En Colombia no quisiéramos repetir la experiencia de San Vicente del Caguán

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Creemos que la nueva propuesta del presidente Gustavo Petro de plantear en medio de los diálogos de paz con el ELN, una zona de distención especifica en algún territorio es algo que en Colombia ya fracaso, que todo el país lo vio y que no vale la pena repetir.

Editorial

No sin antes mencionar que desde esta tribuna respaldamos todas las iniciativas y esfuerzos que se hagan por conseguir acuerdos que conlleven a que los colombianos tengan más seguridad, y a que Colombia mejore sus indicadores de seguridad, porque para ser francos nos alejamos mucho de la idea utópica de tener una paz, la cual en el país será imposible desde que exista el narcotráfico.

Creemos que este Gobierno, que insistimos tiene el mejor respaldo para hablar con personas al margen de la ley y proponer un proceso de paz, son ellos los llamados a que durante su mandato les entreguen unos buenos resultados a los colombianos.

Si antes el pretexto era que porque había Gobiernos de supuesta derecha en Colombia no se hacia la paz, entonces ahora que tenemos un Gobierno de izquierda esperemos que los grupos terroristas y esta administración le demuestren al país que están en la capacidad de sacar adelante un acuerdo.

Ahora bien, la propuesta del presidente Gustavo Petro de empezar con un cese territorial, en donde el Estado y el ELN no se miren ni se toquen, pero en el que cada uno tiene vía libre para hacer lo que quiera, en especial este grupo guerrillero, es un desafortunado recuerdo que los colombianos tenemos muy fresco en nuestra memoria.

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Además, que sigue existiendo un grave error en estos procesos negociación en los que no se habla de sometimiento. Se trata de un acuerdo en donde es el Estado el que casi que tiene que claudicar ante los intereses de los delincuentes. Eso es inconstitucional y va en detrimento de los beneficios de los colombianos.

El ELN, quien se encuentra en su quinto proceso de paz en los últimos 30 años y que siempre acusa factores externos y asuntos “irracionales” para no hacer la paz, no puede seguir tomándole el pelo al pueblo colombiano y el presidente Gustavo Petro tampoco puede permitir que se lo tomen a él y a su Gobierno, porque eso los va a perjudicar en gran manera.

Pero no es momento de observar factores políticos, el Gobierno es el que tiene que hacer esas cuentas y tratar de prevenirlo. Ojalá que pensando en los colombianos y no en la vanidad personal.

Como conclusión y luego de conversar con expertos para la realización de esta editorial, Colombia tiene que aprender de los procesos que ya ha hecho, de los errores que ha cometido y de los éxitos que ha conseguido; y es no enredarse más en asuntos que no van a salir bien.

No debe haber despejes territoriales, ceses al fuego supuestamente bilaterales, donde el Estado es el único que lo cumple, que ahí ya falló el Gobierno de Gustavo Petro hace unos meses. Lo único que se debe de negociar con el ELN es su entrega: el día, la hora, el lugar y los beneficios que se les va a dar por acogerse a la ley, y ellos verán si aceptan o no, y de no aceptar ya será el Estado el que debe de revisar que esfuerzos adicionales podrá hacer, pero no debe claudicar ante los intereses de una cúpula ya envejecida que solo está buscando como no morir en el monte, mientras que jóvenes cabecillas en las regiones de Colombia siguen involucrados en la minería ilegal, cobro de extorciones, secuestros, asesinatos y manejando las rentas criminales a lo largo y ancho del país.

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