lunes, octubre 3, 2022
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    Ya es hora de una ley de prensa en Colombia

    Una ley de medios puede ser una solución a los desmanes de la prensa y sus dómines, quienes amparados en la libertad de expresión abusan lobotomizando a su audiencia con mensajes de odio y desazón, con interés politiquero, y que alimentan el fuego que desde 1948 quema al país


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    Por: Wilmar Vera Zapata

    Es hora de que los profesionales de la información demos el debate y discutamos un tema importante: ¿necesita Colombia una ley de medios? El tema es relevante, toda vez que en los últimos años los medios hegemónicos (adscritos a los grandes conglomerados económicos) han olvidado su papel y se han dedicado a ser propagandistas de los intereses de sus patrones.

    Los bulos que circulan a diario, los comentarios mal intencionados, la tergiversación de las noticias y la permanente ridiculización del otro, son solo algunas de las acciones negativas que los otrora líderes de información están cayendo, no con la idea de que sean errores continuos sino un libreto aprendido y ejecutado, con oscuros fines.

    La semana pasada, El Tiempo publicó una nota con calificativos, según la cual el gobierno de Gustavo Petro usaría recursos de fondos privados de pensiones para pagar una mesada de $500  mil a adultos mayores que no alcanzaron a pensionarse.

    Del mismo autor: La culebra está viva y la amenaza (de golpe) ahí

    “Eso no es cierto. Las mesadas de adultos mayores hoy sin pensión se pagan del presupuesto nacional”, trinó el mismo jefe de Estado ante la mentira difundida por el medio de Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño de un fondo de pensiones.

    O Vicky Dávila, que cada semana en su revista en otra época ejemplo de periodismo serio, investigativo y responsable, donde se esfuerza para desinformar y sembrar miedos y mentiras. Y eso que faltan las emisoras, que preguntan si es conveniente una alta funcionaria lesbiana en la Policía nacional, dictan parámetros de moda a ministras y hasta explican cómo debe sentarse un negociador de paz del gobierno progresista. O el caso de sesudos informes porque el salchichón y la gaseosa son parte de la dieta de millones de colombianos, la cual será gravada por la reforma tributaria. Ah, pero desde hace dos semanas embutidos ultraprocesados y gaseosas han subido exageradamente de precio y de eso no se habla…

    Los medios en Colombia nacieron al amparo de los partidos políticos, defendiendo ideas liberales o conservadoras, federalistas o centralistas. En una época, además, que la idea de nación se encontraba en pañales y temas cruciales como la necesidad de la liberación de los esclavos, la efectiva separación entre la Iglesia-Estado, la libre empresa y hasta el voto general o sólo masculino llenaban sus páginas de tesis a favor o en contra de esas ideas.

    En el siglo pasado, las inquietudes se fueron limando y la llegada del mundo bipolar de la Guerra Fría hizo que esas ideologías cambiaran a defender el capitalismo o el socialismo. Desde 1945 a 1991 la narrativa fluctuaba en denunciar los abusos de la izquierda socialista y comunista frente al modelo implantado en el país, de defensa del capital, la propiedad y las tradiciones. El fin de la Urss implicó un nuevo relato, donde se seguía defendiendo “lo conocido” frente a otras propuestas “inconvenientes”.

    Bajo esa lógica, en la última década del siglo XX y hasta la negociación de paz con las extintas Farc, los medios se preocupaban en mostrar las crueldades del conflicto interno, muchas veces con fotografías y textos desgarradores, que alimentaron el imaginario de unos victimarios buenos y otros malos. Es más, la violencia se justificó con más violencia.

    El informe de la Comisión de la Verdad habla un poco de eso y el papel de los medios hegemónicos, de esos que hacen parte de la oligarquía (sí, a algunos les molesta, pero es el término preciso en ciencias sociales y económicas) las que usan sus medios para mentir y desinformar.

    Una ley de medios puede ser una solución a los desmanes de la prensa y sus dómines, quienes amparados en la libertad de expresión abusan lobotomizando a su audiencia con mensajes de odio y desazón, con interés politiquero, y que alimentan el fuego que desde 1948 quema al país.

    Argentina y Chile son buenos ejemplos de a dónde podríamos llegar. Medios hegemónicos que lamentaron o infantilizaron el fallido magnicidio de Cristina Fernández viuda de Kirchner son un peligro para la sociedad y la democracia. El triunfo del Rechazo en Chile fue otra muestra de cómo los medios desinformaron y mintieron para que la gente saliera, no berraca, sino desinformada a votar. Igual que en 2016 con el pírrico triunfo del No, liderado por la derecha fascistoide de la banda de la tercera y cuarta letra.

    Medios, facultades de comunicación y periodismo, agremiaciones y ciudadanos debemos reflexionar para construir un marco de referencia ético y empresarial, ciudadano y narrativo, que permita a los colombianos saber qué clase de información estamos recibiendo, cuáles son sus intereses evidentes y ocultos y tener herramientas sobre cómo interpretar eso. Hoy la audiencia no es insensible, pasiva y callada. La digitalización nos abrió el horizonte, pero mientras los grandes medios y sus periodistas líderes actúen sin sanción social ni norte ético, reconstruir el tejido social en Colombia será una tarea muy difícil.

    Ñapa: Nueve meses del asesinato del periodista Eliécer Santanilla, por las mafias de poder seccional en Quindío. Y el proceso se retomará en 2023, mientras el confeso asesino vive y trabaja sin pesar. Duele el olvido que se perfila gracias a la paquidérmica actuación de la mejor fiscalía del mundo mundial. Pero es más triste la desidia de los colegas que matan por segunda ocasión a las víctimas del “mejor oficio del mundo”.

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    Una ley de medios puede ser una solución a los desmanes de la prensa y sus dómines, quienes amparados en la libertad de expresión abusan lobotomizando a su audiencia con mensajes de odio y desazón, con interés politiquero, y que alimentan el fuego que desde 1948 quema al país


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    Por: Wilmar Vera Zapata

    Es hora de que los profesionales de la información demos el debate y discutamos un tema importante: ¿necesita Colombia una ley de medios? El tema es relevante, toda vez que en los últimos años los medios hegemónicos (adscritos a los grandes conglomerados económicos) han olvidado su papel y se han dedicado a ser propagandistas de los intereses de sus patrones.

    Los bulos que circulan a diario, los comentarios mal intencionados, la tergiversación de las noticias y la permanente ridiculización del otro, son solo algunas de las acciones negativas que los otrora líderes de información están cayendo, no con la idea de que sean errores continuos sino un libreto aprendido y ejecutado, con oscuros fines.

    La semana pasada, El Tiempo publicó una nota con calificativos, según la cual el gobierno de Gustavo Petro usaría recursos de fondos privados de pensiones para pagar una mesada de $500  mil a adultos mayores que no alcanzaron a pensionarse.

    Del mismo autor: La culebra está viva y la amenaza (de golpe) ahí

    “Eso no es cierto. Las mesadas de adultos mayores hoy sin pensión se pagan del presupuesto nacional”, trinó el mismo jefe de Estado ante la mentira difundida por el medio de Luis Carlos Sarmiento Angulo, dueño de un fondo de pensiones.

    O Vicky Dávila, que cada semana en su revista en otra época ejemplo de periodismo serio, investigativo y responsable, donde se esfuerza para desinformar y sembrar miedos y mentiras. Y eso que faltan las emisoras, que preguntan si es conveniente una alta funcionaria lesbiana en la Policía nacional, dictan parámetros de moda a ministras y hasta explican cómo debe sentarse un negociador de paz del gobierno progresista. O el caso de sesudos informes porque el salchichón y la gaseosa son parte de la dieta de millones de colombianos, la cual será gravada por la reforma tributaria. Ah, pero desde hace dos semanas embutidos ultraprocesados y gaseosas han subido exageradamente de precio y de eso no se habla…

    Los medios en Colombia nacieron al amparo de los partidos políticos, defendiendo ideas liberales o conservadoras, federalistas o centralistas. En una época, además, que la idea de nación se encontraba en pañales y temas cruciales como la necesidad de la liberación de los esclavos, la efectiva separación entre la Iglesia-Estado, la libre empresa y hasta el voto general o sólo masculino llenaban sus páginas de tesis a favor o en contra de esas ideas.

    En el siglo pasado, las inquietudes se fueron limando y la llegada del mundo bipolar de la Guerra Fría hizo que esas ideologías cambiaran a defender el capitalismo o el socialismo. Desde 1945 a 1991 la narrativa fluctuaba en denunciar los abusos de la izquierda socialista y comunista frente al modelo implantado en el país, de defensa del capital, la propiedad y las tradiciones. El fin de la Urss implicó un nuevo relato, donde se seguía defendiendo “lo conocido” frente a otras propuestas “inconvenientes”.

    Bajo esa lógica, en la última década del siglo XX y hasta la negociación de paz con las extintas Farc, los medios se preocupaban en mostrar las crueldades del conflicto interno, muchas veces con fotografías y textos desgarradores, que alimentaron el imaginario de unos victimarios buenos y otros malos. Es más, la violencia se justificó con más violencia.

    El informe de la Comisión de la Verdad habla un poco de eso y el papel de los medios hegemónicos, de esos que hacen parte de la oligarquía (sí, a algunos les molesta, pero es el término preciso en ciencias sociales y económicas) las que usan sus medios para mentir y desinformar.

    Una ley de medios puede ser una solución a los desmanes de la prensa y sus dómines, quienes amparados en la libertad de expresión abusan lobotomizando a su audiencia con mensajes de odio y desazón, con interés politiquero, y que alimentan el fuego que desde 1948 quema al país.

    Argentina y Chile son buenos ejemplos de a dónde podríamos llegar. Medios hegemónicos que lamentaron o infantilizaron el fallido magnicidio de Cristina Fernández viuda de Kirchner son un peligro para la sociedad y la democracia. El triunfo del Rechazo en Chile fue otra muestra de cómo los medios desinformaron y mintieron para que la gente saliera, no berraca, sino desinformada a votar. Igual que en 2016 con el pírrico triunfo del No, liderado por la derecha fascistoide de la banda de la tercera y cuarta letra.

    Medios, facultades de comunicación y periodismo, agremiaciones y ciudadanos debemos reflexionar para construir un marco de referencia ético y empresarial, ciudadano y narrativo, que permita a los colombianos saber qué clase de información estamos recibiendo, cuáles son sus intereses evidentes y ocultos y tener herramientas sobre cómo interpretar eso. Hoy la audiencia no es insensible, pasiva y callada. La digitalización nos abrió el horizonte, pero mientras los grandes medios y sus periodistas líderes actúen sin sanción social ni norte ético, reconstruir el tejido social en Colombia será una tarea muy difícil.

    Ñapa: Nueve meses del asesinato del periodista Eliécer Santanilla, por las mafias de poder seccional en Quindío. Y el proceso se retomará en 2023, mientras el confeso asesino vive y trabaja sin pesar. Duele el olvido que se perfila gracias a la paquidérmica actuación de la mejor fiscalía del mundo mundial. Pero es más triste la desidia de los colegas que matan por segunda ocasión a las víctimas del “mejor oficio del mundo”.

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