En la tarde del pasado domingo, el silencio habitual de la vereda Llanogrande, en Rionegro, se vio interrumpido por una logística inusual. No se trataba de una cumbre de partidos ni de una rueda de prensa tradicional. Álvaro Uribe Vélez, el hombre que marcó el ritmo de Colombia durante la primera década del siglo XXI, abrió las puertas de su hacienda a Westcol, el streamer que hoy marca el ritmo de las pantallas de la Generación Z.
El encuentro, transmitido por la plataforma Kick, no solo fue un hito digital con más de 500.000 espectadores; fue un ejercicio de comunicación política donde el lenguaje de los poemas y el aguardiente se mezcló con los capítulos más oscuros y polémicos de la historia reciente del país.
La conversación, que se extendió por más de tres horas, navegó rápidamente hacia los temas que definieron la presidencia de Uribe. Ante la curiosidad de Westcol, quien recientemente entrevistó también a Gustavo Petro, el expresidente defendió su tesis de seguridad. Recordó con precisión los 27 intentos fallidos de mediación para rescatar a figuras como Íngrid Betancourt antes de decidirse por acciones de alto impacto, como el bombardeo a Raúl Reyes. «La fuerza es el último recurso, pero debe ser una opción real», sentenció, reafirmando una postura que, años después, sigue siendo su mayor bandera y su principal blanco de críticas.
Uno de los momentos de mayor tensión ocurrió cuando el streamer abordó el fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales, conocidas como «falsos positivos». Frente a las cifras de la JEP, que documentan 7.837 víctimas, Uribe mantuvo una defensa férrea de su gestión, desmarcándose de cualquier sistematicidad. «Nunca incentivamos delitos, ni se premió a nadie por cometerlos», afirmó, tildando de «difamaciones» las acusaciones que sugieren una política de Estado detrás de estos crímenes.
Esa misma línea defensiva la extendió a su círculo íntimo. Al hablar de su hermano, Santiago Uribe, procesado por presuntos vínculos con grupos paramilitares, el exmandatario fue tajante: lo calificó como una víctima de una «injusticia histórica», asegurando que su hermano nunca tuvo el capital para financiar estructuras ilegales. Incluso admitió que el apelativo de «paraco», utilizado frecuentemente por sus detractores, es un estigma que todavía le genera dolor personal.
Uribe y Westcol en Kick: El histórico «streaming» que sacudió la política colombiana

Uribe no desaprovechó la masiva audiencia joven para lanzar dardos directos a la Casa de Nariño. Definió la administración de Gustavo Petro como «el gobierno de los aumentos»: aumento de cultivos de coca, de masacres y de informalidad. Uno de los clips más compartidos fue su respuesta a una afirmación de Petro sobre la reducción de la jornada laboral: «No le dijo la verdad, le mintió», replicó Uribe, en un claro intento por disputar el relato histórico frente a las nuevas audiencias.
Más allá del debate ideológico, la entrevista dejó ver grietas de humanidad en ambos personajes. Westcol, en un giro inesperado, dejó de lado su rol de entrevistador para agradecerle a Uribe por la continuidad de Familias en Acción. Con honestidad, el joven relató cómo ese subsidio fue el que le permitió comprar sus primeros zapatos para salir a trabajar.
La jornada cerró entre caballos y arte. Uribe, en un gesto de hospitalidad paisa, le regaló a Westcol un poni llamado ‘Chente’, con la condición de que fuera rifado para una obra social. Al final, la transmisión dejó una certeza: en la Colombia de hoy, el debate político ya no solo pasa por el atril del Congreso, sino que se filtra entre emoticonos, «likes» y la espontaneidad de un ‘streaming’ en directo desde una finca en Antioquia.