En Tununguá, Boyacá, entre enero y julio de este año nació un solo niño. Uno.
Lo mismo ocurrió en Tutazá, también en Boyacá; en El Guacamayo, Santander; en Recetor, Casanare; en La Guadalupe, Guainía, y en Puerto Alegría, Amazonas. Seis municipios colombianos con un único nacimiento en siete meses.
Detrás de esa cifra hay una escuela que se queda sin primer grado, un parque sin columpios ocupados y un pueblo que, en silencio, empieza a apagarse. Esa es la verdadera noticia del más reciente informe de Estadísticas Vitales del DANE.
Un tercio menos en una década
Las cifras son contundentes. En 2025 nacieron en Colombia 441.537 niños, el número más bajo de la última década. En 2017 habían nacido 656.704. En menos de diez años el país perdió casi un tercio de sus nacimientos: más de 200.000 niños menos al año.
La tasa global de fecundidad llegó a 1,0 hijos por mujer, la más baja en veinte años, cuando para mantener una población estable se necesitan 2,1.
Hay quienes celebraron un dato de 2026: entre enero y julio nacieron 253.175 niños, 3.776 más que en el mismo periodo del año anterior, un alza del 1,5 por ciento. Es el primer aumento desde 2017.
Pero conviene no engañarse. Los propios expertos de Anif y Fedesarrollo advierten que es muy temprano para hablar de un cambio de tendencia; puede tratarse, simplemente, de parejas que aplazaron la decisión y ahora la concretan. Mientras tanto, las defunciones crecieron 4,8 por ciento en el mismo lapso. En 2025 murieron 284.254 personas y el crecimiento natural de la población fue el más estrecho del que haya registro.

Un problema sin reversa
Aquí está lo que hace de este un problema distinto a todos los demás: no tiene reversa. Los niños que no nacieron entre 2017 y 2025 ya no nacieron. No habrá política pública, subsidio ni decreto que los traiga de vuelta.
Dentro de veinte años no estarán en las universidades ni en las empresas. Dentro de cuarenta no estarán cotizando para sostener las pensiones de quienes hoy tienen treinta.
“Los niños que no nacieron ya no nacieron. No habrá política pública, subsidio ni decreto que los traiga de vuelta.”
Colegios vacíos, pueblos que se apagan
Los efectos ya no son una proyección. Son una realidad. En Bogotá cerraron 35 colegios privados para este año, y la cuenta supera los 400 en seis años.
- De los 1.103 municipios del país, 738 registraron cien nacimientos o menos entre enero y julio.
- 115 municipios registraron diez o menos.
- Caldas tiene una tasa de fecundidad de 0,7 hijos por mujer; Bogotá y Nariño, de 0,8.
Hay regiones enteras donde, sin decirlo, ya se está decidiendo qué pasará con el hospital, con la escuela y con la plaza de mercado cuando no haya quién las use.
El Gobierno nacional debería estar mirando esos mapas con lupa. La planeación de colegios, hospitales, infraestructura y, sobre todo, del sistema pensional, no puede seguir haciéndose con la foto de un país que ya no existe. Un régimen de reparto que depende de que los jóvenes coticen para pagar las mesadas de los mayores es, en un país con cada vez menos jóvenes, una bomba de tiempo.
No es obligar, es preguntar
Este editorial no pide que el Estado le diga a nadie cuántos hijos tener. Esa es una decisión íntima, de la pareja y de la familia, y así debe seguir siendo. La pregunta que sí debemos hacernos como sociedad es otra: ¿por qué, pudiendo y queriendo, tantos colombianos sienten que no pueden?
La respuesta es incómoda, pero evidente. Tener un hijo hoy es mucho más difícil y mucho más costoso que hace una generación. La vivienda está lejos del alcance de un salario joven. El empleo formal es escaso y la informalidad no da certezas. La inflación se come el ingreso.
Miles de jóvenes profesionales, con título y todo, no han podido salir de la casa de sus padres. Es apenas natural que alguien que no logra sostenerse a sí mismo diga: ¿cómo voy a sostener a un niño?
La demógrafa Ángela Vega, de la Universidad Javeriana, lo resumió con precisión: una cosa es cuántos hijos quieren tener las personas y otra cuántos pueden tener, dadas sus condiciones de vida. Y añadió un dato que debería inquietarnos: si una mujer tiene su primer hijo a los 37 años, la probabilidad de un segundo es mínima.
La desigualdad detrás de la cuna
Hay otra verdad que casi nadie se atreve a decir en voz alta, y que conviene abordar con respeto y con datos: la caída no es igual en todas partes.
La fecundidad se desploma en las ciudades y en las regiones con más educación y mayor costo de vida, mientras se mantiene en dos hijos por mujer en Vaupés y en 1,8 en La Guajira. Y aunque el embarazo adolescente ha bajado de manera importante, entre enero y julio de 2025 una de cada siete madres era todavía una niña o una adolescente.
La pregunta de fondo no es solo cuántos niños nacen, sino en qué condiciones nacen y qué oportunidades tendrán. Esto no es un señalamiento: es una alerta sobre la igualdad de oportunidades.
Colombia no es la excepción. Es una tendencia global que golpea a Europa, a Asia y a buena parte de América Latina. Pero la velocidad con la que nos está ocurriendo no tiene precedentes: lo que a otros países les tomó medio siglo, a nosotros nos está tomando una década.
Hacer posible la familia
La solución no está en campañas sentimentales ni en bonos por bebé. Está en construir un país donde formar una familia vuelva a ser un proyecto posible: empleo formal, vivienda asequible, seguridad en las calles, un Estado que no se coma con impuestos el ingreso de los jóvenes y una economía que crezca de verdad.
La familia es la primera institución de la sociedad. Cuando se vuelve un lujo, la sociedad entera empieza a envejecer sin relevo.
En Tununguá nació un niño. El país entero debería preguntarse qué le va a ofrecer. Porque los que no nacieron ya no nacieron. Lo único que podemos decidir, desde hoy, es qué clase de país encontrarán los que sí lleguen.
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