El mapa de Colombia se está transformando en silencio. Las cifras más recientes de Estadísticas Vitales, presentadas por el DANE, revelan un fenómeno que especialistas ya califican como una «transición demográfica acelerada»: en el 53,7% de los municipios del país (equivalente a unos 595 territorios), el número de nacimientos anuales no alcanza los tres dígitos. En estas localidades, están naciendo menos de 100 bebés al año, una cifra que enciende las alarmas sobre el futuro relevo generacional en las regiones.
Durante el último año fiscal analizado (2025 preliminar), el total de nacimientos en Colombia se situó en 433.678, lo que representa la cifra más baja reportada en la última década. Esta caída del 4,5% respecto al año anterior confirma que el país ha entrado en una fase donde la tasa de fecundidad está por debajo del nivel de reemplazo poblacional (estimado en 2,1 hijos por mujer).
¿Un país sin jóvenes? El impacto económico de la histórica baja de nacimientos según el DANE
La directora del DANE, Piedad Urdinola, ha sido enfática al señalar que este no es un fenómeno aislado. La reducción en la intensidad de los nacimientos se refleja con especial crudeza en las zonas rurales y municipios pequeños, donde la combinación de migración juvenil hacia las ciudades y el cambio en las prioridades de vida está dejando cunas vacías.

«Proyectamos que entre 10 y 12 años habrá una inversión de la pirámide y, formalmente, Colombia será un país envejecido», advirtió la funcionaria. Esta realidad sugiere que, en el corto plazo, el país dejará de percibir el llamado «bono demográfico» para enfrentarse a un «impuesto demográfico», donde habrá menos personas en edad de trabajar para sostener a una población mayoritaria de adultos mayores. El informe del DANE identifica varios factores determinantes que explican esta «sequía» de recién nacidos en más de 500 municipios:
Postergación de la maternidad: El nivel educativo y la mayor participación laboral de las mujeres han desplazado la edad del primer hijo. Hoy, la tasa de fecundidad más alta se concentra en el grupo de 25 a 29 años, desplazando al de 20 a 24 años. Caída del embarazo adolescente: Una noticia positiva en términos sociales, pero que impacta el volumen total de nacimientos. Los embarazos en menores de 19 años han registrado descensos cercanos al 17%. Incertidumbre económica: El costo de vida y las expectativas de futuro tras la pandemia han modificado las decisiones familiares, priorizando la estabilidad financiera sobre la crianza.
Más allá de lo social, esta reducción tiene un impacto directo en la economía de los entes territoriales. Las transferencias nacionales que reciben los municipios a menudo dependen del volumen poblacional proyectado. Al nacer menos personas, el recaudo y la asignación de recursos para salud y educación podrían verse comprometidos, obligando a una reestructuración de las políticas públicas locales.El desafío para el gobierno nacional y las administraciones locales será adaptar un sistema diseñado para una población joven a una realidad donde los parques infantiles podrían empezar a sobrar mientras las necesidades de atención geriátrica se disparan.
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