jueves, octubre 6, 2022
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    Las ciudades particularmente no tienen ninguna ideología

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    Por: Andrés Felipe Gaviria

    Las ciudades solamente merecen ser limpias, tener unas buenas vías, andenes que sean seguros, tener luces que funcionen, semáforos que no pongan en peligro a los que transitan por las diferentes calles de la ciudad y desde luego, simplemente que los jardines estén bien cuidados; en las ciudades que existan jardines, claramente,

    Porque lamentablemente algunas ciudades cayeron en una decadencia, en que todo se volvió normal verlo gris, destruido, estaciones de servicio público vandalizadas y desde luego, lo peor que le puede pasar a una ciudad es la pérdida completa de la cultura y del civismo. Algunos alcaldes, de manera mediocre, de manera irresponsable y sobre todo marcados siempre por la demagogia, creen que tener una ciudad organizada con unos estándares mínimos de decencia, de confort, de sanidad, de seguridad, es algo fatuo, es algo que es muy de derecha o es algo que es para un país nórdico. Se pegan de unas idioteces que realmente nunca tendrá justificación.

    Pero quisiera tratar en esta columna precisamente eso; como a muchos ciudadanos, a miles de ciudadanos les ha faltado ese papel de veedor casi que, de fiscalizador, de exigirle a los concejales por los que votaron que hagan real control político, incluso a los alcaldes.

    Hoy las redes sociales nos dan una cercanía innegable con los mandatarios., es hora de ponerles a prueba, es hora de apretarles más, de decirles mantenga la ciudad donde yo vivo, el municipio donde yo vivo, decente, no le estoy pidiendo nada más, para eso pago mis impuestos, para eso cumplo con mis deberes y tengo el derecho a exigir que una ciudad sea aseada, bien mantenida, sin huecos, con luces, con semáforos funcionando, con andenes que no me escupan en la cara, con ciclorutas reales, no ciclorutas chambonas robando espacio a vías construidas, pero sobre todo ciudades que piensen realmente en el futuro, construyendo hoy presente, no dejando todo en renders, en proyectos, en ideas vacías y en titulares chimbos para medios de comunicación.

    Lo que hoy la gente necesita es que los alcaldes y los gobernadores hagan y ejecuten verdaderas obras de transformación, que mejoren la calidad de vida de las personas y que no se sigan yendo por las ramas, las disputas políticas, las rencillas, el trampolín de si hoy estoy acá, mañana quiero ir allá y de pronto soy gobernador o de pronto soy presidente o de pronto logro que me nombren allá, eso tiene que parar, se tiene que acabar.

    Las ciudades colombianas y los departamentos merecen buenos gobernantes, pero no se puede normalizar, insisto, que las ciudades entren en una decadencia cuando estamos supuestamente vendiendo turismo, ver lo de Cartagena es abrumante; hoteles de 2 millones de pesos la noche, con andenes destruidos, con cucarachas, con ratas., una ciudad que se inunda con la más mínima brisa. Bogotá se quedó gris, absolutamente gris, lamentablemente gris y la gente lo normalizó, y así sucesivamente pasa en otro tipo de territorios en donde la gente simplemente se acostumbró a ver cómo van destruyendo los tejidos que se han construido durante tantos años.

    Por eso creo que las ciudades hoy tienen un papel protagónico a un año de elecciones, necesitamos que las personas castiguen en las urnas a quienes han hecho mal su trabajo, a quienes han preferido botines económicos, burocráticos y clientelistas y no cuidar la ciudad. Por eso es tan necesario que las decisiones que se toman en los consejos, en las asambleas, obedezcan al beneficio colectivo, al bienestar social y a que sea el fiel reflejo de lo que son los ciudadanos que habitan los territorios, que eso es lo que lastimosamente se ha perdido en muchas ciudades.

    Por último, quisiera agregar en esta columna que hace falta sentido común, mucho sentido común. Hace falta cumplir un acuerdo básico de entendimiento entre gobernantes y ciudadanos, donde las ciudades no se prenden y se apaguen cada cuatro años, en donde se vuelva costumbre, donde nunca se politice ni se debata que una calle se pavimente, que un semáforo se arregle, que la basura se recoja, que la luz funcione. Colombia si no sale de esa continua discusión politiquera inocua y absolutamente nociva para la salud de las ciudades y sus habitantes, no será para nada un buen vividero, no será atractiva ni siquiera para los colombianos.

    DEL MISMO AUTOR: La guerra contra el vehículo particular

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    Por: Andrés Felipe Gaviria

    Las ciudades solamente merecen ser limpias, tener unas buenas vías, andenes que sean seguros, tener luces que funcionen, semáforos que no pongan en peligro a los que transitan por las diferentes calles de la ciudad y desde luego, simplemente que los jardines estén bien cuidados; en las ciudades que existan jardines, claramente,

    Porque lamentablemente algunas ciudades cayeron en una decadencia, en que todo se volvió normal verlo gris, destruido, estaciones de servicio público vandalizadas y desde luego, lo peor que le puede pasar a una ciudad es la pérdida completa de la cultura y del civismo. Algunos alcaldes, de manera mediocre, de manera irresponsable y sobre todo marcados siempre por la demagogia, creen que tener una ciudad organizada con unos estándares mínimos de decencia, de confort, de sanidad, de seguridad, es algo fatuo, es algo que es muy de derecha o es algo que es para un país nórdico. Se pegan de unas idioteces que realmente nunca tendrá justificación.

    Pero quisiera tratar en esta columna precisamente eso; como a muchos ciudadanos, a miles de ciudadanos les ha faltado ese papel de veedor casi que, de fiscalizador, de exigirle a los concejales por los que votaron que hagan real control político, incluso a los alcaldes.

    Hoy las redes sociales nos dan una cercanía innegable con los mandatarios., es hora de ponerles a prueba, es hora de apretarles más, de decirles mantenga la ciudad donde yo vivo, el municipio donde yo vivo, decente, no le estoy pidiendo nada más, para eso pago mis impuestos, para eso cumplo con mis deberes y tengo el derecho a exigir que una ciudad sea aseada, bien mantenida, sin huecos, con luces, con semáforos funcionando, con andenes que no me escupan en la cara, con ciclorutas reales, no ciclorutas chambonas robando espacio a vías construidas, pero sobre todo ciudades que piensen realmente en el futuro, construyendo hoy presente, no dejando todo en renders, en proyectos, en ideas vacías y en titulares chimbos para medios de comunicación.

    Lo que hoy la gente necesita es que los alcaldes y los gobernadores hagan y ejecuten verdaderas obras de transformación, que mejoren la calidad de vida de las personas y que no se sigan yendo por las ramas, las disputas políticas, las rencillas, el trampolín de si hoy estoy acá, mañana quiero ir allá y de pronto soy gobernador o de pronto soy presidente o de pronto logro que me nombren allá, eso tiene que parar, se tiene que acabar.

    Las ciudades colombianas y los departamentos merecen buenos gobernantes, pero no se puede normalizar, insisto, que las ciudades entren en una decadencia cuando estamos supuestamente vendiendo turismo, ver lo de Cartagena es abrumante; hoteles de 2 millones de pesos la noche, con andenes destruidos, con cucarachas, con ratas., una ciudad que se inunda con la más mínima brisa. Bogotá se quedó gris, absolutamente gris, lamentablemente gris y la gente lo normalizó, y así sucesivamente pasa en otro tipo de territorios en donde la gente simplemente se acostumbró a ver cómo van destruyendo los tejidos que se han construido durante tantos años.

    Por eso creo que las ciudades hoy tienen un papel protagónico a un año de elecciones, necesitamos que las personas castiguen en las urnas a quienes han hecho mal su trabajo, a quienes han preferido botines económicos, burocráticos y clientelistas y no cuidar la ciudad. Por eso es tan necesario que las decisiones que se toman en los consejos, en las asambleas, obedezcan al beneficio colectivo, al bienestar social y a que sea el fiel reflejo de lo que son los ciudadanos que habitan los territorios, que eso es lo que lastimosamente se ha perdido en muchas ciudades.

    Por último, quisiera agregar en esta columna que hace falta sentido común, mucho sentido común. Hace falta cumplir un acuerdo básico de entendimiento entre gobernantes y ciudadanos, donde las ciudades no se prenden y se apaguen cada cuatro años, en donde se vuelva costumbre, donde nunca se politice ni se debata que una calle se pavimente, que un semáforo se arregle, que la basura se recoja, que la luz funcione. Colombia si no sale de esa continua discusión politiquera inocua y absolutamente nociva para la salud de las ciudades y sus habitantes, no será para nada un buen vividero, no será atractiva ni siquiera para los colombianos.

    DEL MISMO AUTOR: La guerra contra el vehículo particular

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