Vamos por más reservas: Amylkar Acosta

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La primera prioridad del país es incorporar más barriles de crudo a sus reservas probadas, dada la precariedad de estas, toda vez que los 2.445 millones de barriles con los que cuenta a duras penas le alcanzarían al país para sólo 6.6 años de autosuficiencia.
Por ello, se dice de Colombia que en lugar de ser un país petrolero es un país con petróleo. No obstante, es de resaltar el hecho de que, gracias a los esfuerzos exploratorios realizados en los últimos años, en el año 2007 se detuvo la caída de las reservas y estas han registrado un repunte desde 2008.
En los últimos 4 años (2010- 2013) las reservas probadas se incrementaron el 18 % y ello es tanto más meritorio si tenemos en cuenta que las extraídas en ese mismo lapso crecieron más que proporcionalmente, un 27.3 %, al pasar de un promedio de 785 mil barriles/día-año a más del millón de barriles.
Y ello ha sido posible sin encontrar en los últimos veinte años ni un Caño Limón ni un Cusiana, pero ayudados por una seguidilla de pequeños hallazgos que sumados han permitido incorporar mayores reservas al tiempo que le han ganado al país una mayor prospectividad petrolera. Desde luego, también ha contribuido a ello la aplicación de nuevas tecnologías de recobro mejorado. Para destacar el hecho de que la participación de las mayores reservas que corresponde a nuevos descubrimientos ha venido in crescendo, el año pasado alcanzó el 39 %.
No obstante, dado que la meta del Gobierno es pasar de una relación reservas – producción (R/P) de 6.6 actual a 10 en el año 2018, para alcanzarla se requerirá pasar de una adición de reservas el año anterior de 436 millones de barriles a adicionar anualmente 615 millones de barriles. Dicho de otra manera, se necesitaría pasar  de un índice de reposición de reservas actual de 118 %  al 167 %, ímproba tarea esta. Para ello el país tiene que apretar el paso a la actividad exploratoria, ya no solo limitada a los yacimientos convencionales sino también ampliando la frontera hacia los no convencionales, amén de la campaña en que ya está comprometido de la búsqueda de hidrocarburos off shore.
Esa es la apuesta de Colombia con la reciente Ronda Colombia 2014. De hecho en el país pasamos de perforar 21 pozos exploratorios en 2004 a perforar
131 en 2012, registrándose una leve caída en 2013 cuando se perforaron 115 de 130 que era la meta y ahora se proyecta perforar 135 para el presente año. Claro, que para alcanzar esta meta es preciso remover 3 grandes escollos que están frenando la actividad petrolera en el país: los ataques terroristas contra su infraestructura, la conflictividad social y la dilación en los procesos de licenciamiento ambiental y consultas previas.
Creemos que no hace falta promover cambios en la normatividad legal para atraer la inversión y estimular la actividad hidrocarburífera en el país, cuyos últimos ajustes se hicieron para incentivar la producción incremental y más recientemente en lo atinente a la exploración y desarrollo de yacimientos no convencionales. De lo que se trata es de que tales reglas se cumplan y de esta manera ganar en seguridad jurídica, que es lo que a ratos queda en entredicho cuando se presentan circunstancias en el entorno de la actividad que la ponen en riesgo. Un estudio reciente de Arthur D.Little muestra a
Colombia como el país más atractivo de Latinoamérica por sus términos fiscales, así como por su clima político y de inversión, recibiendo una calificación de 3.9 sobre 5, superando entre otros a México y Brasil. Es decir, que Colombia sigue siendo competitiva y atractiva para la inversión y los inversionistas de la industria petrolera.

No hay plata: Fernando Londoño Hoyos

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Con esa respuesta le salió el Ministro Cárdenas al Director de la Unidad Nacional de Protección, Andrés Villamizar, cuando le dijo que por el inmenso número de protegidos que tenía le faltaban setenta mil millones de pesos para terminar el año. Pues al diablo sus protegidos, porque no hay plata.

 

Cárdenas no puede ser tan despistado como para ignorar que ese “no hay plata” vale la muerte de muchos que en situaciones extremas de riesgo van a quedar en manos de sus agresores. Esa es la pena de muerte para centenares de inocentes, que pueden ser jueces, periodistas, defensores de derechos humanos, empresarios, colombianos a los que se sabe que quieren matar. Y que van a matar.

Estamos a las puertas del mayor escándalo político de fin de año. Y cuando maten al primer desprotegido, a las puertas de un verdadero terremoto de opinión. Tiene que ser muy grave la situación para que un Ministro se atreva a tanto. Ha tenido que ser fenomenal el despilfarro de los recursos públicos, que se han ido en mermelada, publicidad y corrupción, como para que Juanpa asuma semejante responsabilidad.

No conocemos la magnitud del déficit fiscal para este año, y será difícil conocerlo porque este es el gobierno del maquillaje y la mentira. Pero este déficit fiscal viene acompañado de uno de tesorería tan agudo como para permitir lo que empezará a pasar en unas horas, o en unos días. La matanza de los inocentes, podría llamarse este capítulo de nuestra trágica historia.

Ya sabemos que para el año entrante hay un déficit presupuestal de doce y medio billones de pesos, que algunos analistas calculan en más de veinte. Ese hueco gigantesco es el que habrá de taparse con una nueva reforma tributaria, para gravar más a no se sabe quién o con recursos de crédito que ni este Congreso de alma subalterna se atrevería a aprobar. De modo que a ese “no hay plata” de ahora se le avecina una situación mucho más dura para el año entrante.

Santos no ha empezado a cumplir sus ofertas de campaña. Le debe promesas a las regiones, a la salud moribunda, a la educación, a la seguridad y ¡válganos Dios! a la paz. Ninguno de esos gastos extraordinarios está previsto en el presupuesto que cursa en el Congreso. Y ni por esas. Mintiendo tanto, incumpliendo tanto, el hueco mínimo es de doce y medio billones de pesos.

Esta situación crítica no ha sido valorada y menos discutida. Los empresarios agrupados en gremios entregados al Gobierno, como la ANDI, siguen repitiendo como loros aquello de que SOY CAPAZ, volviendo la espalda y tapándose los oídos a lo que dicen las FARC y a esta dolorosa falta de medios presupuestales.

La crisis no es producto de circunstancias insalvables o sorpresivas. No. Es el resultado del derroche y la corrupción, diablos gemelos que andan sueltos desde cuando Juanpa decidió ganar elecciones sin escatimar el precio. El Gobierno ha recibido cantidades inmensas de dinero, producto de la bonanza que le dejó sembrada Álvaro Uribe. Y las ha dilapidado todas. Y lo que es más grave, sigue anunciando y prometiendo, que son los dos verbos maestros del régimen. Aquí no se ejecuta, no se cumple, no se alivia la condición de los pobres, no se genera empleo genuino, no se siembra desarrollo. Aquí se anuncia y se promete. Y eso sigue en medio de un desolador “no hay plata”, ni siquiera para impedir que a la gente la asesinen.

¿LLEGÓ LA HORA DE REVISAR LA EXTRADICIÓN?: Abelardo De La Espriella

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El caso de Ariel Josué Martínez, el humilde carpintero oriundo de San Vicente del Caguán, injustamente encarcelado por una solicitud de extradición de los Estados Unidos y dejado en libertad gracias a la presión ciudadana y mediática, ha puesto sobre el tapete una discusión de vieja data: ¿qué tan buena es para Colombia la extradición de sus nacionales a otros países?, ¿se cometen errores al tratar de complacer a la justicia norteamericana?, ¿es la extradición un mecanismo de cooperación internacional o la salida fácil para los delincuentes?

 

Por supuesto, hay más interrogantes que certezas, cuando de un tema tan complejo se trata, y es obvio que un asunto así de espinoso debe ser analizado desde varias ópticas.p>

La primera: no resulta lógico extraditar a peligrosos narcotraficantes y demás delincuentes, si en los Estados Unidos entregan grandes sumas de dinero y purgan pocos años de prisión. Absurdo que Colombia se quede con los muertos que dejan las actividades ilícitas y los recursos de las mismas vayan a parar al bolsillo del tío Sam. Con ese dinero se podría ejecutar una revolución social sin precedentes en el territorio nacional. Ni que decir de las víctimas de los ilegales: con la extradición de sus verdugos, se van la verdad y la posibilidad de una reparación del daño.

La segunda: el hecho de que la ley no establezca la práctica de pruebas en el trámite de extradición posibilita en mayor grado que se comentan terribles injusticias. El problema no es de la Corte Suprema o del Presidente de la República: la falencia claramente es normativa. Ellos, como funcionarios públicos, deben acatar lo que expresamente la ley determina. ¿Cuál es entonces el miedo del Congreso de promover una reforma que garantice los derechos mínimos de nuestros compatriotas?

La tercera: Es evidente que la cooperación judicial de Colombia con los Estados Unidos históricamente ha sido inmejorable. No ocurre lo mismo cuando es al contrario. He sido testigo de excepción de lo complicado que resulta para las autoridades judiciales colombianas, acceder a un testimonio de colombianos que han sido extraditados y que se encuentran detenidos en cárceles federales del país del norte. Si de lo que se trata, es de pedir a un gringo en extradición, ahí si, es más fácil que al Papa Francisco le pique una culebra.

El proceso del carpintero no es el único: un rosario de equivocaciones le han desgraciado la vida a mucha gente inocente. Viene a mi mente un caso que yo mismo atendí gratis en el 2008. Un muchacho muy pobre de Cali, detenido por una solicitud de extradición. El cargo: pertenecer a una banda de narcos que operaban desde el aeropuerto Bonilla Aragón. Desde que lo vi, supe que era inocente; practicamos un peritaje y determinamos que la voz que aparecía en una de las grabaciones hechas por la DEA y la policía colombiana no correspondía a la de mi defendido; pero la Corte hizo caso omiso: la ley no le permitía evaluar esa prueba. Luego de 10 meses en Cómbita, fue extraditado. 6 Meses después, con la misma prueba que la Corte Suprema de Justicia de Colombia desconoció, su libertad inmediata fue ordenada por un Juez de la Florida.

La conclusión es clara: a Colombia no le conviene la extradición de sus ciudadanos, sean estos culpables o inocentes. No solamente enviamos, como nación, al resto del mundo el nefasto mensaje de que no somos capaces de aplicar justicia en ciertos casos, sino que, además, cuando se extradita a un culpable, el arreglo que este hace con la justicia gringa solo le beneficia a él y a los americanos, y, cuando se extradita a un inocente, la indemnización por el error corre por cuenta de los impuestos que pagamos los colombianos.

Respeto y admiro profundamente a la justicia norteamericana, de lejos con sus errores y excesos, es más seria y ponderada que la nuestra, pero en este asunto es necesario que, pensemos en lo que realmente es mejor para Colombia y su gente.

La ñapa I: Santos prometió en campaña no subir los impuestos. Sin embargo, está cocinando un proyecto para aumentar el IVA. Estoy de acuerdo con el Presidente, siempre y cuando él reduzca la ”mermelada”, el derroche, la corrupción y la ineficiencia.

La ñapa II: El Presidente se tomó 9 meses para extraditar al narcotraficante venezolano Walid Makled y 24 horas para mandar al cadalso a 3 estudiantes antichavistas.

abdelaespriella@lawyersenterprise.com

¡Pragmatismo!: Jose Felix Lafaurie

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Pragmatismo. Esa es la impronta que, según sus palabras a la junta directiva de Fedegán, le imprimirá el ministro Iragorri Valencia a su gestión en el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural.
Pragmatismo gerencial y visión de permanencia. “No quiero ser un ministro de ciclo corto sino de ciclo largo”, les manifestó a los ganaderos utilizando una terminología muy agrícola. Si a ello se le suma la actitud de reabrir puertas que se habían cerrado para algunos gremios como Fedegán, la resultante es una buena primera impresión y unas expectativas que, esperamos, vayan calzando con la realidad en el difícil panorama de la producción agropecuaria y el desarrollo rural integral, tan en boga desde los acuerdos preliminares e inconclusos de La Habana.
Al ministro se le abona su franqueza. De la misma manera que, de frente, nos dijo que la modernización del sector se haría con o sin nosotros, también nos dijo que la recuperación del campo tiene que emprenderse con o sin acuerdos en La Habana. Y por supuesto, el ministro Iragorri puede contar con Fedegán en ese empeño!
A la gente hay que creerle y el ministro merece un espacio para empezar a aplicar a la compleja realidad rural su pragmatismo gerencial, aunque preocupa que no tenga todas las palancas a su alcance para mover hacia el campo la pesada máquina del Estado. Los ganaderos, como dirían los muchachos de hoy, “la tenemos clara”. Sin vías terciarias el desarrollo rural integral seguirá siendo un discurso. El ingreso del productor de leche se ve muy afectado y los altos costos del acopio minifundista por trochas intransitables están en la base de la baja competitividad.
Sin una política sostenible de fomento a la asociatividad de pequeños y medianos productores, será imposible alcanzar niveles aceptables de competitividad y, finalmente, esa gran masa de productores campesinos desaparecerá del mercado con un impacto social sin precedentes. No son predicciones apocalípticas; ya está empezando a suceder con la caída de los precios internacionales y la sobreoferta mundial, que busca salida en mercados vulnerables como el nuestro.
Sin trazabilidad bovina con plazos y resultados, y sin un sistema de inspección y vigilancia para el sacrificio y el encadenamiento cárnico, incluyendo el transporte de animales y productos, nunca podremos colocar un kilo de carne en Estados Unidos o Europa. Es así de simple, la admisibilidad de nuestros productos hacia los países con los que se han suscrito TLC no solo es asunto de alta diplomacia presidencial o de la Cancillería, sino de claros requisitos y condiciones que debe cumplir todo aquel que quiera vender en esos países.
Sin una inyección contundente de crédito en condiciones que consulten la realidad productiva, no será posible actualizar la inversión bruta en capital fijo (IBKF), es decir, adquirir tractores, enfardadoras y equipos mecánicos de ordeño. No es manualmente que vamos a competir con los carruseles robotizados de la competencia, que pueden ordeñar simultáneamente 50 o 100 animales. La energía rural dedicada a la producción no puede tener el mismo costo de la energía estratificada de las ciudades, y es necesario poner en cintura los costos de los principales insumos.
En fin, 600 palabras no son suficientes para enumerar las necesidades de la producción agropecuaria, equivalentes al nivel de reto que se impone el ministro Iragorri. Pero creemos que con pragmatismo decisorio y con voluntad política, es posible arrancar, así sea tarde, en la carrera para recuperar la producción agropecuaria como sector estratégico, y el campo como proyecto de vida digno. Y el binomio gremios-Ministerio sí que puede remover los obstáculos del camino.

Como va al matadero la res: Jesus Vallejo Mejia

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Jesús Vallejo Mejía                                           

La encuesta Gallup que se dio a conocer esta semana muestra el pesimismo que ha invadido a los colombianos respecto de los diálogos que se adelantan con las Farc en La Habana.

 

Aunque, a lo largo del proceso, la opinión en general se ha manifestado de acuerdo con que se dialogue con los guerrilleros, las encuestas revelan que es escéptica sobre sus resultados. Y ese escepticismo, desde luego, ha afectado la imagen presidencial: el 49% desaprueba la forma como se está desempeñando el Presidente, mientras que solo el 44% la aprueba.

Estos resultados, apenas a un mes de haberse iniciado su segundo período presidencial, hacen ver que a Juan Manuel Santos lo afecta el mismo sindrome que a la oveja Dolly, la clonada que nació con envejecimiento prematuro. No hay entusiasmo con su gobierno, la gente no le tiene confianza, nada positivo se espera de sus gestiones.

Una amiga muy espiritual, cuyos consejos valoro por su honda sabiduría, me dice que hay que rezar por Santos, no solo por caridad para con él y su familia, sino con el país, porque su empeño en hacerse reelegir a como diera lugar y sin escrúpulo alguno respecto de los medios de que se valió para ello, rápidamente harán que se arrepienta de haberlo intentado y nos pondrán a todos en situaciones difíciles. Y un amigo que sabe de muchos secretos, me dice que, al apoyarse en fuerzas espirituales oscuras, Santos tendrá que habérselas con la pavorosa cuenta de cobro que intentarán pasarle. Es poco probable que la comunión que recibió, según foto que circula en las redes sociales, le confiera el vigor y la lucidez que necesita para llevar a Colombia por buen camino.

De ahí que, en general el 51% de los encuestados considere que las cosas en Colombia están empeorando y solo un 27% crea que van mejorando. Y a medida que la crisis fiscal que el gobierno se cuidó de ocultar durante la reciente campaña electoral vaya arreciando y se vea que las promesas populistas no podrán cumplirse, el desencanto va a ser peor.

Ese desencanto ya se advierte en escritos que se pueden leer hoy en medios tan dóciles para con el gobierno como El Espectador o El Tiempo.

 

 

El primero de ellos editorializa en duros términos sobre la reforma tributaria anunciada por el ministro de Hacienda (vid. http://www.elespectador.com/opinion/editorial/reforma-articulo-515980).

Transcribo el segundo párrafo del editorial, que es contundente acerca de las implicaciones morales y políticas de la crisis presupuestal de la Nación:

“El país, asimismo, se enteró horrorizado del volumen que ha alcanzado la llamada “mermelada”, o sea, las partidas regionales que impulsan las campañas de los grandes electores del Congreso consentidos del Gobierno. El Ministerio de Hacienda está aprobando sumas extravagantes, del tamaño de los ingresos completos de municipios medianos, para asegurar las copiosas votaciones de los grandes caciques amigos. Salvo las protestas y denuncias aisladas de los medios, ningún organismo de control, que se sepa, averigua siquiera al respecto. Este adefesio ya hace parte del paisaje presupuestal colombiano.”

Y en El Tiempo aparecen sendos artículos de María Isabel Rueda y Mauricio Vargas no menos incisivos: “El hueco de 12,5 billones”(http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/el-hueco-de-125-billones/14530418) y “El Abrazo de la DIAN” (http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/el-abrazo-de-la-dian/14530420).

Se cree que el agujero en las finanzas nacionales es mucho peor. Vargas habla de analistas que lo estiman en 20 billones de pesos. Y, en todo caso, escribe que es enorme:”de entre el 5 y el ocho por ciento del presupuesto”.

Si, como afirmaban los hacendistas franceses del siglo XIX, “Gobernar es gastar”, el margen de maniobra de lo que la prensa ha dado en llamar “Santos II” va a ser muy estrecho. Y está perdiendo apoyos muy valiosos entre los potentados que ayudaron a reelegirlo, pues no entienden cómo aspira a que sean ellos, más la sufrida clase media y, en últimas, el colombiano de a pie, quienes tengan que pagar la cuantiosísima factura de la reelección.

La gran carta de Santos para darle aire a su gobernabilidad es el acuerdo con las Farc y por eso sus voceros dicen a los cuatro vientos que todo va muy bien, que nadie saldrá afectado por lo que con los guerrilleros se convenga y que ya estamos prácticamente en el periodo constructivo del postconflicto. Pero las Farc lo desmienten categóricamente. De ahí que Plinio Apuleyo Mendoza se pregunte en su último artículo para El Tiempo, “A fin de cuentas, ¿a quién creerle?”( Vid. http://www.eltiempo.com/opinion/columnistas/a-fin-de-cuentas-a-quien-creerle/14521957).

Recuerdo que cuando Otto Morales Benítez renunció a seguir manejando el proceso de paz iniciado por Belisario Betancur, y que terminó tan mal, habló de “los enemigos agazapados de la paz”, aunque sin decir quiénes eran.

Pues bien, los diálogos de La Habana tropiezan con dos enemigos nada agazapados y bien visibles: las inconsistencias del gobierno de Santos y la descarada arrogancia de las Farc.

Me decía hace poco un amigo, de esos que saben dónde pone la garza, que la desesperación de Santos por mostrar resultados lo está llevando a firmar lo que le exija su contraparte y a nosotros no nos quedará otro remedio que plegarnos a lo que su debilidad les otorgue a los narcoterroristas.

Vino entonces a mi memoria el verso de “Casas Viejas”, para hacerme ver que nos llevarán “Como va al matadero la res…”

A lo largo de todo este proceso no hemos hecho si no ver cómo el gobierno cede y miente, mientras que las Farc ganan y ganan por punta y punta, como si se tratase de una lotería de la que tuviesen todos los boletos en sus faltriqueras. Ya aquél está ajustando su lenguaje para admitir que no habrá entrega, sino dejación de armas, y ofrecer además la posibilidad de un cese el fuego bilateral. Et sic caeteris…

En su momento veremos cómo se decide la suerte de la institución armada, se encuentra la fórmula mágica para garantizar impunidad, se aceptan los cambios estructurales que la guerrilla exige para integrarse al régimen político y se conviene la elección de una asamblea constituyente en términos que le garanticen que tendrá mayoría. Entonces, como lo ha denunciado valerosamente el procurador Ordóñez, estaremos compitiendo con un partido político armado y con recursos financieros que, según informaciones recientes, solo son superados por los de ISIS (Estado Islámico de Siria y el Levante).

No tengo nada en principio contra la campaña que, por iniciativa de la Andi y con apoyos tan fuertes como el de la jerarquía eclesiástica, acaba de lanzarse en favor de la reconciliación de los colombianos.

Es más, después de leer el importantísimo documento que para el efecto publicó el cardenal Salazar y me hizo llegar oportunamente mi caro amigo Rafael Uribe Uribe, hube de vencer una reticencia inicial sobre su actitud, pues en el mismo se habla, con profundo sentido cristiano, de la necesidad de que las víctimas del conflicto sean misericordiosas y perdonen, pero también, del arrepentimiento y la conversión de los victimarios.

Todo lo que conduzca al desarme de los espíritus ha de ser bienvenido. Sin embargo, tal como lo recomienda el Evangelio, al lado del candor de las palomas hay que protegerse con la astucia de las serpientes y no entregarse con mansedumbre de ovejas a la ferocidad de los lobos.

Si los diversos estamentos de la sociedad colombiana les dicen a las Farc “Yo soy capaz de perdonar y de ser misericordioso”, ojalá que sus cabecillas  en todos los niveles respondan de igual manera.

Sin embargo, no hay que bajar la guardia. Esa es una campaña publicitaria que por supuesto hace mucho ruido; pero lo que se desea son las nueces. Ya se verá si produce el milagro del cambio de actitud de las Farc.

Yo soy uno que cree en milagros, pues los he experimentado en mi interior. Del mismo modo que creo en la acción del Demonio, pues la he padecido, creo también y con más fuerza en la gracia de Dios, que me ha bendecido en momentos cruciales de la vida. Pero los milagros se producen, como insistentemente lo dice el Evangelio, por la fe.

Desafortunadamente, Colombia es hoy un país que en apariencia es religioso, pero en el fondo está profundamente descristianizado y, por ende, corrompido, tanto en la esfera de lo público como en la de lo privado.

¿Qué se puede esperar de una sociedad que tolera que unas niñas que van al extranjero a una competencia ciclística se presenten con un uniforme  que simula la desnudez de sus genitales? ¿A quién se le ocurrió esa porquería? ¿Qué se pretendió con ello? ¿Acaso, rendirle tributo a la flamante titular de la cartera de Educación Nacional?

Coda:

Acabo de leer en Twitter unas declaraciones de Santos para la BBC en las que dice lo siguiente:

“Ese Centro Democrático en el fondo es una extrema derecha, una especie de neonazismo, de neofascismo que lo único que causa es polarización y odios”.

Cómo contrasta esta actitud desobligante respecto de una oposición legítima que obtuvo cerca de siete millones de votos contra viento y marea en las pasadas elecciones, con el “prodigio de blandura” que, parafraseando a Churchill, exhibe frente al segundo grupo terrorista más poderoso del mundo.

«Los estudiantes venezolanos: ¿asesinados por Santos y Maduro?»Fernando Londoño H

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¿O simplemente desaparecidos? Sea lo uno o lo otro, se trata de la comisión de un delito atroz contra  personas protegidas, por el único delito de oponerse a una tiranía.
El presidente Santos no puede lavarse las manos y mucho menos su canciller, que conoce profundamente a Maduro y sabe de lo que es capaz con cualquiera de sus opositores.
Esta farsa, por ahora trágica y probablemente sangrienta, empieza con la noticia de que dos estudiantes venezolanos, Lorent Enrique Gómez Saleh y Gabriel Valles Sguerzi, habían sido capturados en Colombia por razones de seguridad nacional. Tamaña ridiculez tenía que estar ocultando algo mucho más grave. Uno no hace el ridículo ante el mundo sin una razón suficiente. Ni siquiera JUANPA.
Pues ha venido a descubrirse que estos jóvenes estaban en Colombia huyendo de la persecución del régimen de oprobio que maltrata su país y que por lo menos Lorent había sido detenido y brutalmente golpeado por los esbirros de Maduro en una marcha estudiantil.
Maduro tiene de rehén a Santos con el sainete de La Habana, del cual es artífice y dueño. Santos no puede decirle que no a Maduro, porque le daña su único pretexto para mantenerse en el poder. En el caso de Walid Makled esa dependencia quedó a la vista.
Pero al fin y al cabo, Makled era un delincuente y el mundo se tragó ese sapo. Y se lo tragaron los Estados Unidos, que son expertos en deglutir esa clase de batracios, especialmente cuando tienen presidentes como Carter o como Obama. En el caso de Lorent y Valles no juega esa disculpa. Había que encontrar otra. Y la canciller creyó encontrarla en la presencia de estos muchachitos en una reunión política, lo que demostraba su capacidad para destruir la democracia colombiana. En la reunión, huelga decirlo, no se practicaba el arte de fabricar o poner bombas. Se hablaba de política continental, desde una perspectiva ideológica que no está prohibida ni perseguida en este país.
Pero Juanpa tenía que cumplirle a Maduro. Y poniéndose de ruana todo el Derecho Internacional Público en materia de `perseguidos políticos, capturó este par de estudiantes y sin mediar palabra, ni acusarlos, ni darles ocasión de defensa, los entregó en la frontera a sus brutales enemigos.
Cuando escribimos estas líneas no se sabe una sola palabra de los jóvenes secuestrados por el Gobierno de Colombia. Están desaparecidos. Eso, con seguridad. O inmisericordemente golpeados, o muertos. Y Santos es el primer y directo responsable de lo que con ellos ha ocurrido y de lo que ocurra en las próximas horas o en los próximos días. En un Estado de Derecho el Gobierno no pude comportarse de ese modo. Y en una democracia respetable, mucho menos.
Es gigantesca la indignación universal contra esta atrocidad. La oposición venezolana está planeando manifestaciones de protesta frente a todas las embajadas de Colombia en el mundo y las redes sociales se alimentan del rechazo a este acto cobarde, inhumano, monstruoso, cometido contra dos personas condenadas, nadie sabe a qué, por la ira de un tirano y la debilidad o la mala fe de su cómplice.
Santos ha cometido el peor disparate de su Gobierno. Maduro ordenó y él cumplió. Utilizando la ingenuidad o la perversidad, ya es cosa de dudarlo, de su canciller. Y poniendo a Colombia en la lista de los países más detestables de la tierra.