Un presidente positivo

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La forma en que un presidente ejerce el liderazgo en un país como Colombia demanda altas capacidades, para influir positivamente en las personas que gobierna.


Por: Andrés Gaviria

Existen distintos niveles de concentración de la atención política y ciudadana, que en la mayoría de ocasiones desconocen que un presidente termina siendo una figura pública. Un ejemplo que muchos niños y jóvenes observan permanente y creen que esa persona, la cual tiene unas facultades de poder revestidas por la Constitución Política son las indicadas y es como se debe actuar en la vida. De ahí la importancia de que los actos de un presidente, ya sean privados o públicos, sean ejemplares.

Esto en ningún momento quiere decir que la sociedad tenga que elegir a comediantes, a tipos “bacanes”, “bonachones”, quienes son muy queridos con las personas, pero que en conocimiento tienen la profundidad de un estanque.

He analizado particularmente cada una de las declaraciones que el presidente Gustavo Petro desde su posesión, y me encuentro con que le cuesta mucho salir del rol de activista, opositor y agitador de masas. Es un mandatario que no ha logrado de entender que tiene que gobernar por todos, sin importar si votaron o no por él. Además, afuera de eso comportarse como un estadista, por más que no lo sea. Esta persona es quien convoca a los diálogos, a las discusiones permanentes sobre los cambios que se quieren hacer en un país.

Los cambios no siempre son buenos. Existen modificaciones para mal, y si bien hay consensos de que hay algunos frentes que requieren intervenciones y reconstrucciones, eliminar cosas que no funcionan se debe realizar bajo acuerdos en donde se respeten derechos fundamentales y se persigan objetivos comunes. Así mismo de que los sesgos políticos queden a un lado.

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Un presidente no puede gobernar con venganza, mucho menos tener ministros que actúen desde el rencor, la terquedad y la envidia. Empezando porque todos somos seres humanos y nos equivocamos. Por naturaleza somos imperfectos, y acá es que hace falta humildad y grandeza para corregir cuando las cosas no se hacen bien, reconocer, admitirlo y pedir perdón si es el caso.

El ánimo del presidente claro que influye en los ciudadanos, de sus gobernados y eso incluye a las empresas, Un mandatario que está constantemente en conflictos, en escándalos y busca un cambio a la fuerza porque menciona que lo respaldaron las urnas, y deja de escuchar a la ciencia, a los datos y a las personas que le aconsejan que haga un cambio para bien, no tiene un buen final.

Por último, sí creo que las personas tienen que evaluar las maneras y las formas que un presidente utiliza para obtener sus resultados, pues Colombia actualmente ahora más que nunca necesita un mandatario que sea un líder, y no personas que coordinen con sectas políticas e ideológicas porque eso le haría mucho daño a la salud del país.

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