El terremoto que golpeó varias regiones de Colombia no habría generado un impacto directo sobre la producción nacional de café, aunque sí dejó afectaciones importantes entre familias cafeteras y puso en evidencia otros riesgos para el sector. Así lo explicó Germán Bahamón, gerente de la Federación Nacional de Cafeteros (Fedecafé), en declaraciones entregadas a Reuters.
El dirigente señaló que la principal preocupación para la cosecha de este año está relacionada con el comportamiento del clima. Las lluvias registradas durante los primeros meses de 2026 y el inicio del fenómeno de El Niño podrían llevar la producción anual a unos 12,5 millones de sacos de 60 kilos, una cifra 8 % inferior a la registrada en 2025.
Bahamón explicó que, aunque el movimiento telúrico afectó territorios cafeteros, el daño sobre la producción como tal ha sido limitado. La situación es diferente para las familias que dependen de la actividad, especialmente aquellas que perdieron sus viviendas o instalaciones utilizadas para procesar el grano.
El Niño se convierte en la principal preocupación para Fedecafé
El fenómeno de El Niño se caracteriza por un calentamiento anormal de las aguas del Pacífico ecuatorial y puede modificar los patrones de lluvia y temperatura. En Colombia, este comportamiento suele estar asociado con periodos más secos y temperaturas elevadas, condiciones que pueden generar dificultades para diferentes cultivos.
Los departamentos de Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío, Caldas y Antioquia concentran cerca de cuatro millones de sacos de producción cafetera. En estas regiones, la Federación identificó inicialmente unas 10.500 familias cafeteras afectadas por el terremoto.
De ese grupo, alrededor de 8.000 reportaron daños parciales o totales en sus viviendas o en los llamados beneficiaderos, instalaciones fundamentales para procesos como el despulpado, fermentación, lavado y secado del café.
Para Bahamón, estas afectaciones constituyen una emergencia adicional para el sector. Por ello, la Federación prevé trabajar junto al Gobierno Nacional en un programa de reconstrucción y asistencia para los productores damnificados.

Entre las alternativas está la compra del café en cereza, es decir, recién recolectado y sin pasar por los procesos habituales de beneficio. Esta medida permitiría que los productores afectados puedan mantener ingresos mientras recuperan las instalaciones necesarias para procesar su cosecha.
En materia logística, el panorama es más favorable. Las exportaciones de café a través de Buenaventura recuperaron la normalidad después de una interrupción temporal ocasionada por las revisiones de seguridad y algunos cierres en las vías de acceso.
El puerto concentra alrededor del 60 % de las exportaciones colombianas de café, por lo que mantener operativa esta infraestructura resulta fundamental para la cadena comercial.
A estos desafíos se suma el comportamiento del peso colombiano. Bahamón advirtió que la apreciación de la moneda frente al dólar está reduciendo los ingresos que reciben los productores por cada carga de café.
Colombia produjo 13,7 millones de sacos en 2025 y exportó 13,1 millones. Para 2026, el pronóstico apunta a una producción menor, principalmente por las condiciones climáticas.
El hecho: Fedecafé descartó que el terremoto sea el principal factor detrás de la reducción prevista en la cosecha de 2026 y señaló al clima como el mayor riesgo.
¿Por qué es importante? Porque la producción cafetera sostiene los ingresos de cientos de miles de familias y representa una de las principales actividades agrícolas del país.
¿Cuál es el contexto? Colombia enfrenta las consecuencias del terremoto mientras los caficultores también deben prepararse para posibles efectos asociados con El Niño y la fortaleza del peso.
¿A quiénes afecta y cómo? A unas 540.000 familias que dependen de la actividad cafetera, especialmente a los productores de las regiones afectadas por el sismo y a quienes enfrentan condiciones climáticas adversas.
¿Qué intereses hay en juego? La prioridad es recuperar las instalaciones de los productores damnificados, mantener las exportaciones y reducir el impacto de las condiciones climáticas y cambiarias sobre los ingresos cafeteros.
Dato clave: Fedecafé proyecta una producción de 12,5 millones de sacos en 2026, frente a los 13,7 millones registrados durante 2025.