Los derechos humanos de sirvientas y magistrados

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Es hora de denunciar la decadencia moral y la falta de respeto a los derechos humanos que se ha desatado en el gobierno del presidente Petro.

Por: Luís Alonso Colmenares Rodríguez

Les confieso de manera sincera que, durante la semana que acaba de pasar, he considerado seriamente tener la oportunidad de conversar con la persona que atiende lo relacionado con las actividades propias del servicio doméstico en la casa de la doctora Clara López Obregón.

Y también debo confesar que soy un admirador de la doctora Clara López Obregón desde que empezó a destacarse en el espectro político de la ciudad de Bogotá, siguiendo su exitosa trayectoria política.

Por eso me llamó la atención su desliz cuando la observé en televisión refiriéndose a las chuzadas telefónicas que se conocieron por el escándalo de Laura Sarabia, la jefa de Gabinete del presidente de la República; y quiero seguir pensando que al referirse a la “sirvienta” fue un lapsus y no un concepto discriminatorio, porque no puede corresponder con la personalidad de la doctora Clara López Obregón.

En todo caso ¡Basta ya!

Es hora de denunciar la decadencia moral y la falta de respeto a los derechos humanos que se ha desatado en el gobierno del presidente Petro. Es irónico por tratarse de alguien que tanto se ha quejado al respecto.

El reciente escándalo revela una trama oscura que amenaza los cimientos de nuestra democracia. No podemos quedarnos callados ante las acciones ilegales llevadas a cabo por funcionarios de distintos niveles del gobierno.

Según se sabe, el escándalo estalló cuando se descubrió que interceptaron de manera ilegal los teléfonos de una empleada del servicio de la jefa de Gabinete, supongo que para establecer si tenía alguna responsabilidad con unos dineros que habían desaparecido.

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¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, en un gobierno que se supone defensor de los derechos humanos, se cometan acciones tan aberrantes? Esta violación a la privacidad y dignidad de las personas no puede ser minimizada ni justificada.

Sin embargo, lo que resulta aún más inaudito, como lo dije antes, es la reacción de la senadora del pacto histórico, Clara López Obregón, que ha debido condenar enérgicamente estas interceptaciones ilegales, y no intentar despreciar a la víctima, comparándola con magistrados de la Corte Suprema. ¡Esto es inaceptable! ¿Desde cuándo existen víctimas de primera y segunda clase? ¿Desde cuándo los derechos humanos tienen estratos sociales?

La actitud despectiva y condescendiente de la senadora López Obregón demuestra la arrogancia y la insensibilidad de los que están en el poder. Su intento de restar importancia a estas chuzadas ilegales es una afrenta a todos los ciudadanos y una negación flagrante de los principios fundamentales de justicia y equidad.

Es evidente que la crisis en el gobierno del presidente Petro no se limita solo a la salida de Sarabia y Benedetti. Esta situación es un reflejo de la falta de ética y transparencia que prevalece en su administración. Y resulta inadmisible que se normalice el abuso de poder y la violación de los derechos individuales. Nuestra sociedad merece líderes que respeten la ley y defiendan los principios democráticos.

Es hora de exigir rendición de cuentas y una investigación exhaustiva sobre estas chuzadas ilegales. Los responsables deben ser llevados ante la justicia y enfrentar las consecuencias de sus acciones, porque no se puede permitir que se establezca un precedente peligroso en el cual algunos se crean con el derecho de violar la privacidad de otros.

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El presidente Petro debe tomar medidas firmes y contundentes para restaurar la confianza en su gobierno, además de que esta clase de acciones no pueden quedar impunes ni tampoco ser minimizadas por su misma gravedad. Nuestra sociedad exige un cambio real y un compromiso inquebrantable con los derechos humanos y el Estado de derecho. Es inaceptable que en pleno siglo XXI se sigan cometiendo violaciones a los derechos humanos de esa naturaleza.

El gobierno del presidente Petro debe asumir su responsabilidad y tomar medidas drásticas para erradicar cualquier atisbo de corrupción y abuso de poder. La salida de Laura Sarabia y Armando Benedetti puede ser apenas el primer paso. Es hora de restaurar la dignidad para que de verdad se haga costumbre, como bien lo dicen los pregoneros del pacto histórico que, al parecer, no predican con el ejemplo.

Y como dijo el filósofo de La Junta: Se las dejo ahí…

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