domingo, octubre 2, 2022
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    Sí es necesario regular las encuestas

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    EDITORIAL


    Nuestro editorial para el día de hoy habla de las encuestas, las flamantes mediciones que como diría Álvaro Gómez Hurtado son como una morcilla: todos se las comen pero no saben cómo se hace. Como Gómez Hurtado, cientos de personas en todo el mundo han puesto en duda con evidencia y de manera contundente en muchas ocasiones las intenciones de las encuestas y claramente de las firmas que están detrás de estas.

    Si bien es cierto que a muchos candidatos solo les gusta las encuestas cuando las lideran, lo que ha vivido Colombia en los últimos doce años tanto en las elecciones nacionales como en las regionales, tiene evidentemente un gran ingrediente de manipulación, influencia y tergiversación por parte de las encuestas para alterar las elecciones en Colombia.

    Las alteran volviendo a candidatos viables cuando en la práctica no lo son, volviendo a otros candidatos inviables cuando sí lo son, insistiendo en crear escenarios mentales en donde solamente hay dos opciones y no hay más, tienden por adelantar una segunda vuelta a la primera, por dar empates técnicos para apostar al voto útil, el voto de descarte y el voto en contra de alguien; así ha sucedido en elecciones regionales. Se da la mayor repartición de recursos a una campaña, retirárselos a otra para que los medios de comunicación inviten o no a los debates a ciertos candidatos y desde luego para que los grupos políticos, gremiales, entre otros, escojan un candidato y no se queden por fuera de la foto. Quien niegue ese efecto de las encuestas está mintiendo, quiere tapar la realidad que ha afectado a Colombia cada vez más y ha perjudicado de gran manera la democracia.

    El candidato a la Presidencia Sergio Fajardo dijo que sería ideal que las encuestas no se revelaran con un mes de anticipación, pero también es cierto que hace cuatro años decía que no revelar encuestas faltando una semana lo perjudicó a él porque no se dio cuenta el país de cómo estaba creciendo. 

    LEER TAMBIÉN: La desoladora confesión de soldados ante la JEP, y las FARC siguen sin comparecer

    Uno de los puntos que le quita más argumento y peso a un eventual debate sobre la regulación de las encuestas, la cual fue desmontada recientemente en nuestro país y que le dio vía libre a que muchas encuestadoras puedan manipular sus márgenes de error, focalizar muy bien sus encuestas dependiendo de quién la paga, la surepresentación en donde se concentran porcentajes de voto altamente relevantes y claramente los estándares de calidad y vigilancia a las encuestadoras han caído al piso porque el código electoral tenía algo muy bueno y era la regulación de las encuestas, luego la Corte lo tumbó; de manera que es algo que no ha contribuido en lo más mínimo a que se mejore el debate democrático, a que se mejore la transparencia de las elecciones y sobre todo que no se interrumpa esa libertad que tiene el colombiano para ir a las urnas a elegir.

    Creemos con grandes consideraciones que el país tiene que revisar esta situación con lupa, y que los candidatos, los políticos en general, tienen que hacer parte de esto de manera objetiva porque puede que en algunas ocasiones sean los beneficiados pero en otras van a ser ellos los perjudicados cuando una encuestadora se una con una candidatura o con unos empresarios, decidan meter dinero oscuro, hacer una encuesta en donde solamente conviene, mostrar unos resultados que necesita mostrar y listo, con esto se genera toda una cadena de medios, de réplicas y de entornos que favorecen a esa manipulación mediática.

    Ojalá los colombianos tuviesen la capacidad de pensar, de hacer una reflexión completamente personal, de aislarse de todas las encuestas y vayan a votar libremente a las urnas. Esa es la única manera de la que se acaba contundentemente con la manipulación de tantas encuestadoras, aunque parece que estamos generalizando en este editorial no quisiéramos hacerlo pero hemos visto cómo en numerosas elecciones ha sido adulterada la competición democrática por cuenta de intereses políticos y privados que han ido en contravía de los valores democráticos, fundacionales, de este país.

    Colombia merece mejores debates, mejores políticos, un mejor electorado y una transparencia; que se respete la libertad del electorado a la hora de acudir a las urnas.

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    Nuestro editorial para el día de hoy habla de las encuestas, las flamantes mediciones que como diría Álvaro Gómez Hurtado son como una morcilla: todos se las comen pero no saben cómo se hace. Como Gómez Hurtado, cientos de personas en todo el mundo han puesto en duda con evidencia y de manera contundente en muchas ocasiones las intenciones de las encuestas y claramente de las firmas que están detrás de estas.

    Si bien es cierto que a muchos candidatos solo les gusta las encuestas cuando las lideran, lo que ha vivido Colombia en los últimos doce años tanto en las elecciones nacionales como en las regionales, tiene evidentemente un gran ingrediente de manipulación, influencia y tergiversación por parte de las encuestas para alterar las elecciones en Colombia.

    Las alteran volviendo a candidatos viables cuando en la práctica no lo son, volviendo a otros candidatos inviables cuando sí lo son, insistiendo en crear escenarios mentales en donde solamente hay dos opciones y no hay más, tienden por adelantar una segunda vuelta a la primera, por dar empates técnicos para apostar al voto útil, el voto de descarte y el voto en contra de alguien; así ha sucedido en elecciones regionales. Se da la mayor repartición de recursos a una campaña, retirárselos a otra para que los medios de comunicación inviten o no a los debates a ciertos candidatos y desde luego para que los grupos políticos, gremiales, entre otros, escojan un candidato y no se queden por fuera de la foto. Quien niegue ese efecto de las encuestas está mintiendo, quiere tapar la realidad que ha afectado a Colombia cada vez más y ha perjudicado de gran manera la democracia.

    El candidato a la Presidencia Sergio Fajardo dijo que sería ideal que las encuestas no se revelaran con un mes de anticipación, pero también es cierto que hace cuatro años decía que no revelar encuestas faltando una semana lo perjudicó a él porque no se dio cuenta el país de cómo estaba creciendo. 

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    Uno de los puntos que le quita más argumento y peso a un eventual debate sobre la regulación de las encuestas, la cual fue desmontada recientemente en nuestro país y que le dio vía libre a que muchas encuestadoras puedan manipular sus márgenes de error, focalizar muy bien sus encuestas dependiendo de quién la paga, la surepresentación en donde se concentran porcentajes de voto altamente relevantes y claramente los estándares de calidad y vigilancia a las encuestadoras han caído al piso porque el código electoral tenía algo muy bueno y era la regulación de las encuestas, luego la Corte lo tumbó; de manera que es algo que no ha contribuido en lo más mínimo a que se mejore el debate democrático, a que se mejore la transparencia de las elecciones y sobre todo que no se interrumpa esa libertad que tiene el colombiano para ir a las urnas a elegir.

    Creemos con grandes consideraciones que el país tiene que revisar esta situación con lupa, y que los candidatos, los políticos en general, tienen que hacer parte de esto de manera objetiva porque puede que en algunas ocasiones sean los beneficiados pero en otras van a ser ellos los perjudicados cuando una encuestadora se una con una candidatura o con unos empresarios, decidan meter dinero oscuro, hacer una encuesta en donde solamente conviene, mostrar unos resultados que necesita mostrar y listo, con esto se genera toda una cadena de medios, de réplicas y de entornos que favorecen a esa manipulación mediática.

    Ojalá los colombianos tuviesen la capacidad de pensar, de hacer una reflexión completamente personal, de aislarse de todas las encuestas y vayan a votar libremente a las urnas. Esa es la única manera de la que se acaba contundentemente con la manipulación de tantas encuestadoras, aunque parece que estamos generalizando en este editorial no quisiéramos hacerlo pero hemos visto cómo en numerosas elecciones ha sido adulterada la competición democrática por cuenta de intereses políticos y privados que han ido en contravía de los valores democráticos, fundacionales, de este país.

    Colombia merece mejores debates, mejores políticos, un mejor electorado y una transparencia; que se respete la libertad del electorado a la hora de acudir a las urnas.

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