Hay una discusión imperativa que hay que poner sobre la mesa, por más polémica que parezca.
Frente a los alumbrados públicos de Navidad, suele argumentarse que el impacto es mínimo porque la tecnología actual utiliza luces LED. Sin embargo, sería muy conveniente que el país conociera con precisión, de la voz de las empresas de servicios públicos, cuál es la realidad de ese consumo.
Pero la reflexión va mucho más allá de los espacios de las ciudades; planteamos la necesidad de un debate nacional sobre el ahorro privado y público durante el mes de diciembre.
El fantasma del apagón y el pulso con el turismo
Por más que se señale que estas decoraciones no inciden mayormente, la experiencia histórica demuestra que las facturas de energía de los hogares y comercios crecen de manera notable en el último mes del año.
El quid del asunto radica en que nos encontramos, según lo advierten las autoridades, ante la amenaza real de un apagón inminente entre febrero y abril de 2027. Ante este panorama surge la resistencia habitual: se suele decir que frenar los alumbrados afectará gravemente al turismo, perjudicando a los vendedores ambulantes, al comercio informal y a toda la cadena productiva.
La cuestión es que la vida se compone de renuncias y de costos. Continuar incrementando el consumo eléctrico bajo las circunstancias actuales equivale a apostar por un escenario en el cual, al año siguiente, el país entero termine apagado. La cuestión de fondo obliga a ponderar los daños: ¿qué perjuicio resulta mayor para los informales, los formales, las industrias y el transporte?
Esto no se trata de abolir la Navidad en Colombia, como algunos podrían interpretar de forma equivocada, sino de evaluar con sensatez si el país cuenta con el margen suficiente para sostener alumbrados durante casi dos meses gastando más energía de la prudente.
Un esfuerzo de ahorro que empieza en casa
La reflexión no recae únicamente sobre los municipios o las administraciones locales. El llamado al ahorro es también para los privados: el pesebre, el árbol navideño, la iluminación de los balcones y los edificios que cubren enteramente sus fachadas con bombillos.
Si la situación del sistema eléctrico es tan grave como han señalado los expertos y las autoridades, la coyuntura exige un esfuerzo colectivo de ahorro y una disminución drástica en el consumo, en lugar de permitir que este siga escalando. Las crisis exigen prioridades claras, y el país no puede darse el lujo de ignorar las señales de alerta bajo la excusa de mantener tradiciones.
