

¿Por qué es importante?: El declive de la producción nacional y la presión climática por El Niño ponen al sistema al límite, obligando a las plantas térmicas a operar al máximo.

¿Cuál es el contexto?: La importación de gas escaló del 21% en enero al 33% en julio de 2026, agotando la capacidad de la infraestructura de regasificación existente.

¿A quiénes afecta y cómo?: Impacta a todos los sectores; analistas estiman posibles incrementos en las tarifas de energía para los consumidores finales de entre el 5% y el 15%.

El dato que no se puede perder: Los embalses solo tendrían capacidad para cubrir la demanda eléctrica durante 2 meses de plena generación, haciendo inminente la ampliación de la capacidad de GNL.

El sistema energético colombiano atraviesa un punto de inflexión crítico. La combinación de una producción nacional de gas en declive y una creciente presión por la demanda eléctrica, exacerbada por la inminente llegada del fenómeno de El Niño, ha obligado al país a mirar hacia el exterior con una intensidad sin precedentes. Según datos recientes, casi el 30% del gas consumido en Colombia durante el primer semestre de 2026 fue importado, una cifra que sigue escalando peligrosamente.

Panorama general: La tendencia es clara y preocupante. Si bien el año comenzó con una participación del gas extranjero del 21%, el termómetro de la dependencia ha subido de forma sostenida: 23% en febrero, 24% en marzo y 25% en abril. La situación se aceleró en mayo, cuando alcanzó el 29%, para luego saltar al 31% en junio. La primera semana de julio marca un hito: uno de cada tres metros cúbicos de gas consumidos en el país (33%) proviene de fuentes externas.

Este escenario ha encendido las alarmas en el sector, donde voces expertas advierten sobre la fragilidad del abastecimiento. Sandra Fonseca, exdirectora de Asoenergía, es enfática al señalar que el mercado está operando al límite. “No hay suficiente gas para cubrir toda la demanda. Ya existen tensiones evidentes entre la industria, las generadoras térmicas, los usuarios residenciales, el sector transporte y la producción de hidrocarburos”, advierte Fonseca.

La experta añade un dato no menor: ante una sequía prolongada, los embalses del país tendrían capacidad para atender la demanda eléctrica a plena generación durante apenas dos meses, lo que convierte a las plantas térmicas en el jugador más crítico del tablero, obligándolas a operar a máxima capacidad y, por ende, a agotar la infraestructura de regasificación disponible.

Dependencia del gas: ¿Por qué aumentarán las tarifas de energía en Colombia este 2026?

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La mayor dependencia del gas importado no solo implica riesgos operativos, sino también financieros. Al importar el recurso, el país se expone directamente a la volatilidad de los precios internacionales, las fluctuaciones de la tasa de cambio y los costos logísticos asociados al transporte marítimo y la regasificación.

Sofía Rodríguez, analista de sectores y sostenibilidad de Corficolombiana, estima que estos factores podrían trasladarse al consumidor final con incrementos en las tarifas de energía que oscilarían entre el 5% y el 15%. «Si un nuevo fenómeno de El Niño exige un aumento en la demanda similar al vivido en abril de 2024, cuando el consumo pasó de niveles normales a picos de 612 Gbtud, la demanda térmica absorbería gran parte de la oferta disponible, presionando al límite la infraestructura actual», explica Rodríguez.

Por qué es importante: Ante la urgencia, el Gobierno y las autoridades ambientales, a través de la ANLA, han comenzado a dar luz verde a proyectos estratégicos para ampliar la capacidad de recepción de gas natural licuado (GNL). Entre las iniciativas autorizadas destacan el proyecto de regasificación de los campos Chuchupa-Ballena-Riohacha, en La Guajira, y el Terminal del Servicio Público Multipropósito de Puerto Bahía, en Bolívar.

Sin embargo, el tiempo apremia. Como advierte Fonseca, una vez se alcance el límite de la infraestructura de regasificación actual, no habrá margen de maniobra, dejando al sistema eléctrico altamente vulnerable frente a cualquier fluctuación climática. Colombia se encuentra, así, en una carrera contra el reloj para asegurar su soberanía energética mientras el clima y los mercados globales ponen a prueba su capacidad de resiliencia.

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