Discapacidad, no incapacidad

Foto: Cortesía Pilar Lozano

Esta publicación hace parte de la tercera edición de la Revista 360, lacual puede encontrar en el siguiente enlace: https://issuu.com/revista_360/docs/revista_360_edicion_3-2


Por: Pilar Lozano – Politóloga, Consultora RSE y Social Media Management

En los últimos años el tema de la discapacidad no ha sido un asunto tan ajeno y ha ido tomando cada vez más importancia y relevancia en Colombia. Hay que reconocer que se ha avanzado bastante comparativamente si lo miramos en relación al resto de América Latina. En los últimos 10 a 15 años se han expedido una serie de leyes muy significativas que dan cuenta del reconocimiento a los derechos humanos de las personas con discapacidad, como parte del debate mundial, y la necesidad de ampliar el alcance de ciertas regulaciones en nuestra legislación, es decir, que efectivamente los derechos y las leyes pasen del papel a la práctica.

También se han ampliado y multiplicado los espacios de reconocimiento a nivel nacional, regional y local, donde la población con discapacidad tiene cada vez una mayor participación ciudadana y con posibilidad de incidencia en la política pública. Tal es el caso de la creación del Sistema Nacional de Discapacidad, y todas las instancias consultivas y participativas que de allí se derivan. Así mismo, el relanzamiento de la otrora Alta Consejería para la Discapacidad bajo la Vicepresidencia de la República que vuelve a poner al Gobierno en consonancia con lo anterior. Sin embargo, aún hay mucho desconocimiento, y no se tienen los alcances deseados en materia de incidencia, articulación y presupuesto para invertir en programas transversales que impacten significativamente a la población con discapacidad.

Como sociedad también hemos avanzado, pero aún hay mucho trabajo por hacer en materia de educación y sobre todo de comunicación. Aceptar el otro con sus diferencias, ser empáticos con las situaciones que se presentan para otros cuando nacen con una singularidad o adquieren una discapacidad, e incluso ser solidarios en los aspectos más rutinarios y comunes del día a día sigue siendo un reto. No es solo responsabilidad del Gobierno de turno, la inclusión se construye entre todos. Estamos fallando porque no hemos logrado ponernos realmente en los zapatos del otro. A la hora de hacer efectivos los derechos debemos procurar derribar tantos obstáculos y ayudar a que los caminos no sean tan espinosos.

Se necesita que la inclusión sea real y efectiva, que implique dar espacios de autonomía y la generación de proyectos de vida, que le permita a todas las personas aportar a la sociedad y no seguir siendo estigmatizados como si fuesen una carga y mucho menos ser mirados con lástima. Hay que proporcionar esas herramientas y esos espacios de oportunidad e igualdad. Hay situaciones muy sencillas en las que se puede contribuir.

Se trata de crear las condiciones para que cualquiera, con su humanidad, pueda desarrollarse, vivir, y morir habiendo pasado por la vida transformando positivamente su entorno. Es un deber que tenemos el garantizar que las personas con discapacidad puedan desarrollarse de forma integral en todos los ámbitos de la sociedad. Por eso le apuntamos a traer a la mesa varios retos que estamos trabajando e impulsando, y hacer visible desde la sociedad civil, con un sin número de historias inspiradoras por contar, y sueños por alcanzar de una población que por muchos años ha sido aislada, maltratada, rechazada e incomprendida.

En primer lugar, es importante contar con cifras actualizadas y creíbles de cuántas personas con discapacidad tenemos en el país. Hay un gran subregistro que esperamos con el censo, y que el registro de localización y caracterización se pueda mejorar y afinar para de allí poder elaborar planes y hacer proyecciones que verdaderamente lleguen a esta población. Hay que apostarle a la prevención y detección temprana. Es imperante tener un sistema de salud que mitigue riesgos y que ayude en la prevención y detección temprana ahorrando costos futuros y garantizando una sociedad más sana y mejor atendida.

Acceder a una verdadera educación inclusiva, de calidad, flexible y universal. Necesitamos que nuestros jóvenes con discapacidad tengan la posibilidad de desarrollar proyecto de vida, por ejemplo impulsar con mayor fuerza el deporte con discapacidad.Hay que educar y capacitar en la diferencia a padres, maestros, médicos, empresarios,alumnos, a todos, sobre la inclusión, que pierdan el miedo a tener alumnos con diferencias y retos especiales, o empleados en condiciones diferentes pero a través de convocatorias abiertas e inclusivas. Sigue existiendo un gran desconocimiento por parte de los ciudadanos no solo en términos de sus derechos, sino también de sus deberes y responsabilidades con una población que requiere de atención, comprensión, pero sobretodo de que se les permita tenerlas mismas oportunidades en todos los espacios y ámbitos de la vida en comunidad.

No soy experta en el tema, soy una apasionada de la solidaridad. Creo que la discapacidad está en los obstáculos que una sociedad antepone para que todos puedan acceder a las mismas cosas. Avancemos, si las condiciones están dadas, todos, absolutamente todos, veremos que la discapacidad no es incapacidad, es también oportunidad.