El Hecho: La Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP) presentó el estudio económico ‘Combustibles líquidos: pilar de seguridad energética. Contexto del sector en 2025 y expectativas a 2031′, advirtiendo sobre la vulnerabilidad del país y el rol del diésel y la gasolina como amortiguadores ante crisis climáticas.
¿Por qué es importante?: Expone que un fenómeno de El Niño severo (similar al de 2016) elevaría la participación del diésel en la generación eléctrica hasta el 9%, un 30% superior a la demanda normal, exigiendo importaciones masivas y una planeación logística anticipada para evitar un racionamiento.
¿Cuál es el contexto?: Las finanzas del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) enfrentan un nuevo desequilibrio en 2026 debido al repunte del crudo, con subsidios de $1.500 por galón para la gasolina y $8.000 para el diésel, proyectando un déficit acumulado de $6 billones al cierre de diciembre.
¿A quiénes afecta y cómo?: Involucra la estabilidad energética nacional, el transporte, la industria y las finanzas públicas, destacando que el sector representa el 1,5% del PIB y genera $10 billones en recaudo tributario proyectado para 2026, además de 248.000 empleos.
El dato que no se puede perder: Durante el estudio, el presidente de la ACP, Frank Pearl, enfatizó que fortalecer el abastecimiento de combustibles líquidos equivale a blindar la soberanía y seguridad energética del país frente a contingencias climáticas.
Cuando los embalses del país tocan fondo y la generación hidroeléctrica flaquea, la estabilidad de Colombia pende de un hilo muy fino: los combustibles líquidos. Lejos de ser meros energéticos para el transporte diario, el diésel y la gasolina se han transformado en el amortiguador estratégico que impide que el sistema eléctrico colapse en momentos de crisis climática. Así lo advierte la Asociación Colombiana del Petróleo y Gas (ACP) en su más reciente entrega económica, un documento que expone las luces y sombras de un sector vital para la soberanía nacional.
El estudio, bautizado bajo el título ‘Combustibles líquidos: pilar de seguridad energética. Contexto del sector en 2025 y expectativas a 2031’, pone sobre la mesa una advertencia que el Gobierno nacional y los actores del mercado no pueden pasar por alta: sin una planeación logística robusta y un marco regulatorio predecible, el país camina hacia una vulnerabilidad sin precedentes.
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9% de participación tope estimada para el diésel en la generación eléctrica bajo un fenómeno de El Niño severo.
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$10 billones en recaudo tributario proyectados para el sector al cierre del presente año 2026.
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1,6% de tasa promedio de crecimiento anual esperada en el consumo de combustibles hasta 2031.
ACP advierte que los combustibles líquidos son el pilar de la seguridad energética en Colombia

La memoria institucional todavía guarda cicatrices profundas del ciclo de El Niño vivido entre 2023 y 2024. En aquel intervalo, la quema de diésel en plantas térmicas aportó entre un 2% y un 6% de la energía eléctrica consumida en el territorio nacional. No obstante, el reporte advierte que un episodio climatológico de dimensiones similares al registrado en 2016, etiquetado formalmente como «muy fuerte», dispararía la exigencia sobre el parque térmico hasta alistar cerca del 9% de la generación total de electricidad.
Traducido a términos operativos, este salto equivale a absorber de golpe un volumen de combustible un 30% superior al que el mercado procesa en condiciones de normalidad. Se trata de un reto monumental que rebasa la capacidad de refinación interna, obligando a coordinar importaciones masivas y cadenas logísticas internacionales con meses de anticipación. Ignorar esta programación deja al país expuesto a un racionamiento eléctrico con derivaciones económicas y sociales catastróficas.
«Los combustibles líquidos hacen posible que Colombia se mueva todos los días. Están presentes en el transporte de personas y mercancías, la aviación, la producción de alimentos, la industria y muchos servicios esenciales. Por eso fortalecer su abastecimiento es fortalecer la seguridad energética del país.», Frank Pearl, presidente de la ACP.
Por qué es importante: El peso específico del sector dentro de la arquitectura macroeconómica colombiana es indiscutible. Durante el año 2025, esta actividad concentró cerca del 1,5% del Producto Interno Bruto (PIB), canalizó inversiones directas por $3,1 billones, aseguró 248.000 puestos de trabajo y transfirió $9,7 billones al fisco por concepto de impuestos. Las proyecciones indican que, al cierre de este 2026, los aportes tributarios rozarán la marca de los $10 billones, un soporte financiero vital tanto para el Gobierno central como para las regiones.
A pesar de esta robustez fiscal, las finanzas del Fondo de Estabilización de Precios de los Combustibles (FEPC) vuelven a encender alarmas. Tras un periodo transitorio de alivio en 2025, el repunte de las cotizaciones internacionales del crudo en el primer semestre de 2026 reactivó los desequilibrios. Con subsidios calculados en unos $1.500 por galón para la gasolina y en unos impactantes $8.000 por galón para el diésel, el déficit acumulado del mecanismo amenaza con trepar hasta los $6 billones hacia diciembre, reavivando discusiones incómodas sobre su sostenibilidad fiscal.