La realidad que hoy acecha al turismo en Medellín: drogas, prostitución y tráfico de niños

El caso en el que el ciudadano estadounidense Timothy Alan Livingston fue encontrado junto con dos menores de edad en el Hotel Gotham en el Poblado en Medellín, prendió unas alarmas que para muchos, lastimosamente, no son nuevas, solo que los casos no son conocidos.

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Todos los casos, todas las situaciones en donde se viole la ley y, más aún, cuando hay menores de edad involucrados, son sumamente graves, atroces y muy delicados. Tienen unos daños que aún la sociedad no dimensiona y, lamentablemente, Medellín está conociendo muy poco de estas situaciones que ponen en vilo la integridad, la vida, la salud mental y la estabilidad de muchísimas personas y familias en Medellín.

¿Por qué? Porque es cierto que ha habido un aumento inusitado en el turismo de la ciudad en los últimos tres años, no solamente un turismo que ha llegado por cuestión de días o semanas, sino muchos que han llegado de manera permanente o en estancias medias. No se puede generalizar: no todos los turistas o extranjeros foráneos que están en Medellín son drogadictos y acuden a los servicios sexuales de menores de edad. Sería un exabrupto decirlo o, por lo menos, considerarlo.

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También es cierto que muchos turistas, lamentablemente la mayoría, solo vienen a Medellín como un lugar en el cual pueden venir a desquiciarse unos cuantos días, a consumir drogas sin control, a pagar servicios sexuales de mujeres, tanto mayores como menores de edad, y a hacer todo aquello que en sus países no se les permite, convirtiendo a Medellín en una Sodoma y Gomorra.

En una ciudad donde lo que está ocurriendo con los alquileres no es solo porque un puñado de turistas decidió venir a vivir a Medellín. Estos contrastan con la situación de los hoteles regulados, legales, debidamente constituidos, vigilados y con altos estándares de servicio, calidad y seguridad, pues han tenido un comienzo de año muy malo a nivel de ocupación hotelera. Y, claro, ¿por qué? Porque muchos turistas prefieren pagar un apartamento o una casa donde pueden ingresar muchas personas, entre ellas menores de edad, cosa que no pueden hacer en un hotel certificado.

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Entonces, hoy en día, los extranjeros pagan más o pagan lo mismo que en un hotel, pero en otro tipo de casas y apartamentos porque se les permite hacer todo, ya que no tienen ningún control y nadie los va a molestar. Aquí retomamos la sentencia que había hecho el alcalde Federico Gutiérrez hace unas semanas, la cual fue tan atacada, cuando dijo que iba a regular las instancias cortas en Medellín. Y es que tenía toda la razón.

En definitiva, se tiene que prohibir que se arriende por menos de tres meses un apartamento a cualquier tipo de extranjero, y más aún si en esa propiedad está prohibido tajantemente los subalquileres o las rentas cortas.

Si los turistas quieren venir a Medellín, que lo hagan de una manera decente, legal, respetuosa, debidamente acoplada a la ley y a las instituciones, respetando la integridad de los niños y adolescentes, y también cuidando la ciudad. Porque esto no va solamente del caso que conocimos, que la ciudad conoció, y que fue lamentable.

Es que todos los días estamos viendo cómo aumenta la prostitución en las calles y, claro, no es ningún secreto que la venta de droga está en aumento, al igual que la distorsión de los precios de alquileres y comida. El costo de vida en Medellín está por las nubes, está por encima de Bogotá, y esto es una burbuja, una bomba de relojería que cada vez se va acumulando hasta que estalle o hasta que termine expulsando a los ciudadanos de Medellín, del Área Metropolitana, hacia otras partes.

Porque será insostenible vivir acá, tanto por economía como socialmente. Es muy lamentable, muy triste, querer salir a un restaurante y encontrarse con trabajadores sexuales a lado y lado, con venta de droga en cada esquina, y con extranjeros paseando con niñas para arriba y para abajo.

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Nosotros queremos destacar el trabajo que han hecho las autoridades, el trabajo que ha hecho esta alcaldía. Sabemos, y ellos saben, que no es suficiente. Porque es un juego realmente difícil de coger. No solamente a nivel político, no solamente a nivel restrictivo, sino un tema social, un tema integral, un tema de salud sexual, de educación, de salud mental, de oportunidades, de convencer a tantas personas que hacen parte de este mundo de salirse de él.

Pero sin duda, el primer tapón que se tiene que poner es con las autoridades extranjeras, con las embajadas, con los consulados, con la Fiscalía, con la policía, con la gestión de inteligencia para entender a qué vienen, a dónde van, y quiénes son las personas que están llegando a Medellín, cuándo llegan, cuándo salen, con quién se ven, qué intereses tienen, cuánto gastan, cuánto ganan, dónde se quedan, cómo se quedan, con quién se quedan.

Si Colombia no hace eso, y especialmente en Medellín no lo hace, será difícil entender y tener claridad en la problemática que la ciudad está enfrentando.

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