El Ministerio del futuro: una arquitectura para la Colombia digital

En mayo de 2026 Estados Unidos destinó más de 2.000 millones de dólares en subsidios a nueve empresas de computación cuántica. China, mientras tanto, puso esa misma tecnología en el primer lugar de su plan quinquenal, con cerca de 15.000 millones de dólares en fondos estatales.

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Colombia, en cambio, abrió una convocatoria de Minciencias de apenas 24.000 millones de pesos,
unos 6 millones de dólares, para repartir entre proyectos de inteligencia artificial y computación
cuántica. Esa diferencia de escala explica por qué Colombia ocupa el puesto 54 entre 134
economías en el World Digital Competitiveness Ranking 2025 del IMD, con apenas 49,66% de
preparación para el futuro. Para cerrar esa brecha, el país necesita un Ministerio de Tecnologías
que actúe como arquitecto de la transformación digital en cinco frentes: financiar y destrabar
infraestructura, proteger la infraestructura como activo de seguridad nacional, gobernar los datos
y la IA, construir redes autónomas y sostenibles, y ganar un lugar en la cooperación internacional
que reparte conocimiento y capital. Hoy esas cinco tareas están repartidas entre dos ministerios
que casi no se hablan: MinTIC administra la conectividad, Minciencias financia con cuentagotas
la inteligencia artificial y la computación cuántica, como ya se vio. El Ministerio del futuro no es
una entidad nueva: es la fusión de ambos en una sola cartera, con presupuesto y mandato
unificados.

Esta brecha no es abstracta. Si Colombia no adopta cifrado resistente a computadores cuánticos ni
acelera la inteligencia artificial, el costo lo pagan los colombianos: datos expuestos, salarios
estancados y una productividad rezagada frente a la región, en tres a cinco años.
El dinero público del sector depende de un solo instrumento, y eso es un problema. El Fondo Único
de Tecnologías de la Información y las Comunicaciones concentró el 92,3% del presupuesto de
inversión pública TIC entre abril y junio de 2024, cerca de 2,97 billones de pesos, según el
Departamento Nacional de Planeación. Como ese ingreso depende del espectro radioeléctrico,
volátil, limitarlo al 30% de la financiación anual e incorporar indicadores reales lo convertiría en
un instrumento serio. El mismo problema aparece en los impuestos, como el alumbrado público
en antenas o la contraprestación por redes, hoy superior a la media regional, mientras el despliegue
físico sigue fragmentado en más de 1.100 trámites municipales.
La infraestructura digital necesita protección como activo de seguridad nacional, no como servicio
público más. Pero hoy Colombia está apenas en el nivel intermedio del Índice Global de
Ciberseguridad 2024 de la UIT, con al menos 20 equipos de respuesta a incidentes y coordinación
limitada, según el Banco Mundial. Una ley que cree una autoridad nacional de ciberseguridad y
fortalezca el ColCERT cerraría esa brecha institucional. El hurto y el vandalismo de redes, que
dejan sin servicio a hospitales y colegios, exigen además unidades fiscales especializadas con
evidencia digital.

La adopción de inteligencia artificial, cómputo en la nube y edge computing, que procesa datos
cerca de donde se generan, depende de reglas claras sobre esos datos. Colombia actualizó su marco
de protección de datos en 2012 y necesita ajustarlo a estándares internacionales más exigentes.
Evitar que se obligue a guardar los datos solo en el país es clave para que el CONPES 4144 de
2025, la política nacional de IA, funcione. Por eso ayudan los sandbox regulatorios, que dejan
probar estas tecnologías bajo supervisión antes de que exista una norma.
Las redes del futuro tampoco van a operar como las de hoy. En Europa y Asia ya se prueban redes
autónomas, que se configuran, optimizan y reparan solas con inteligencia artificial. Colombia, en
cambio, sigue con mantenimiento manual: más costo y menos confiabilidad en las zonas apartadas.
A eso se suma la energía: en el índice verde del Global Digitalization Index 2024, que mide el
avance digital de 77 países, Colombia obtuvo apenas 19,2 puntos, posición 49 global. Una política
de infraestructura digital sostenible, con energía solar y eólica, resolvería a la vez la confiabilidad
y la sostenibilidad.
Ningún país cierra solo la brecha de las tecnologías de frontera, y por eso la cooperación
internacional importa tanto como el presupuesto propio. La Unión Europea será invitada de honor
en ANDICOM 2026, y ya es el mayor inversionista extranjero del sector tecnológico colombiano,
con 22% de la inversión directa y más de 120.000 empleos. Colombia también firmó la
Recomendación de la OCDE sobre IA, un paso que debe volverse concreto: una oficina
permanente de cooperación tecnológica, no reuniones protocolarias anuales.

Ninguna de estas cinco capacidades funciona sin talento, y ahí Colombia tiene tarea pendiente.
Solo el 30,8% de los colombianos sabe usar fórmulas en hojas de cálculo y apenas el 9,3% domina
un lenguaje de programación, según la Encuesta de Calidad de Vida del DANE 2024. Por eso un
CONPES de educación digital, con pensamiento computacional desde la educación básica y
bilingüismo, es la base sin la cual las otras capacidades no tienen quién las ejecute.
Un ministerio del futuro no es un cambio de nombre. Es fusionar MinTIC y Minciencias para
manejar el presupuesto con disciplina, proteger la infraestructura como activo estratégico,
gobernar los datos con reglas modernas, construir redes autónomas y sostenibles, y posicionar al
país en la cooperación tecnológica. Todo eso depende del talento capaz de operarlo. Colombia ya
tiene el diagnóstico y buena parte de las herramientas legales. Lo que falta es ejecutar con
continuidad y mirar hacia donde ya se movió el resto del mundo

Por Andrés Felipe Gaviria Cano
17 de julio de 2026

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