Las malas formas y maneras de la congresista Isabel Zuleta

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A través de una lista cerrada fue elegida como senadora Isabel Zuleta, quien nació en el departamento de Antioquia y encabezaba el movimiento Ríos Vivos. Una activista más que llegó al Congreso de la República y que no se ha caracterizado precisamente por estar a la altura del cargo.

Editorial

En varias ocasiones este medio de combinación tuvo la oportunidad de entrevistar a la entonces líder del movimiento Ríos Vivos, Isabel Zuleta, cuando era la mayor opositora del proyecto Hidroituango. En este instante queríamos conocer todas las pruebas y los argumentos que presentaba para toda la crítica general y el malestar que le provocaba este proyecto, y a través del cual recogía donaciones, apoyos en especie y buscaba una visibilidad política en Antioquia y en el país.

Esto le permitió ser tenida en cuenta por Gustavo Petro luego de un esfuerzo activista en contra de empresas privadas del territorio antioqueño, EPM, los gobernantes locales y departamentales, y desde luego toda su diatriba en medio de los paros nacionales. Claro está, siempre un liderazgo ejercido desde lo negativo y nunca desde los constructivo.

Las listas cerradas han sido criticadas por muchos. En nuestro particular no nos atreveríamos a satanizarlas por tres o cuatro casos que han salido muy mal. Son personas que no han tenido méritos, no están preparadas académicamente y que están muy lejanas de entender el ejercicio de lo público al activismo y la emocionalidad de las redes sociales.

Lastimosamente el Pacto Histórico con tres o cuatro nombres ha cumplido de sobra con las anteriores características. Sus congresistas no brillan, no están en los medios por la calidad de sus debates, la rigurosidad y sus proyectos de ley, sino todo lo contrario.

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A la senadora le reprochamos sus formas y las maneras. Como se hace campaña se gobierna, lo que demostró cuando lideró distintas cruzadas para atacar a candidatos contrarios a Gustavo Petro, como fue el caso de Sergio Fajardo.

En este caso, al igual que en otros, Zuleta a través de campañas de desprestigio, declaraciones infundadas de ataques sistemáticos; donde se contempla todo tipo de falacias y mentiras; acompañaron los despliegues de sus discursos, su candidatura y ahora su labor en el Congreso.

La última perla que nos dejó la senadora fue compararse con futbolistas y su salario, donde desconoció muchas cosas pero quizá lo más primordial es que el sueldo de estos deportistas lo paga el sector privado, no lo pagan los contribuyentes.

Además estas entidades, las cuales muchos quieren destruir y las desconocen porque nunca han fundado una empresa y no han sido empleados de una privada, pueden hacer lo que quieran si están en el marco de la ley.

De tal manera, si un equipo de fútbol le quiere pagar a un jugador $300 millones se los puede entregar, pues no hay nada que se lo impida.

Es realmente alucinante que una senadora admita lo que declaró ella, y tenga el descaro y la grosería de atacar a los medios de comunicación, cuando la hacen caer en cuenta de su error en el instante que admitió que estaba financiando campañas políticas con su dinero.

Esto todo ante el malestar que le causo el debate para que los congresistas se redujeran el salario. Es bastante irónico ver sus trinos cuando no estaba en el Congreso y recordar otras de sus discusiones y críticas, en los que mencionaba que ese valor económico que recibían era muy alto y que si llegaba en algún momento a este cargo no buscaría enriquecerse a nivel personal.

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Como en la política una cosa es cuando no están en estos puestos y otra diferente en el momento que llegan a ellos, se genera que las personas elijan irse por el cambio. En este caso el cambio salió altamente fraudulento.

Es lamentable toda la zaga de participaciones que la señora Zuleta ha tenido por su paso el Congreso de la República. Es triste todo lo que hemos tenido que ver y escuchar. Los recursos se pierden cuando los congresistas solo aparecen en la portada de los diarios por sus errores incoherencias, formas y maneras que hoy son las que reprochamos.

Colombia no necesita más congresistas como Isabel Zuleta, requiere otra clase de políticos que realmente le importen el país, la ciudadanía, sean coherentes y tengan un mínimo de capacidades intelectuales y de razonamiento para justiciar una curul.

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