El Hecho: El senador del Centro Democrático, Honorio Henríquez Pinedo, asumió este 20 de julio la presidencia del Congreso de la República para el periodo legislativo, logrando una victoria en una votación secreta e inédita.
¿Por qué es importante?: Su elección reconfiguró los equilibrios de poder en el Capitolio al imponerse frente a la apuesta inicial del presidente electo Abelardo de la Espriella, quien respaldaba al senador Alfredo Deluque (Partido de la U).
¿Cuál es el contexto?: Henríquez, abogado de 55 años, cuenta con una trayectoria de doce años ininterrumpidos en el Senado, es un aliado histórico de Álvaro Uribe y su paso por la política incluye haber dirigido la ESAP y liderado la oposición al proceso de paz.
¿A quiénes afecta y cómo?: La llegada de Henríquez a la mesa directiva del Senado marca un pulso político clave entre las directrices del nuevo Ejecutivo y la independencia del Legislativo, obligándolo a administrar un Congreso fragmentado bajo la promesa de ofrecer garantías plurales.
El dato que no se puede perder: El giro definitivo en la votación se dio gracias a un factor inesperado: la postura del saliente presidente Gustavo Petro de no respaldar ninguna iniciativa de De la Espriella, lo que, sumado al voto secreto, permitió que Henríquez sumara apoyos decisivos de partidos tradicionales que públicamente apoyaban a su rival.
Con una votación inédita que reconfiguró los tradicionales equilibrios de poder en el Capitolio Nacional, el senador samario Honorio Henríquez Pinedo asumió este 20 de julio la presidencia del Congreso de la República. A solo cuatro días de celebrar su cumpleaños número 55, el legislador del Centro Democrático alcanza la cúspide de su carrera parlamentaria tras doce años ininterrumpidos en el Capitolio y una trayectoria que combina la tecnocracia del Ejecutivo con la ortodoxia del uribismo puro.
Henríquez, abogado de la Universidad de La Sabana, llega al máximo cargo del Legislativo en un momento político singular. Su elección no solo sella una década y media de militancia inquebrantable en la colectividad fundada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, de quien ha sido cercano aliado e incluso compañero en la Comisión VII, centrando su labor en asuntos de salud y seguridad social, sino que se materializó gracias a un heterogéneo y sorpresivo bloque de apoyos.
Elección en el Congreso: Así fue la jugada política que llevó a Honorio Henríquez a la presidencia del Senado

Nacido en Santa Marta el 24 de julio de 1971, Henríquez comenzó su vida pública en el Ejecutivo, apalancado inicialmente como ficha y heredero político de su tío, el veterano dirigente guajiro de estirpe liberal Miguel Pinedo Vidal. En esa etapa inicial, se desempeñó como secretario general del Ministerio del Interior bajo la batuta de Fernando Londoño Hoyos.
Su salto a la dirección nacional se dio en 2006, cuando el entonces presidente Álvaro Uribe lo designó al frente de la Escuela Superior de Administración Pública (ESAP), la entidad encargada de formar a los cuadros del Estado. Henríquez logró mantenerse en el cargo tras la llegada de Juan Manuel Santos a la Casa de Nariño en 2010, pero su paso por la administración pública concluyó en 2012, en medio de la fractura política entre Uribe y Santos por los diálogos de paz con las FARC. Por esa misma época, su tío enfrentó un duro revés judicial al ser condenado por nexos con grupos paramilitares en su campaña al Senado de 2006.
Lejos de tomar distancia, Henríquez se alineó con la postura de Uribe contra el proceso de paz, convirtiéndose en uno de los rostros visibles de la campaña por el «No» en el plebiscito de refrendación. Con el nacimiento del Centro Democrático en 2013, fue parte de la lista fundacional que irrumpió en el Congreso en 2014.
Su paso por el Senado no ha estado exento de sobresaltos jurídicos y políticos. En febrero de 2018, perdió brevemente su curul luego de que el Consejo de Estado anulara las votaciones de 2014 al detectar irregularidades que favorecieron a su colectividad, al Partido Liberal y a Opción Ciudadana en detrimento del partido Mira. Sin embargo, en marzo de ese mismo año logró reelegirse en medio de la arrolladora victoria presidencial de Iván Duque, administración durante la cual su círculo cercano ocupó espacios clave, como la Unidad para las Víctimas y la dirección del Departamento de Prosperidad Social en La Guajira.
Por qué es importante: Para llegar a la presidencia del Senado, Henríquez contaba con dos cartas de presentación fundamentales: el respaldo explícito de Álvaro Uribe, quien lo designó como candidato de su bancada, y el peso del Centro Democrático como la agrupación más grande entre aquellas declaradas gobiernistas. Por tradición, estas bancadas suelen quedarse con la primera silla del Legislativo para pavimentar la relación institucional con la Casa de Nariño.
No obstante, el camino estuvo lejos de ser un trámite. El presidente electo Abelardo de la Espriella inclinó su respaldo hacia el senador Alfredo Deluque, del Partido de la U y de antecedentes santistas, con quien mantenía lazos de cercanía personal. Mientras el ministro designado del Interior, Rodrigo Lara, operaba a fondo para consolidar esa opción, Henríquez apostaba por un discurso de garantías plurales para todas las vertientes políticas.
El giro definitivo se produjo en el recinto de votación. El resultado inédito se consumó gracias a un factor inesperado: la postura del saliente presidente de izquierdas, Gustavo Petro, traducida en una negativa rotunda a respaldar cualquier iniciativa impulsada por De la Espriella.
De esta manera, Henríquez aseguró la presidencia combinando los 46 votos seguros de su partido y de sectores afines, sumados a respaldos discretos pero decisivos provenientes de colectividades tradicionales que públicamente habían anunciado su apoyo a Deluque. Debido a la naturaleza secreta de la votación, los nombres exactos de los tránsfugas políticos se mantienen bajo el sigilo del Capitolio.
Ahora, con las riendas del Congreso en sus manos, Honorio Henríquez enfrenta el reto de administrar la compleja agenda legislativa y demostrar que su promesa de garantizar pluralidad e independencia a todas las fuerzas políticas no fue solo una fórmula retórica, sino el eje de su gestión al frente del poder legislativo colombiano.
