Sin compra de votos

Otros cuatro años perdidos en un mar de ineficiencia, corrupción, soberbia y otros males, pueden evitarse si empezamos a señalar las amenazas a nuestra democracia que son evidentes. Callar o peor aún resignarse es un pecado imperdonable.


Por: Cecilia López

Sin compra de votos, sin compra de firmas, sin compra de conciencias, deberían ser las mínimas garantías que se merecen los colombianos en la actual campaña presidencial. Es una petición particularmente válida dadas las muchas circunstancias que están rodeando esta contienda electoral. Se abre la posibilidad de usar recursos públicos sin mayores controles con la caída de una parte de la Ley de Garantías; la Registraduría dejó ver sus escandalosas intenciones de que aparezcan votantes fantasmas en el conteo final. Y ahora como si faltara algo más, han entrado a esta competencia grupos políticos que han sido caracterizados protagonistas de escándalos por compra de votos y con historias de asociación con recientes escándalos de corrupción. El teflón para algunos de ellos ha funcionado hasta ahora, pero las circunstancias cambian. 

Según los analistas políticos el tablero electoral se está moviendo a velocidades impresionantes. Entran nuevas figuras, aumentan los esfuerzos de unión así sean vistas como meras estrategias para lograr aumentar su caudal de votos; se rompen alianzas que se creían duraderas por ser funcionales. En fin, la política colombiana está en efervescencia no precisamente por ideas que no se ven por ninguna parte sino por mero oportunismo electorero. Entraron en pánico muchos de los 40, 50 0 60 precandidatos y empieza a buscar refugios porque solos no van a ninguna parte. Pero entre más buscan alianzas más se evidencia su falta de contenido. 

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Mientras tanto Petro sigue adelante, un poco parco porque los demás le están haciendo la campaña. Estas circunstancias adversas para cada uno de los candidatos tomados individualmente, los está obligando a alianzas que solo tendrían sentido si representaran alternativas diversas para sacar este país adelante. Pero no, fuera de generalidades y de planteamientos obvios no se vislumbra un ejercicio que le de los elementos mínimo al electorado colombiano para tomar decisiones informadas. Sentimientos, comadrazgos, y sobre todo negocios, parecen ser las características de la carrera a la presidencia 2022-2026. 

Por ello es fundamental hacer un llamado sobre la compra de votos porque como la pelea no es por ideas sino para llegar al primer cargo por los sufragios que se registren, la conclusión es obvia: captura de esas voluntades individuales que necesitan la plata, las tejas, el cemento y hasta un triste almuerzo, es lo que puede caracterizar esta campaña. Por ello prendamos alarmas para que después no se descubran estas prácticas cuando ya sea demasiado tarde. Cuando tengamos al frente de la Nación un personaje sin experiencia, manipulable por intereses oscuros que le quiten el futuro a este país que espera ansiosamente la llegada del cambio, no nos lamentemos. Pero sinceramente, si la ciudadanía se queda callada estas prácticas corruptas encontrarán la posibilidad de realizar su agosto y comprar la presidencia. Otros cuatro años perdidos en un mar de ineficiencia, corrupción, soberbia y otros males, pueden evitarse si empezamos a señalar las amenazas a nuestra democracia que son evidentes. Callar o peor aún resignarse es un pecado imperdonable.  

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