La mediocridad de los gobernantes y el silencio de los ciudadanos

La mediocridad de los gobernantes y el silencio de los ciudadanos
Foto: mensaje360.com

EDITORIAL


Nuestro editorial para hoy miércoles 8 de junio se concentra en las ciudades que se quedaron estáticas en el tiempo, no cambian y renunciaron a las grandes obras, a las pequeñas transformaciones y lo peor de todo: al mantenimiento cotidiano y que debería ser normal de la infraestructura existente.

Acá existen muchísimas culpas, aunque repartidas, la principal de ellas es la de los ciudadanos que se acostumbraron a ver a sus ciudades sin avances notorios, a ver cómo los andenes se destruyen, las vías se llenan de huecos, los semáforos no funcionan, los jardines terminan siendo matorrales, no se construye un solo puente, no se construye una verdadera ciclorruta sino que se improvisa pintando el pavimento, no hay inversión tecnológica que permita tener mayor seguridad ciudadana, seguridad vial; no hay obras de accesibilidad para la población con alguna discapacidad que sigue estando aislada del crecimiento de las ciudades.

Se ha consumado una desconexión entre el ciudadano y sus gobernantes, cada uno por su lado. El ciudadano no exige, no se queja, no vigilia, no controla, no le pide a sus concejales o diputados que hagan control político y que soliciten a los gobiernos hacer su trabajo.

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En los últimos años hemos caído en una serie de liderazgos bastante precarios trazados por la mediocridad, por la demagogia y por la pereza, con un asterisco bastante negativo concerniente al egoísmo. En la actualidad, muchos alcaldes y gobernadores están pensando en sacar una última tajada en este año y medio que les queda, en qué cargo van a ocupar porque ya se les acaba el actual trabajo o están viendo cómo se acomodan en una campaña presidencial luego de haber hecho campaña extenuante en las elecciones de Congreso porque a eso se han dedicado muchos, a hacer política, a pensar en sí mismos, luego en el beneficio de su entorno más cercano pero no en las ciudades.

Y es que es notorio ver cómo en muchísimos territorios de nuestro país esos conglomerados urbanos se han visto absolutamente perjudicados por la nula acción de los gobiernos. No hay transformaciones, todos se queda en diseños, en discusiones preliminares, no hay ningún avance notorio en obras que impacten realmente la calidad de vida de las personas y cada vez los gobernantes que eligen las personas terminan siendo más mediocres. ¿Por qué hemos caído en esto?, ¿por qué se volvió normal ver la decadencia de las ciudades, las cuales propician mayor accidentalidad vial, mayor inseguridad ciudadana y sobre todo que se vuelven lugares hostiles para la convivencia humana, para la calidad de vida, para el sano compartir? Eso no está pasando en Colombia, es lamentable al grado que hemos caído con cierto tipo de gobernantes que se han escogido en los últimos años.

Como si fuera poco, hoy ad portas de una nueva elección presidencial, parece que las personas quisieran repetir el mismo patrón que no ha funcionado en múltiples ciudades, y es votar sin leer, votar sin leer, votar sin conocer, sin mirar líneas de tiempo, de coherencia, de consecuencia, de lógica, y simplemente votar con el estómago; qué mal le ha hecho a este país votar con el estómago.

Lastimosamente estamos perdiendo muchas ciudades valiosas, estamos dejándolas al garete y estamos permitiendo que la maleza tanto natural como humana se apodere de ellas.

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