La necesidad de creer en algo

Como país, hemos enfrentado años extremadamente complicados, en los cuales no hemos vivido un solo día de paz y nuestra economía ha sido tambaleante y tenemos la necesidad de creer en algo. Lamentablemente, la confrontación ideológica ha escalado como nunca antes.

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Recordamos a los argentinos hace no menos de 2 años, cuando se les cuestionó por celebrar una Copa del Mundo con tanta euforia, emoción y felicidad, a pesar de enfrentar un país envuelto en criminalidad, hiperinflación, desorden administrativo, en una desconfianza institucional y una serie de problemas que eran cotidianos para los argentinos.

Para muchos desde un punto de vista racional no se entendía cómo podían estar de fiesta ante un panorama tan desolador. Pero nos quedamos con la respuesta de un argentino cerca del obelisco que decía «los argentinos por eso precisamente es que tenemos que creer en algo, y creímos en algo y nos dio la única alegría, éramos un país anhelante y necesitados por una alegría». Ya luego se podrá cuestionar el carácter de la celebración o el motivo, sino corresponde a este editorial, pero traemos este ejemplo a colación porque nosotros sí creemos que a Colombia le está haciendo falta una razón para creer, un motivo.

A Colombia le hace falta una ilusión, le hace falta motivación a este país que ha sufrido tanto. Hay que encontrar la forma de darle alegría, no devolverla realmente. Por más que en algún momento hayamos supuestamente sido» el país más feliz del mundo», seguramente no hay nada más lejano que eso por varios motivos que todos conocemos.Un país en donde, pues, la precariedad laboral es abundante, donde la seguridad ciudadana no existe, donde la tranquilidad para vivir una vida, medianamente esperanzadora y lejana de peligros y amenazas, es difícil.

De manera que Colombia ha sido un país que ha logrado regenerarse desde peores situaciones a las que vivimos hoy, de eso no tenemos duda y es un logro gigantesco de Colombia. Pero no por eso, tenemos que dejar de ver lo que hoy, como sociedad, estamos atravesando. Un aumento de las enfermedades de carácter emocional, la salud mental, el estrés, la preocupación, el desasosiego, la incertidumbre, ese tipo de elementos que son tan nocivos para la salud humana y que, lastimosamente, hace presencia cada vez más en la vida de los colombianos.

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No vamos a exponer aquí motivos políticos, ni vamos a mencionar a quienes casi siempre son el tema de conversación. Hablamos como colombianos, como una empresa que observa la economía, las personas, las sociedades y sus conversaciones. Tenemos la posibilidad de sostener diálogos con líderes de todos los sectores y encontramos necesario hacer un llamado para decir que necesitamos algo en que creer. Y no pensamos en lo político, ni siquiera en la selección de fútbol, pero sí necesitamos, como país, conectarnos por primera vez en muchos años en unos propósitos fundamentales que nos involucren, nos dialoguen y nos importen a todos, defendiéndonos por igual, acudiendo al sentido común y tratando de deshacer esa frase de que no hay nada menos común que el sentido común.

Debemos apelar al razonamiento lógico del ser humano, a nuestros profesionales magníficos y a sus enormes capacidades, para que sigan haciendo lo mejor por ellos mismos, por sus familias y por su país.

Colombia necesita tratar de avanzar sobre esa crispación política, sobre esa pelea permanente, o esa polarización que genera tanta rabia, tanto odio, hoy el país tiene retos gigantescos en materia de empleo, de sus líderes empresariales, de crecimiento económico, de superar la inflación que sigue siendo altísima, de volver a tener sus ciudades limpias, bonitas, organizadas, seguras, con movilidad fluida con eficiencia.

Todo lo anterior que garantice una buena calidad de vida y creemos nosotros, y con esto cierro la editorial, que la única forma de conectarnos bajo ese propósito es echando mano a ese viejo llamado a que cada uno haga lo mejor posible todos los días de su vida, desde donde esté, como esté, con quién esté y en el momento que sea.

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