Petro, dictador

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Petro, dictador: Desde su misma posesión, el exintegrante del M-19 mostró los colmillos cuando osó contradecir al presidente previo y en un acto de abuso de poder “ordenó” a la Casa Militar traer a la espada de Bolívar a la plaza que lleva ese mismo nombre.

Por: Wilmar Vera Z.

La muy democrática y seria derecha colombiana, a través de sus más eximios representantes políticos y sus equilibrados medios de comunicación, han desnudado por fin el talante del guerrillero jefe de Estado colombiano. Han declarado al presidente Gustavo Petro como un “dictador”.

Y razones no les faltan. Desde su misma posesión, el exintegrante del M-19 mostró los colmillos cuando osó contradecir al presidente previo y en un acto de abuso de poder “ordenó” a la Casa Militar traer a la espada de Bolívar a la plaza que lleva ese mismo nombre. ¿Qué se creería? Desde ahí empezaría a mostrar los dientes que hoy, como bien recuerdan la democrática y respetuosa derecha colombiana, comenzó el país a retroceder.

Armar coalición de gobierno y pedir a los partidos tradicionales que se sumaran al proyecto de la Colombia Humana fue el siguiente paso de su macabro plan. Aunque los ministros y viceministros, jefes de departamentos o diplomáticos no estaban de acuerdo, el amor por la Patria y el alto sentido de servicio al pueblo los llevó a aceptar (a regañadientes, sin duda) nombramientos burocráticos que poco representaban un interés de unidad nacional. Por el contrario, era una demostración de que en materia política darle “mermelada” a los caciques y dueños de los partidos fue, es y ha sido la forma normal de hacer política.

Pero el monstruo estaba desatado.

Ganando confianza, el autoproclamado Gobierno del Cambio siguió siendo lo mismo de antes, como bien lo denunció Pachito Santos, al reclamarle que en materia de corrupción era lo igual que el gobierno anterior y el anterior y el anterior y el anterior (llegar hasta descubrimiento de América).

Desde la vicepresidenta para abajo, todos los funcionarios arribistas comenzaron a (ab)usar de los bienes del Estado como si estuvieran para su servicio y gusto, ni que fueran amigos de Jorge Ñeñe Hernández o gemelo del viajante Andrés Duque.

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Viajes en helicóptero militar, sábanas de seda en todas las camas, visitas viaticadas como presentante en el exterior o dedazos para proponer amigos, aliados y simpatizantes en todos los puestos posibles han sido el pan de cada día. Embajadas, institutos descentralizados o consejerías se llenaron de jipis mal hablados y peor vestidos, de ralea sin abolengo, de gentuza que ni siquiera salieron de la Sergio o los Andes, o sea…

El acabose.

Y para rematar, en ese abuso de poder que representa la indignidad del puesto presidencial ocupado por un alzado en armas, el mundo entero se dio cuenta del error cometido por 11 millones que, como bien lo dijo Sarmiento Angulo (probo, honesto, empresario con corazón grande) “no crea que aquí se viene a cambiar las cosas”.

A nivel internacional, equilibrados y sensibles representantes políticos se dieron cuenta de la situación y levantaron sus reclamos (y posaderas) a modo de protesta, como los rancios diputados del franco y franquista partido Vox español, que respetuoso de las decisiones de los pueblos dejaron al usurpador hablando solo a los húsares y al técnico de sonido del parlamento, como bien lo mostró la patriótica y objetiva prensa colombiana.

Y ellos son otra piedra en los Ferragamo del dictador. Los medios de comunicación y sus locutores, presentadores y hasta editores no se cansan de evidenciar el sin rumbo en que va el país.

Incluso la mejor congresista del país, la que como nadie estudia y analiza la situación, la muy locuaz y vivaracha Paloma Valencia en un desliz de un videíto que por fortuna los medios no hicieron referencia, dejó claro que imponer la idea de que Petro está haciendo todo mal ya se logró.

Lo que sigue es unirse con los políticos honrados liberales, conservadores, cambistas y centrodemocráticos para ganar -como siempre- limpiamente, sin mentiras, ni amenazas ni bulos las alcaldías y gobernaciones, senadores y parlamentarios de bien, que le devuelvan al país el curso de estabilidad que se perdió desde el 7 de agosto de 2022.

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Menos mal no pasó nada, pues ya sabemos el daño que hacen los compañeros por no cuidar las comunicaciones.

Sí, todos ellos han desnudado el talante del guerrillero, del terrorista sin arrepentimiento, del repentista sin argumento. Y ahora los órganos del poder público, como la Fiscalía, las Cortes o la Procuraduría muestran independencia patriótica y se levantan como muro de contención al castrochavismolulismo del siglo XIX, perdón XXI.

Este junta palabras, quien creyó en el subversivo travestido de demócrata, que invitó a sus conocidos a elegir el cambio, que confió en que otra forma de hacer política dirigida a los más pobres era posible, está arrepentido.

Me arrepiento de tener a Petro de presidente.

Me arrepiento de que no actúe como dictador. Mire señor Petro el ejemplo del capataz de El Salvador que a nadie salva. Ese que persigue a los que usan tatuajes y destituye magistrados por deporte, aquel que llena el senado de militares para invitar amablemente a los políticos a aprobar sus ideas, ese que es selectivo con los corruptos que no hacen negocios con sus hermanos y convierte a su país en un Disneylandia penal, ese que persigue a medios serios y poco fiables como El Faro, hasta exiliarlos en Costa Rica.

Ese que genera suspiros y portadas en las revistas diestras llamándolo milagroso. Por favor, Gustavo Petro, actúe como ese dictadorcito Barbinegro, será amado por los fieles de la secta de la tercera y cuarta letra y con ellos todos sus áulicos e imitadores.

Gustavo Petro Urrego, despierte, por favor, dennos el gusto y sea por fin el líder que ellos y nosotros soñamos para cambiar el país.

 

 

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