Que no se nos olviden los consensos que tenemos como sociedad

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Juan Felipe Parra Rosas

Después de unas elecciones presidenciales polarizadas, en las que se construyó una narrativa perversa entre dos extremos antagónicos y se trató a los sujetos como enemigos, el vencedor y el vencido han tratado de bajar los ánimos. Y es que, como lo escribió tiempo atrás Mauricio García Villegas, citando a Jonathan Haidt, presentar un panorama entre blanco y negro, dos opciones que parecen irreconciliables, deja de lado la zona gris donde existen puntos en común y donde realmente se muestra la complejidad de las cosas. En últimas, un mensaje contundente y sencillo que presenta la postura del otro como un problema o lo hace ver como el enemigo es mucho más fácil de vender en estos tiempos de IA, TikToks y algoritmos que abordar la complejidad de los problemas sociales tal y como son.
Ahora, en estos momentos en los que tenemos que articular una hoja de ruta bajo un proyecto común de nación, debemos pensar en aquello que nos une, más allá del amor por la selección tricolor. Por eso resulta pertinente reflexionar sobre los consensos que tenemos como sociedad, los cuales están plasmados en la Constitución de 1991. La igualdad y la no discriminación entre hombres, mujeres y personas con orientación sexual diversa; la prohibición del racismo y xenofobia; la dignidad como principio rector del andamiaje constitucional y social; la laicidad del Estado; y los propósitos compartidos de alcanzar la paz, reducir la pobreza y consolidar una sociedad más justa no deberían cuestionarse.
Y es que esos consensos son lógicos y racionales si pensamos desde la libertad y la dignidad de las personas. Es lógico que todos estemos de acuerdo en que cada individuo pueda desarrollar su proyecto de vida sin discriminación alguna y en que todos los sujetos puedan contar materialmente con las mismas oportunidades.
Así, siguiendo a Bonhoeffer, sería estúpido entregar nuestra voluntad a un político o a una posición ideológica y perder la capacidad de pensar por nosotros mismos respecto del proyecto común de nación y del bien común. En estos momentos, en los que algunas figuras políticas cuestionan libertades y derechos de las minorías, sugiriendo una ciudadanía subordinada y de segundo nivel, junto con una mirada religiosa sobre el Estado, me pregunto cómo no pensar en las ideas liberales del siglo XIX, en el constitucionalismo de la posguerra y en los múltiples avances sociales a los que hemos llegado como sociedad.
Creo que esas ideas de traer de vuelta la religión al Estado y de pensar en retrocesos en materia de derechos deben cuestionarse, problematizarse y no tomarse a la ligera. En últimas, no podemos ser presas de la estupidez, delegando, obedeciendo e ignorando este tipo de discusiones que inevitablemente se van a plantear.

Por: Juan Felipe Parra Rosas

Del mismo autor: El panorama democrático de una Colombia dividida

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