Este contenido hace parte de la séptima edición de Revista 360 y cuenta con la participación de más de 70 invitados de todos los principales sectores económicos, productivos y políticos de Colombia. Ministros, líderes gremiales, líderes en áreas de la construcción, sectores bancarios, logística e infraestructura, telecomunicaciones, gobernantes regionales, analistas, economistas, entre otros.
Por: María del Rosario Oviedo – Exviceministra de Conectividad
El metaverso es una realidad, un espacio virtual en constante evolución en el que los seres humanos tenemos experiencias individuales o colectivas, interactuamos, e incluso podemos llegar a tener mejoras en nuestra calidad de vida en tanto está trascendiendo cada vez más a espacios significativos como el trabajo, la salud, y la educación: realidad virtual para el trabajo, la participación en reuniones o juntas directivas con sus propios avatares, el acceso a clases experienciales o inmersivas; o lograr intervenciones médicas menos invasivas.
Y, por esos beneficios y la misma curiosidad del ser humano, el metaverso – o los metaversos – nos atrae, pero también nos invita a reflexionar sobre cómo abordamos los nuevos desarrollos tecnológicos y la interacción permanente con ellos. La tentación de abordar este espacio en creación desde la regulación es alta – más cuando a diferentes aspectos que integran el metaverso ya han presentado regulaciones y avances significativos en ello como la inteligencia artificial –; sin embargo, creo que lo primero que debemos abordar ante este novedoso escenario, como muchos de en tecnología, es la apropiación, generación de conocimiento y educación de los usuarios.
Por supuesto que aquí los diferentes actores de este ecosistema, debemos aportar, las autoridades en la supervisión y políticas de protección de datos personales, las organizaciones internacionales en sus directrices, guías y compartir mejores prácticas para la interacción con la realidad virtual, los desarrolladores y creadores en la generación de contenidos y diseños responsables; pero es la oportunidad de enfatizar en una concientización de los usuarios: el buen uso y administración de los riesgos que el metaverso conlleva. Empecemos por la “regulación del yo” ahora que estamos a tiempo, en los inicios del metaverso, en el preciso momento en el cual estamos adaptándonos a él.
¿Y qué es abordar el metaverso desde el yo? Revisar cómo me comporto, y le doy el uso conveniente sin transgredirme a mí mismo o al otro. Reconocer el metaverso como lo que es: una comunidad virtual que conlleva los impactos sociales, económicos y políticos, y por eso demanda una educación del usuario, y una responsabilidad frente a su uso, más cuando trae consecuencias incluso para la salud – física y mental – propia y de quienes me rodean.

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Y es que esta propuesta no es menor toda vez que una de las grandes preocupaciones respecto de quienes participamos del metaverso es que logremos diferenciar cuál es nuestra verdadera realidad: una cosa es el día a día en el mundo terrenal y otra en el virtual, y sepamos que este último no ha reemplazado nuestra realidad física. Este sí que es un verdadero desafío, más cuando el contacto con el metaverso implica el uso de dispositivos o elementos que nos llevan a sentir que estamos en una realidad, luego el punto de diferenciación de la realidad es esencial. Un verdadero uso responsable en términos de tiempo, consumo y concientización hará la diferencia.
De manera que, poder diferenciar en qué espacio se está interactuando y generar un equilibrio entre el uso del metaverso y nuestro día a día en la vida, es el punto deseable. Que un exceso no nos desvíe del curso de la vida, y más bien, se encuentre un balance en el uso de las tecnologías con nuestros días y como éstas nos optimizan en nuestros diferentes ámbitos. En suma, como usuarios debemos educarnos y manejar adecuadamente información precisa a tal punto que la realidad virtual no nos consuma, y mucho menos reemplace o supla nuestra realidad física.
Otro aspecto que como usuarios del metaverso debemos comprender es que este no se construye solo, ni por sus desarrolladores, como ecosistema es una construcción colectiva, y por tanto, insisto, implica que estemos informados, educados y conscientes de estar en una comunidad, que exige acciones de todos, partiendo de cada individuo. Aquí también vale la pena invitar a compartir las experiencias en los espacios de la realidad virtual porque resulta útil para construcción y mejoras en los escenarios, en la toma de decisiones para autoridades, y hacer ver a los demás usuarios como se ha interactuado con el metaverso. Con ello lograremos la mitigación de riesgos, la sana convivencia digital y contribución a su continuo desarrollo.
Sí al desarrollo, sí a un espacio en el que no existen límites en la imaginación y repercute en tanto en la calidad de vida como en la comunidad, pero siendo conscientes y responsables que allí también hay un ecosistema, en el que interactuamos diferentes actores, en el que reglas sanas – en lugar de básicas – de convivencia deben ser aplicadas y seguidas por cada usuario. Probemos, experimentemos, disfrutemos, saquemos el mejor provecho del metaverso, pero informándonos, comportándonos, evitando que este supla nuestra realidad física y completa de manera drástica, coexistiendo debidamente con otros usuarios, y aportando a que sigan los desarrollos para que mejore la vida de todos.
Adenda. Como el ejemplo debe venir de casa, les invito a seguir en las diferentes redes sociales a Juan Manuel Escobar Villegas, un experto en este tema que nos educa a todos.