Milei y las emociones políticas 

Aun cuando los resultados son claros, a causa de unas raíces explícitas, la miopía en la democracia sigue cuestionando fenómenos como el del ahora presidente electo Argentino.

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Las dolencias de cada uno de los países, son tan variadas, unas muy complejas, otras que datan de antaño, unas muy recientes ante un mundo cada vez más exigente, más globalizado, más competitivo y es un mundo que demanda unos líderes; no solamente polivalentes, sino lo suficientemente capaces de conectar con las personas, en su discurso, en las acciones, en el pensamiento, pero sobre todo en las emociones.

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La emoción hoy en día, es la que mueve al mundo; lo vemos a través de la música, de la cultura, del cine, de los sentidos, de las sensaciones, del deporte, las personas se mueven a través de eso y escogen que apoyar que rechazar, a qué corriente pertenece, de acuerdo a cómo se sientan o como les hagan sentir en algún lugar.

Desde la política, cada vez más queda reducido el espacio para las personas planas, para las personas que no quieren estar ni de un lado, ni del otro, las que no quieren tomar posición y no precisamente porque tengan un profundo convencimiento sobre algunos postulados, sino, porque bajo el cálculo político prefieren pasar furtivos, solapados y sigilosos, en las decisiones y los debates más cruciales que una sociedad pueda tener.

Esto siempre ha originado que las personas terminen muy decepcionadas de los políticos, que terminan escogiendo, porque con el paso de los años esos políticos terminan mostrando unas facetas, unas caras, que la gente dice no conocer, no esperar, que los ha sorprendido, ese pensamiento de ese político y llega la decepción. En el caso puntual de Argentina, sí existían elementos que pesaban más que la emoción y los sentidos; que muy bien los transmitía y sabía instrumentalizar Javier Milei y era la economía.

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No hay ideología, creencia política o discurso que pueda sostener una inflación tan exabrupta, tan empobrecedora, tan nociva, como la Argentina, y más cuando va ha sido este un país que en el pasado conoció los placeres de la buena vida, los beneficios de ser una potencia mundial, no solamente continental y de un momento a otro tener que estar sometida, incluso que nacionales se expatriarán, salieran de su país, es una historia que se estaba pareciendo a Venezuela, Cuba y en Nicaragua.

Esa historia de no saber si mañana, cuánto va a costar el dinero que tienes, no saber sobre el poder adquisitivo, cómo se va a ver afectado con el paso de los días y cada vez, estar más pobre frente al mundo, esto era algo con lo que los argentinos no podían seguir cargando.

En este caso, la economía pesó mucho más y en este caso se juntó con las emociones, ante un candidato más a plano, aburridor, uno de los mayores responsables de la debacle económica de Argentina y como si fuera poco; encontraron en Milei una persona que está hoy lejos de poder ser acusada de postureo.

Milei es lo que ha sido como es de toda la vida, desarreglado, loco, gritón, políticamente incorrecto, eso le costó muchos cuestionamientos. Pero hoy Argentina sabe lo que compró, sabe por quién votaron y seguramente no van a tener sorpresas o quizás solo una y es que Milei no dolarice, que no acaba el Banco Central, que no recupera la economía y que no reduzca el Estado que han sido sus principales postulados.

Esto nos lleva a la parte final de este editorial y es los políticos tienen que aprender a prometer menos, no pueden pretender inmiscuirse en todos los aspectos de la vida, de las personas. El político tiene que preocuparse por garantizar una sana, creciente y estable economía, un sistema de justicia que opere, brindar la seguridad en toda la extensión del territorio, que el sistema de salud funcione junto con el sistema privado y que en lo que significa infraestructura, telecomunicaciones, efectos de minería, energía, hidrocarburos le permita la empresa privada trabajar y que no obstruya como una vaca muerta en el camino y a Colombia sí que falta por aprender eso.

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Colombia sigue siendo un país demasiado presidencialista, demasiado dependiente de la figura del presidente, hoy lo estamos viviendo, eso solo trae cosas malas y es un momento para llamar a esa reflexión para que los colombianos den un paso hacia adelante y entiendan que estar pegado de lo que haga o diga el presidente para nada es conveniente y para nada es sano. 

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