Al inicio de 2026, Colombia aparece entre los países con los precios de gasolina más barata de América Latina, de acuerdo con un comparativo regional que analiza los valores del combustible en distintos mercados del continente.
El más reciente relevamiento de GlobalPetrolPrices.com muestra que Venezuela continúa siendo el país con la gasolina más barata de la región, con un valor cercano a los 0,035 dólares por litro. Este nivel extremadamente bajo responde a un esquema de subsidios estatales profundos que el Gobierno venezolano mantiene desde hace años para el consumo interno de combustibles.
En el otro extremo del ranking se ubica Uruguay, que registra el precio más alto de la gasolina en América Latina. El litro alcanza los 1,998 dólares, una cifra que no solo lo convierte en el mercado más costoso de la región, sino que también lo posiciona entre los países con la gasolina más cara a nivel mundial. Este resultado está asociado a una política de precios que replica casi sin subsidios la evolución internacional del petróleo y a una carga tributaria elevada.
México y Chile completan el grupo de los países con los precios más altos del combustible en la región. En el caso mexicano, el litro se sitúa alrededor de 1,427 dólares, mientras que en Chile alcanza los 1,362 dólares. Ambos valores superan el promedio mundial estimado en 1,28 dólares por litro y reflejan estructuras fiscales complejas, con escaso margen para subsidios generalizados.
Colombia se mantiene en un rango intermedio en el ranking regional de precios de la gasolina

Colombia, por su parte, se ubica en un grupo intermedio junto a economías como Costa Rica, Perú y Brasil. El precio promedio del litro de gasolina en el país ronda los 1,125 dólares, equivalente a unos 4,26 dólares por galón. Esta cifra permite que Colombia se mantenga dentro del top 15 de los países con la gasolina más barata de América Latina, por debajo de naciones como México, Chile y Uruguay, pero por encima de mercados altamente subsidiados.
Argentina también integra este segmento intermedio, con un precio cercano a los 1,159 dólares por litro. El valor argentino se explica por un esquema mixto que combina una carga impositiva relevante con una menor presencia de subsidios directos, en comparación con Venezuela o Ecuador.
Las diferencias de precios entre los países latinoamericanos no se explican únicamente por la disponibilidad de petróleo crudo. Factores como la política tributaria, los subsidios energéticos, el tipo de cambio, los costos logísticos y los modelos de regulación estatal juegan un papel determinante en el precio final que paga el consumidor.
En economías importadoras de combustibles o con finanzas públicas más ajustadas, el usuario final suele absorber una mayor proporción de los costos. En contraste, en países con una fuerte intervención estatal, el precio en el surtidor se mantiene artificialmente bajo, aunque a costa de un elevado gasto fiscal y posibles distorsiones económicas.
Para los hogares y los sectores productivos, estos precios tienen un impacto directo. El costo de la gasolina influye en el transporte, la inflación de bienes y servicios y la competitividad de industrias que dependen del combustible para su operación diaria. Por esta razón, los países con tarifas elevadas suelen enfrentar presiones sociales y políticas para moderar los aumentos o implementar subsidios focalizados.
La fotografía de los precios de la gasolina en América Latina a comienzos de 2026 refleja un equilibrio frágil entre disciplina fiscal, subsidios y condiciones del mercado internacional del petróleo. Mientras algunos gobiernos optan por precios altos para reducir déficits, otros priorizan la accesibilidad energética, aun cuando ello implique mayores costos fiscales en el mediano y largo plazo.
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