En un momento estratégico para la reactivación económica del país y la consolidación de su soberanía energética, la agroindustria colombiana de los biocombustibles anunció un paquete de inversiones que supera los US$110 millones. Estos recursos tienen como propósito central ampliar la capacidad productiva nacional y detonar un impacto positivo directo en las economías regionales.
De acuerdo con el balance presentado por la Federación Nacional de Biocombustibles de Colombia (Fedebiocombustibles), el desglose de los aportes privados está encabezado por Bio D, con una proyección de US$80 millones; seguida por BioEnergy, con US$28,6 millones; y Oleoflores, con US$1,6 millones, completando un total de US$110,2 millones. Estas cifras reafirman el compromiso de la cadena agroindustrial por seguir generando valor agregado en el territorio nacional, robusteciendo las cadenas productivas locales.
Carlos Alberto Mateus Hoyos, presidente de Fedebiocombustibles, destacó el rol fundamental que cumple el sector al transformar materias primas cultivadas en el país en fuentes de energía. «Estas nuevas inversiones demuestran que existe capacidad para seguir generando empleo, dinamizando las economías regionales y aportando al desarrollo productivo del país», puntualizó el dirigente gremial.
Panorama general: El anuncio de nuevas inversiones no ocurre en el vacío; se sustenta sobre los sólidos resultados que la agroindustria ha cosechado en los últimos años. Entre los hitos más destacados del último quinquenio resalta la sustitución de 1.410 millones de galones de combustibles fósiles (gasolina y diésel), lo que se tradujo en ahorros superiores a los $16 billones de pesos para Colombia. Este reemplazo parcial ha sido clave para mitigar la dependencia de hidrocarburos importados y blindar a la nación frente a posibles escenarios de presión internacional sobre el suministro energético.
Asimismo, el impacto económico y social del sector se refleja en su peso dentro del aparato productivo. Durante los últimos cinco años, la actividad movilizó cerca de $25 billones de pesos, cifra equivalente a aproximadamente el 3% del Producto Interno Bruto (PIB) anual de las industrias manufactureras. Actualmente, el sector genera de manera directa 90.000 empleos y apalanca otros 547.000 puestos de trabajo vinculados a las cadenas agroindustriales de la caña de azúcar y la palma de aceite, principales insumos para la elaboración de bioetanol y biodiésel.
En el plano comercial, la dinámica también ha sido expansiva. Las ventas de biodiésel escalaron de 686.000 toneladas en 2022 a 727.000 toneladas en 2025, mientras que el alcohol carburante experimentó un crecimiento exponencial al pasar de 395 millones de litros comercializados en 2022 a 866 millones en 2025.
Biocombustibles en Colombia: sector anuncia inversiones por más de US$110 millones

Mirando hacia el futuro, la ambición de la agroindustria colombiana trasciende el transporte terrestre tradicional. El país ha dado pasos firmes en el desarrollo de una nueva generación de insumos orientados a la transición energética global: los Combustibles Sostenibles de Aviación (SAF) y los Combustibles Sostenibles Marítimos (SMF).
En esa línea, diversas empresas nacionales ya se encuentran implementando procesos de certificación de sus materias primas bajo rigurosos estándares internacionales como el ISCC CORSIA, un requisito indispensable para integrarse a la cadena global de suministro de la aviación sostenible.
«Los resultados que hoy presenta el sector y las inversiones anunciadas muestran que los biocombustibles tienen un papel cada vez más relevante en el desarrollo de Colombia», recalcó Mateus Hoyos, enfatizando que se trata de una industria articuladora entre el campo, la energía líquida limpia y la reducción de emisiones atmosféricas.
Por qué es importante: Con más de dos décadas de trayectoria consolidada, Fedebiocombustibles puso sobre la mesa una propuesta de hoja de ruta construida de la mano con el Gobierno Nacional, con el fin de proteger lo alcanzado y trazar el rumbo de la industria bajo cuatro ejes fundamentales:
Consolidar la industria nacional: Asegurar las condiciones normativas y de mercado que permitan preservar la producción interna de bioetanol y biodiésel, salvaguardando la seguridad energética del país.
Adecuar el marco regulatorio: Actualizar los mecanismos institucionales para que respondan con agilidad a las dinámicas actuales del mercado y acompañen la evolución tecnológica del sector.
Generar señales de largo plazo para la inversión: Brindar certidumbre jurídica y económica a los inversores para facilitar la ampliación de plantas, la adopción de nuevas tecnologías y el fortalecimiento de las cadenas agroindustriales.
Preparar al país para nuevos mercados: Crear las bases estructurales que impulsen el despegue comercial de la nueva generación de energías líquidas sostenibles, destacando el potencial del SAF y el SMF.
Respaldada por una historia de más de 20 años, la agroindustria de los biocombustibles se reafirma como un engranaje estratégico y un motor de desarrollo descentralizado, clave para el futuro económico, ambiental y social de Colombia.
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