El panorama político de cara a la segunda vuelta presidencial ha dado un giro estratégico crucial. En una declaración que sacude los tableros de las coaliciones, Roy Barreras anunció oficialmente que respaldará la candidatura de Iván Cepeda en la última instancia electoral. Sin embargo, este espaldarazo no llega como un cheque en blanco; el experimentado político y diplomático supeditó su decisión a una condición innegociable: la renuncia definitiva a la propuesta de convocar una Asamblea Nacional Constituyente. El pronunciamiento de Barreras introduce un elemento de alta tensión en el debate nacional, obligando a las campañas a recalcular sus movimientos en busca de los sectores moderados y de centro, claves para definir la llegada a la Casa de Nariño.
A través de un detallado análisis de la coyuntura actual, Barreras enfatizó la necesidad de consolidar un frente amplio para los comicios definitivos, argumentando que la opción que representa Cepeda es la más viable para la estabilidad del país, siempre y cuando se mantenga dentro de los márgenes institucionales vigentes. Para el exsenador, el camino hacia las transformaciones sociales que el país requiere no debe transitar por la incertidumbre que genera la reconfiguración de la Carta Magna de 1991. En sus declaraciones, hizo un llamado vehemente a priorizar la ejecución de reformas a través de las vías legislativas ordinarias, evitando escenarios de polarización extrema que pudiesen atomizar aún más el Congreso de la República.
Roy Barreras anuncia su voto bajo estrictas condiciones políticas
La propuesta de una reforma constitucional integral ha sido uno de los pilares más debatidos dentro de la plataforma de Iván Cepeda, concebida originalmente como la herramienta para destrabar reformas estructurales en salud, pensiones y tierras. No obstante, la exigencia de Barreras pone sobre la mesa el eterno dilema de las campañas presidenciales: radicalizar las bases o ceder terreno ideológico para capturar el voto indeciso.

Analistas políticos coinciden en que la posición de Barreras refleja el sentir de un sector del establecimiento que, si bien rechaza las opciones de la oposición más conservadora, mira con profunda desconfianza cualquier intento de modificar las reglas del juego democrático. La respuesta que emita el equipo de Cepeda ante este condicionamiento será determinante para consolidar las alianzas de centro-izquierda en las próximas semanas.
Con este movimiento, Barreras busca posicionarse nuevamente como un puente de gobernabilidad, intentando calmar las aguas de los mercados y de los sectores empresariales que observan con cautela el desenlace de las urnas. Su llamado no solo va dirigido al candidato, sino también a las bancadas parlamentarias que requerirán consensos mínimos para operar a partir del próximo periodo legislativo. El balón queda ahora en el campo de Iván Cepeda, quien deberá sopesar si el costo de moderar su discurso y archivar temporalmente la Constituyente es el precio justo a pagar para asegurar el triunfo definitivo y garantizar la gobernabilidad de su eventual administración.
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