Pruebas PISA, una alerta temprana

PISA es un indicador útil, pero no puede convertirse en el momento en que descubrimos las brechas.

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Hay resultados que incomodan y otros que, además, deberían obligarnos a cambiar la manera de actuar. Los resultados de PISA 2025 vuelven a ubicar la educación colombiana frente al espejo, 381 puntos en matemáticas, 399 en lectura y 414 en ciencias. Frente a 2022, las variaciones no son estadísticamente significativas, pero seguimos por debajo del promedio de la OCDE.

La cifra más preocupante no está en el ranking, sino en lo que nuestros estudiantes pueden hacer. Solo el 29% alcanza al menos el nivel básico en matemáticas; en lectura lo logra el 46% y en ciencias el 50%. ¿Por qué esperamos hasta los 15 años para descubrir que un estudiante tiene dificultades para comprender un texto, interpretar datos o resolver un problema?

PISA es un indicador útil, pero no puede convertirse en el momento en que descubrimos las brechas. Colombia necesita un sistema de alertas tempranas del aprendizaje. Medir, identificar, intervenir y volver a medir desde los primeros años.

Leer y comprender matemáticas son competencias para la vida. Interpretar una tabla, comparar un crédito, entender un porcentaje, distinguir una evidencia confiable o cuestionar una respuesta producida por inteligencia artificial son hoy formas básicas de ciudadanía.

Eso exige fortalecer a los docentes, no convertirlos en responsables únicos de los resultados. Formación permanente, tiempo para planear, recursos, acompañamiento y capacidad de innovación y uso de la tecnología deben ser parte de cualquier política seria de calidad educativa.

También debemos leer PISA con contexto. El desempeño está atravesado por condiciones socioeconómicas, acceso a libros, conectividad, alimentación, ambientes de estudio y acompañamiento familiar. La pregunta no es si la educación pública o privada es mejor, sino cómo lograr que el lugar donde se nace no determine hasta dónde puede aprender.

La propia OCDE advierte que la expansión de la escolarización incorporó a jóvenes con menor acceso a oportunidades. Que más estudiantes lleguen al sistema es una conquista, no un fracaso.

La familia también importa. Los hábitos de lectura, el descanso, la asistencia a clase, las conversaciones y la relación con las pantallas se construyen en casa, pero la corresponsabilidad debe ir acompañada de políticas que reconozcan que no todos los hogares tienen las mismas condiciones.

PISA 2025 añade otro desafío, el 56% de los estudiantes colombianos afirma usar chatbots de inteligencia artificial para aprender al menos una vez por semana. La respuesta no puede ser prohibir ni delegarles la enseñanza. La IA debe acompañar el aprendizaje, no sustituir el pensamiento.

El Plan Nacional Decenal de Educación 2026-2035 tiene una oportunidad, pasar de una cultura de evaluación a una cultura de mejoramiento. Midamos, simulemos, acompañemos y detéctatenos temprano, porque medir es necesario y llegar a tiempo es indispensable.

De la misma autora: Currículos para un mundo digital

Por: María Ruth Hernández- Rectora Universidad Colegio Mayor de Cundinamarca

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