El Congreso se independizó de Petro

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La reforma política tenía herramientas para que Petro se convirtiera en amo y señor incuestionable comprando la voluntad del Congreso de la República.


Por: Saúl Hernández Bolívar-@SaulHernandezB

En La zorra y las uvas, la conocida fábula de Esopo, la zorra se justifica por no poder obtener un racimo que estaba fuera de su alcance con la ironía de que esas uvas estaban verdes, muy agrias y, por tanto, de mal sabor. Una excusa con la que, de alguna manera, la zorra se engaña a sí misma pero, primordialmente, trata de engañar a los demás haciéndoles creer que renuncia a las uvas de manera voluntaria y no porque no las pueda coger.

Sin duda, eso es lo que pasó la semana anterior con la caída de la reforma política, la primera gran derrota del gobierno Petro. Resulta que, en la Comisión Primera del Senado, el proyecto solo tenía respaldo de dos senadores petristas y había votos suficientes pero para hundirlo. Ahí fue cuando salieron tres grandes zorros como Roy Barreras, el MinInterior Alfonso Prada y el mismísimo Gustavo Petro a anunciar que era mejor retirar el proyecto porque este no cumplía el objetivo de tener listas cerradas para las corporaciones públicas, ni de establecer igualdad de curules para hombres y mujeres, y financiación estatal de las campañas.

Incluso, Petro se atrevió a decir que, por tanto, la reforma «no aporta un avance en la calidad de la política», cuando, en realidad, Petro quería esa reforma y la necesitaba, y sus compinches estaban jugados en la decisión de dársela porque era un paso decisivo en la consolidación del Pacto Histórico como la gran coalición del poder en Colombia, tanto en lo nacional como en lo regional. Es decir, «las uvas están verdes».

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Para el efecto, la reforma tenía todo un arsenal de herramientas para lograr que Petro se convirtiera en amo y señor incuestionable comprando la voluntad del voraz Congreso de la República, incluyendo tanto partidos de gobierno como de oposición. Por ejemplo, se quería permitir que los congresistas pudieran ser ministros o embajadores y luego regresar a su curul si aun no hubiere terminado su periodo cuando la palomita se les acabara. Sin duda, una manera anómala de estimular a los congresistas para votar afirmativamente los proyectos del gobierno. Y qué decir de permitir el transfuguismo, un ardid para fortalecer el Pacto Histórico aplicándoles sobredosis de mermelada a los parlamentarios diabéticos para cooptarlos por parte de la coalición petrista.

Pero había cosas peores. El proyecto les permitía a los congresistas lanzarse a gobernaciones y alcaldías de manera inmediata sin renunciar un año antes de la votación como ocurre hoy. Con ello, el Pacto Histórico buscaba alcanzar el poder regional con varias de sus figuras, hoy concentradas casi todas en el Legislativo, por lo que en las regiones podrían sufrir un descalabro en las elecciones de octubre que pretendían evitar.

Como si fuera poco, el proyecto contemplaba algo aún más grave. Al aprobarse las listas cerradas, cosa que mucho se ha reclamado por años, se proponía que los actuales congresistas encabezaran las listas cerradas de sus respectivos partidos en 2026, lo que supondría una reelección automática. Con semejante gabela no cuesta nada imaginar que el agradecimiento de casi todos los congresistas se manifestaría en votos de apoyo a los proyectos del gobierno durante varias legislaturas. Una movida, si no fuera por lo maligna, verdaderamente genial.

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Por fortuna, el Congreso dio muestras de sindéresis e independencia y se negó a apoyar semejante esperpento. Algo similar ocurrió con el Plan Nacional de Desarrollo, en el que las comisiones conjuntas negaron 14 facultades extraordinarias de las 28 que Petro ha solicitado a través de varias leyes, incluyendo las reformas de la salud, laboral, pensional y de paz total, etc., las cuales deberían negarle en su totalidad. Ese también debería ser el camino de las reformas que se tramitan porque son claramente lesivas para el país y no son para mejorar sino para sembrar el caos absoluto.

El futuro del país pasó a depender en gran medida de una institución en la que nadie cree como es el Congreso de la República, que ahora tiene una oportunidad histórica para congraciarse con los colombianos tomando las decisiones correctas así no sea por sensatez sino por conveniencia. Es que un ministerio para María Paz, no compensa la hecatombe de perder el poder y la democracia para siempre, así fuere un encargo vitalicio.

Por el mismo autor: La algarabía del gobierno Petro

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