La paz total que nos trajo secuestros, muerte, extorsión y desplazamiento

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No podría ser más irónico lo que está enfrentando Colombia hoy, con la agravante de que la policía, ejército, fuerza aérea y armada están con las manos atadas.

Editorial

La palabra paz en Colombia está, absolutamente prostituida, se ha utilizado con fines políticos, con fines de polarización, fines económicos y toda una serie de usos que han alejado realmente el significado verdadero de esa palabra y lo que los colombianos han podido sentir, tanto en las ciudades, como en las regiones más apartadas del país.

Y es que duele ver que cada día por medio, se nos está volviendo paisaje la noticia de un policía asesinado, de atentados en contra de nuestros soldados, de secuestros a niños, mujeres enfermos, hombres, no importa, la condición que tenga usted puede ser víctima de un secuestro, los números de extorsiones son espeluznantes; el temor de los colombianos para volver a transitar por distintas carreteras cuando se están encontrando con banderas del ELN, nos lleva de inmediato a finales de los años 90 y comienzos del 2000 y lo peor de todo, lo que consuma esta situación, tan difícil para los colombianos, es que todo lo que está sucediendo lo estamos viviendo bajo una política de paz y un gobierno de izquierda.

Un Gobierno que estaba llamado a buscar la pacificación de Colombia y estamos parafraseando al presidente, Gustavo Petro, no estamos inventándonos absolutamente nada, quién más tenía la licencia y así lo expresamos en editoriales pasados, que Gustavo Petro para lograr procesos de paz. Si no es él, entonces quién, a quién le puede creer entonces la guerrilla y todos los grupos ilegales, que hay en el país, si supuestamente, la excusa era que los gobiernos anteriores de derecha eran guerreristas, que preferían la política de la muerte, de la sangre, el ejército, la confrontación y de la guerra y bajo esa premisa, llegaba el primer gobierno de izquierda Pacífico en Colombia, que iba a entregar a Colombia en paz.

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Esta paz nos está trayendo, no a una guerra, porque en una guerra hay dos partes que se enfrentan por lo menos, sino a una oleada masiva de ataques contra la población civil, la fuerza pública y la propiedad privada. Sin que el Estado pueda hacer algo por la misma inacción que el presidente está promoviendo.

Nosotros como medio de comunicación recogemos todos los días noticias lamentables, con factores en común, que nos hacen evidenciar, sin lugar a duda, una degradación de la presencia de la fuerza pública en las regiones de Colombia; una moral que está por el piso en estas instituciones y aparte de todo esto, que se está juntando con ese incremento de la delincuencia común, que hoy va por las calles de Colombia asesinando personas por robar celulares, carros y bolsos. De manera, él que no quiera ver esto no será por ciego, sino por otros intereses, y el que no actúe, aun bajo el amparo de la Constitución, estará faltando a su país, a la hora de cumplir las leyes.

Nosotros nos solidarizamos con los millones de colombianos que hoy se sienten desprotegidos, con las empresas que ven en peligro sus operaciones, porque la delincuencia les está acechando, desplazando, extorsionando, secuestrando y nunca será tarde para hacer un llamado a este gobierno. Al gobierno legítimamente elegido el gobierno que los colombianos, aunque sea por margen estrecho, escogieron, pero que es un gobierno que juró respetar y cumplir la Constitución.

No queremos, como suele pasar, que este editorial se ha visto como un ataque al gobierno, esto no configura un ataque, configura una lectura de una situación que no se puede tapar, que se tiene que atender; si el gobierno decide continuar con los esfuerzos de diálogos para llegar algunos acuerdos que puedan poner fin a ciertos conflictos, maravilloso, pero lo que hemos visto no solo recientemente, sino hace 40 años es que grupos como ELN no van a dejar de ser terroristas, porque están dedicados al negocio del narcotráfico y asesinan dos policías, secuestran una sargento con sus dos niños, uno de ellos autista y les importa un pepino, porque son criminales y aun así están sentados en la Habana, hablando de paz.

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El gobierno tiene que enderezar, de lo contrario, los próximos tres años Colombia sufrirá sin lugar a duda una grave situación de inseguridad, que hará que se pierda la gobernabilidad en ciertas regiones del país y que la desesperanza de los colombianos lleve a tomar decisiones extremas.

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